Peticiones ciudadanas Lehendakaritza

Bandera de España junto a la de la Comunidad Autónoma del País Vasco en actos oficiales del Gobierno Vasco

13 de septiembre de 2020
Aún no contestada
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En nuestra Constitución de 1978, según su artículo 4, apartado 2, se ordena de forma imperativa que las banderas autonómicas se utilizarán junto con la de España en los actos oficiales de las Comunidades Autónomas: "Los Estatutos podrán reconocer banderas y enseñas propias de las Comunidades Autónomas. Estas se utilizarán junto a la bandera de España en sus edificios públicos y en sus actos oficiales https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229#a1

Dado que en el acto oficial del 08/09/2020 de toma de posesión de las consejeras y los consejeros de esta XII Legislatura 2020-2024, se utilizó la bandera de la Comunidad Autónoma del País Vasco sin que estuviese junto a ella la de España, mi petición es:

Que se repita dicho acto oficial de toma de posesión utilizando ambas banderas, según la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas, artículo sexto, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1981-26082#asexto; esto es, ocupando la de España un lugar destacado, visible, preeminente y de máximo honor y sin que la autonómica tenga mayor tamaño.

Así mismo y en el mismo sentido, que en todo futuro acto oficial del Gobierno Vasco en el que se pretenda utilizar la bandera autonómica, esté previsto que junto a ella esté la de España y efectivamente se utilicen conjuntamente las dos, según dichos artículos, el 4 de la Constitución y el sexto de la Ley 39/1981.

Argumentos a favor
  • Es pertinente.
    21 de septiembre de 2020
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Argumentos en contra
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Un comentario
  • ¿Algo que decir?… comenta esta petición
  • 14 de septiembre de 2020

    "La guerra es una proyección espectacular y sangrienta de nuestro diario vivir. Precipitamos la guerra con nuestra manera de vivir; y sin una transformación en nosotros, tienen que seguir existiendo los antagonismos raciales y nacionales, las disputas infantiles por ideologías, la multiplicación de soldados, los saludos a las banderas y todas las tantas brutalidades que contribuyen a crear el asesinato organizado.
    La expansión y el predominio de los valores sensuales crean necesariamente el veneno del nacionalismo, de las fronteras económicas, de los gobiernos soberanos y del espíritu patriótico, todo lo cual excluye la cooperación del hombre con el hombre y corrompe las relaciones humanas, que constituyen la sociedad. La sociedad es la relación que une a los hombres entre sí; y sin entender profundamente esta relación, no en un determinado nivel, sino integralmente, como un proceso total, tenemos que crear nuevamente la misma clase de estructura social, aún cuando sea superficialmente modificada.

    Si hemos de cambiar radicalmente nuestras relaciones humanas actuales, que han traído indecible miseria al mundo, nuestra única e inmediata tarea es transformarnos nosotros mismos por el autoconocimiento. Así volveremos al punto central, que constituye el yo; pero esquivamos ese punto y pasamos la responsabilidad a los gobiernos, a las religiones y a las ideologías. El gobierno es lo que somos nosotros; las religiones y las ideologías no son sino proyecciones de nosotros mismos; y a menos que cambiemos fundamentalmente, no puede haber ni verdadera educación ni un mundo pacífico.

    ¿Cuándo nos sentimos patriotas? No es evidentemente una emoción de todos los días. Pero se nos estimula cuidadosamente a ser patriotas por medio de los libros de texto, de los periódicos y de otros canales de propaganda, que estimulan el egoísmo racial mediante el elogio de los héroes nacionales y diciéndonos que nuestro país y nuestro modo de vida son mejores que los otros. Este espíritu patriótico nutre nuestra vanidad desde la infancia hasta la vejez.

    La aseveración, constantemente repetida, de que pertenecemos a un determinado grupo político o religioso, de que somos de esta nación o de aquella, halaga nuestro pequeño yo, lo infla como la vela de una embarcación, hasta que nos sentimos dispuestos a matar o a morir por nuestro país, nuestra raza, o nuestra ideología. Es todo tan estúpido y antinatural. Indudablemente los seres humanos son más importantes que los linderos nacionales o ideológicos.

    El espíritu separatista del nacionalismo se está extendiendo como el fuego por todo el mundo. Se cultiva el patriotismo y se explota hábilmente por los que buscan más expansión, más amplio poder, más grandes riquezas; y cada uno de nosotros participa en este proceso porque también deseamos estas cosas. La conquista de otras tierras y otros pueblos provee nuevos mercados para el comercio, como también para las ideologías políticas y religiosas.

    Uno debe ver todas estas expresiones de violencia y antagonismo con mente libre de prejuicios; es decir, con mente que no se identifica con ningún país, ninguna raza o ideología, sino que procura hallarla verdad. Hay gran gozo en ver una cosa con claridad, sin la influencia de las ideas o instrucciones de otros, ya sea del gobierno, de los especialistas o de los grandes intelectuales. Una vez que veamos realmente que el patriotismo es un obstáculo para la felicidad humana, no tenemos que luchar contra esta falsa emoción en nuestro ser; nos habrá abandonado para siempre.

    El nacionalismo, el espíritu patriótico, la conciencia de clase y raza, son todas expresiones del yo, y por lo tanto separativas. Después de todo, ¿qué es una nación sino un grupo de individuos que viven juntos por razones económicas y de propia protección? Del miedo y de la adquisitiva defensa propia nace la idea de “mi país”, con sus fronteras y barreras tarifárias que hacen imposible la hermandad y la unidad del hombre.

    El deseo de ganancia y de posesión, el anhelo de identificación con algo superior a nosotros, crea el espíritu de nacionalismo, y el nacionalismo engendra la guerra. En todos los países, el gobierno, estimulado por la religión organizada, sostiene el nacionalismo y el espíritu separatista. El nacionalismo es una enfermedad, y no podrá jamás realizar la unidad mundial. No podemos alcanzar la salud mediante una enfermedad, tenemos primero que libertarnos de la enfermedad.

    Es porque somos nacionalistas y estamos listos para defender nuestros Estados soberanos, nuestras creencias y nuestras posesiones, que tenemos que estar perpetuamente armados. La propiedad y las ideas han llegado a ser para nosotros más importantes que la vida humana; así pues, hay constante antagonismo y violencia entre nosotros y el resto de la humanidad. Al mantener la soberanía de nuestro país, destruimos a nuestros hijos; al rendir culto al Estado, que es sólo una proyección de nosotros mismos, sacrificamos a nuestros hijos por nuestra propia satisfacción. El nacionalismo y los gobiernos soberanos son las causas y los instrumentos de la guerra.
    Con el anhelo de seguridad aquí o en el más allá, creamos instituciones e ideologías que garanticen esa seguridad; pero mientras más luchemos por la seguridad, menos la tendremos. El deseo de seguridad crea divisiones y aumenta el antagonismo.
    Muchos adultos son inmaduros, más bien infantiles, y ésta es una de las causas que contribuyen a la confusión y a la miseria del mundo". Jiddu Krishnamurti