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Josu Cifuentes de Bergara Guipúzcoa, lleva 14 años sin poder salir por vivir en 3° sin ascensor. Necesita un piso accesible para él y sus padres

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Con una discapacidad física del 95%, este joven de Bergara (Gipuzkoa) no ha conseguido en 14 años que instalen un ascensor para poder salir a la calle.A su madre, Marisa, le han dado el pésame en dos ocasiones. ¿Está muerto Josu Cifuentes? Josu tiene 29 años y se mueve desde los 15 en silla de ruedas. Vive en el tercer piso de una casa antigua sin ascensor de Bergara (Gipuzkoa). Con una discapacidad reconocida del 95%, no puede por sí solo subir ni bajar los 48 escalones, de una madera que ya cruje, que le separan de la calle. “En 14 años solo he salido de casa unas 80 veces. No tengo vida social. Vivo encerrado en casa, pero no estoy muerto”, comenta.A los 12 años de edad le diagnosticaron una leucemia linfoblástica aguda (LLA) que le obligó a recibir sesiones de quimioterapia hasta que le practicaron un trasplante de médula en Barcelona. La operación fue inicialmente “satisfactoria”, aunque tuvo episodios de injertos contra huésped. No funcionó un tratamiento posterior con talidomida durante dos años, ni la fotoféresis que recibió otro año en Madrid. Las complicaciones fueron a más cuando se vio afectado a los 15 años por una esclerodermia, un trastorno autoinmunitario que le dejó prácticamente inmóvil para el resto de su vida. “Eso fue lo que me mató”, recuerda Josu.Josu Cifuentes quedó condenado para siempre a moverse en silla. Pudo estudiar hasta 3º de la ESO y después obtuvo online el título de diseñador gráfico. Desde entonces vive enclaustrado, con una salud que va desgastándose sin vuelta atrás. Se ha quedado en posición fetal, con los brazos y las piernas encogidos 90 grados y unas úlceras de grado tres que le obligan a recibir curas tres veces a la semana. Con las manos apenas puede hacer la pinza con los dedos pulgar e índice (el resto los tiene inertes), lo justo para agarrar los cubiertos y desenvolverse con el ordenador. Los pies son su salvación para moverse por casa muy lentamente y de puntillas, pero tiene que llevarlos protegidos con un fuerte vendaje y parches contra el dolor. “Apenas le circula la sangre. Tiene los pies destrozados, con unas úlceras terribles”, asegura su madre, Marisa Miranda.El Gobierno vasco concede ayudas del 5% del presupuesto de las obras de mejora de la accesibilidad, con un máximo de 2.000 euros para toda la comunidad de vecinos. Esta cantidad es complementaria con una ayuda individual de 4.180 euros como tope, siempre que los ingresos de la unidad familiar no superen los 21.000 euros anuales. Un portavoz del Departamento vasco de Vivienda añade que en “los casos de necesidad excepcional”, como podría ser el de Josu, “se puede adjudicar directamente una vivienda adaptada del parque público” del Gobierno, Pero para eso, matiza, “es necesario que los Servicios Sociales municipales certifiquen la excepcionalidad del caso y le den prioridad”.Pero esto fue lo que ocurrió: la familia acudió al principio al Ayuntamiento para resolver los problemas de accesibilidad del joven: “No nos hicieron caso”, dice Josu. Cuando cumplió la mayoría de edad, se apuntó en la lista de Etxebide (el Servicio vasco de Vivienda) para solicitar una vivienda accesible de protección oficial. “Me tocó un piso, pero me lo denegaron porque, según dijeron, yo vivía con mis padres en un piso en propiedad. Pretendían que yo viviese solo, cuando esto no es posible. Me quedé sin piso”, comenta. En 2017 le concedieron una silla eléctrica que apenas ha usado y sigue “guardada en un garaje porque no puedo bajar a la calle”.Josu vive aislado, es un caso desconocido incluso para el Ayuntamiento de su pueblo. La responsable política de los Servicios Sociales durante estos cuatro últimos años ni siquiera ha oído hablar de él. “La desconfianza en las instituciones es total”, afirma. Marisa recibe de la Diputación de Gipuzkoa 228 euros todos los meses de una prestación para cuidados en el entorno familiar. La Seguridad Social le ingresa al padre 553,4 euros al mes como beneficiario de una pensión por tener un hijo a su cargo afectado por un grado elevado de discapacidad.La entidad Elkartu (Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad de Gipuzkoa) recuerda que la ley vasca de Vivienda establece como un “derecho subjetivo” disfrutar de “una vivienda digna, adecuada y accesible”. “La realidad es que este derecho no está plenamente garantizado en el caso de las personas con movilidad reducida”, apostilla esta asociación.Josu y su familia necesita urgentemente una vivienda accesible para poder salir a la calle.

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  • Ingurumena, Lurralde Plangintza eta Etxebizitza
    2019.eko ekainak 28

    Estimada Manoli:

    En Euskadi disponemos de un avanzado sistema de protección social, en el que ocupa un puesto muy destacado el sistema público de vivienda. Así, lo reflejan los datos y estadísticas publicadas regularmente que lo sitúan, además, a la cabeza de todos los sistemas de protección social de España.

    Como no puede ser de otra manera, está sometido a estrictas y concretas regulaciones que intentan en la medida de lo posible dar respuesta a la inmensa casuística existente. Sin embargo, hay veces que el cumplimento general de los requisitos choca con los casos excepcionales, que no encuentran encaje en el sistema.

    Para hacer frente a una situación excepcional como la que nos expone hay que buscar necesariamente una solución excepcional, agotando las posibilidades también extraordinarias que nos permite el sistema.

    En ello estamos. No va a ser fácil ni rápido, pero le informamos de que ya hemos puesto en marcha la búsqueda de una solución para su caso.

    Un saludo