Peticiones ciudadanas Lehendakaritza

Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares.

Por iñigo
30 de agosto de 2021
Aún no contestada
50 %a favor
2 votos (1/1)

En enero de 2021 entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares, auspiciado por la ONU. Pretende este tratado sustituir al Tratado de No Proliferación Nuclear, en vigor desde el año 1968. La intención de este nuevo tratado es la prohibición total del armamento atómico. A pesar de que suficientes países han firmado el tratado, de tal modo que es una norma en vigor, los países con armamento atómico y entre otros los países de la OTAN no lo han firmado, por cuestiones geoestratégicas. Aunque es comprensible que el delicado equilibrio entre países impida que el Tratado sea admitido de inmediato por países como EEUU, Rusia o China, la desaparición total del armamento nuclear debería ser un objetivo de la humanidad. Por ello, quiero pedir al Gobierno vasco que, en el marco de un país comprometido con la paz, presente en el Parlamento vasco una iniciativa en favor del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, y que solicite a las Cortes Generales su aprobación. De este modo, Euskadi contribuiría a su aprobación progresiva en el marco internacional.

https://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_sobre_la_Prohibici%C3%B3n_de_las_Armas_Nucleares

https://www.icanw.org/

https://www.eldiarioalerta.com/articulo/agencias/compromis-pide-gobierno-que-sume-tratado-prohibicion-armas-nucleares/20210805110626223045.html

https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2021-08/pax-christi-llamamiento-bombardeos-nagasaki-hiroshima.html

Argumentos a favor
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Argumentos en contra
  • En vez de perder tiempo con ingenuidades y más demagogia, el Gobierno y Parlamento Vascos deberían revertir tanto abuso que han cometido con pretexto de la «pandemia». Ya desde antes del coronafraude era urgente modernizar la economía.
    30 de agosto de 2021
  • Escenario: La OTAN destruye su armamento mientras que China y Rusia solo hacen el teatro. Resultado: China y Rusia tendrán una innegable ventaja al mismo tiempo que los de la OTAN quedan como verdaderos tontos. A ver si las pistolitas de agua os sirven.
    30 de agosto de 2021
Máximo 255 caracteres
3 comentarios
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  • 24 de septiembre de 2021

    Muchas gracias por los apuntes y enlaces.

  • 22 de septiembre de 2021

    Como no te van a contestar, te paso mis impresiones…

    Creo que este tipo de Tratados están muy bien pero esos países que citas disponen de armas mucho más letales y silenciosas que no están reguladas debidamente, como las armas biológicas (la “pandemia” que estamos sufriendo no es más que una prueba de lo que nos deparará en el futuro) y los mega-ciberataques mundiales, con capacidad destructora inimaginables y que posiblemente se desencadene en breve (con ensayos recientes como el Cyber polygon del 9 de julio de 2021), acompañados de lo que se viene en llamar la “guerra de la información”.

    Aporto a continuación algo de información sobre estos aspectos que se encuentran recogidos en la agenda de las élites globalistas:

    1. Lo habían planeado todo desde 1995 y sabían que tenían que destruir el ESPÍRITU HUMANO con inoculaciones.
    Discurso de Pierre Gilbert, investigador de la Universidad de París. https://t.me/virus_chino/3021
    Ya sabían que tenían que destruir el ESPÍRITU HUMANO con inoculaciones con materiales sensibles a la radiación electromagnética.

    2. Aquí tienes el famoso vídeo de Bill Gates donde afirma que …”Si hacemos un buen trabajo con NUEVAS VACUNAS, servicios de salud y sistemas de reproducción podremos REDUCIR esa cifra (REDUCIR LA POBLACIÓN MUNDIAL) entre un 10% y un 15%”. t.me/elinvestigador_org/5905

    3. Bill Gates crea un ‘Ministerio de la Verdad Mundial’ para “combatir la desinformación” en internet https://www.libremercado.com/2021-03-02/bill-gates-ministerio-verdad-microsoft-internet-verificadores-fake-news-6714523/

    4. Ciberplandemia llamada Cyber polygon para bloquearnos en internet
    https://cienciaysaludnatural.com/ciberplandemia-llamada-cyber-polygon-para-bloquearnos-en-internet/

  • 30 de agosto de 2021

    Creo que las armas nucleares están obsoletas. Puede que sirvan como medio de contención entre la majadería de unos y otros, pero sería muy extraño que realmente alguien las mandase utilizar ahora que todos las tienen, porque saben que entonces podrían poner en peligro sus propias vidas, no solo la de los estúpidos soldados.
    Me parece que ahora están más de moda las armas invisibles.

    Os dejo un texto interesante, si es que de verdad os interesa la paz. Un saludo.

    La guerra.

    Pregunta: ¿Cómo podemos resolver, nuestro caos político actual y la crisis del mundo? ¿Hay algo que un individuo pueda hacer para atajar la guerra que se avecina?

    Jiddu Krishnamurti: La guerra es la proyección espectacular y sangrienta de nuestra vida diaria, ¿no es así? La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales. De suerte que vosotros y yo somos responsables de la guerra, ¿y qué podemos hacer para detenerla? Es obvio que la guerra que nos amenaza constantemente no puede ser detenida por vosotros ni por mi porque ya está en movimiento; ya está desencadenándose, aunque todavía en el nivel psicológico principalmente. Como ya está en movimiento, no puede ser detenida; los puntos en litigio son demasiados, excesivamente graves, y la suerte ya está echada. Pero vosotros y yo, viendo que la casa está ardiendo, podemos comprender las causas de ese incendio, alejamos de él y edificar en un nuevo lugar con materiales diferentes que no sean combustibles, que no produzcan otras guerras. Eso es todo lo que podemos hacer. Vosotros y yo podemos ver qué es lo que engendra las guerras, y si nos interesa detenerlas, podemos empezar a transformamos a nosotros mismos, que somos las causas de la guerra.

    Una señora americana vino a verme hace un par de años, durante la guerra. Me dijo que había perdido a su hijo en Italia y que tenía otro hijo de dieciséis años al que quería salvar; de suerte que charlamos del asunto. Yo le sugerí que para salvar a su hijo debía dejar de ser americana; debía dejar de ser codiciosa, de acumular riquezas, de buscar el poder y la dominación, y ser moralmente sencilla, no sólo sencilla en cuanto a vestidos, a las cosas externas, sino sencilla en sus pensamientos y sentimientos, en su vida de relación. Ella dijo: "Eso es demasiado. Me pide usted demasiado. Yo no puedo hacer eso, porque las circunstancias son demasiado poderosas para que yo las altere". Por lo tanto, resultaba responsable de la destrucción de su hijo.

    Las circunstancias pueden ser dominadas por nosotros, porque nosotros hemos creado las circunstancias. La sociedad es el producto de la relación; de vuestras relaciones y las mías, de todas ellas juntas. Si cambiamos en nuestra vida de relación, la sociedad cambia. El confiar únicamente en la legislación, en la compulsión, para la transformación externa de la sociedad mientras interiormente seguimos siendo corrompidos, mientras en nuestro fuero íntimo continuamos en busca del poder, de las posiciones, de la dominación, es destruir lo externo, por muy cuidadosa y científicamente que se lo haya construido. Lo que es del fuero íntimo se sobrepone siempre a lo externo.

    ¿Qué es lo que causa la guerra religiosa, política o económica? Es evidente que la creencia, ya sea en el nacionalismo, en una ideología o en un dogma determinado. Si en vez de creencias tuviéramos buena voluntad, amor y consideración entre nosotros, no habría guerras. Pero se nos alimenta con creencias, ideas y dogmas, y por lo tanto, engendramos descontento. La presente crisis, por cierto, es de naturaleza excepcional, y nosotros, como seres humanos, o tenemos que seguir el sendero de los conflictos constantes y continuas guerras, que son el resultado de nuestra acción cotidiana, o de lo contrario ver las causas de la guerra y volverles la espalda.

    Lo que causa la guerra, evidentemente, es el deseo de poder, de posición, de prestigio, de dinero, como asimismo la enfermedad llamada nacionalismo ‑el culto de una bandera- y la enfermedad de la religión organizada, el culto de un dogma. Todo eso es causa de guerra; y si vosotros como individuos pertenecéis a cualquiera de las religiones organizadas, si sois codiciosos de poder, si sois envidiosos, forzosamente produciréis una sociedad que acabará en la destrucción. Nuevamente: ello depende de vosotros y no de los dirigentes, no de los llamados hombres de Estado, ni de ninguno de los otros. Depende de vosotros y de mí, pero no parecemos darnos cuenta de ello. Si por una vez sintiéramos realmente la responsabilidad de nuestros propios actos, ¡cuán pronto podríamos poner fin a todas estas guerras, a toda esta miseria aterradora! Pero, como veis, somos indiferentes. Comemos tres veces al día, tenemos nuestros empleos, nuestra cuenta bancaria, grande o pequeña, y decimos: "por el amor de Dios, no nos moleste, déjenos tranquilos". Cuanto más alta es nuestra posición, más deseamos seguridad, permanencia, tranquilidad, menos injerencia admitimos, y más deseamos mantener las cosas fijas, como están; pero ellas no pueden mantenerse como están, porque no hay nada que mantener. Todo se desintegra. No queremos hacer frente a estas cosas, no queremos encarar el hecho de que vosotros y yo somos responsables de las guerras. Vosotros y yo charlamos de paz, nos reunimos en conferencias, nos sentamos en torno a una mesa y discutimos; pero en nuestro fuero íntimo, en lo psicológico, deseamos poder y posición, y nos mueve la codicia. Intrigamos, somos nacionalistas; nos atan las creencias, los dogmas, por los cuales estamos dispuestos a morir y a destruirnos unos a otros. ¿Creéis que semejantes hombres ‑vosotros y yo- podemos tener paz en el mundo? Para que haya paz, debemos ser pacíficos; vivir en paz significa no crear antagonismos. La paz no es un ideal. Para mí un ideal es simple evasión, un modo de eludir lo que es, una contradicción con lo que es. Un ideal impide la acción directa sobre lo que es. Mas para que haya paz tendremos que amar, tendremos que empezar, no a vivir una vida ideal sino a ver las cosas como son y obrar sobre ellas, a transformarlas. Mientras cada uno de nosotros busque seguridad psicológica, la seguridad fisiológica que necesitamos ‑alimento, vestido y albergue- se ve destruida. Andamos en busca de seguridad psicológica, que no existe; y, si podemos, la buscamos por medio del poder, de la posición, de los títulos, de los nombres, todo lo cual destruye la seguridad física. Esto, cuando se lo considera, resulta un hecho evidente.

    Para traer paz al mundo, por lo tanto, para detener todas las guerras, tiene que haber una revolución en el individuo, en vosotros y en mí. La revolución económica sin esta revolución interna carece de sentido, pues el hambre es el resultado del defectuoso ajuste de las condiciones económicas producido por nuestros estados psicológicos: codicia, envidia, mala voluntad y espíritu de posesión. Para poner fin al dolor, al hambre, a la guerra, es preciso que haya una revolución psicológica, y pocos de nosotros están dispuestos a enfrentar tal cosa. Discutiremos sobre la paz, proyectaremos leyes, crearemos nuevas ligas, las Naciones Unidas, y lo demás. Pero no lograremos la paz porque no queremos renunciar a nuestra posición, a nuestra autoridad, a nuestros dineros, a nuestras propiedades, a nuestra estúpida vida. Confiar en los demás es absolutamente vano; los demás no nos traerán la paz. Ningún dirigente, ni gobierno, ni ejército, ni patria, va a darnos la paz. Lo que traerá la paz es la transformación interna que conducir a la acción externa. La transformación interna no es aislamiento; no consiste en retirarse de la acción externa. Por el contrario, sólo puede haber acción verdadera cuando hay verdadero pensar; y no hay pensar verdadero cuando no hay el conocimiento propio. Si no os conocéis a vosotros mismos, no hay paz.

    Para poner fin a la guerra externa, debéis empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros moverán la cabeza y dirán "estoy de acuerdo", y saldrán y harán exactamente lo mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento. Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis, entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo.