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Patxi López. Discursos 2009/11

3 de agosto de 2011

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INDICE

DISCURSOS 2009

DISCURSOS 2010

DISCURSOS 2011

PRÓLOGO PARA UNOS DISCURSOS POLÍTICOS

José María Ruiz Soroa

Los discursos que aquí se recogen del Lehendakari López son un ejemplo realmente anómalo, por infrecuente entre nosotros, de una retórica que pretende movilizar la razón, de una retórica que deliberadamente intenta proponer argumentos razonables, de una forma de decir la política que intenta convencer al que los escucha tanto a través de la reflexión como del sentimiento. La belleza de las imágenes no está ausente de ellos, ciertamente, pero además de imágenes hay aquí muchas razones, mucho discurrir. Algo ciertamente insólito.

Sucede, además, que estos discursos se enmarcan en un contexto social e histórico determinado, y que ese contexto se había caracterizado hasta ahora, precisamente, por el hecho de que desde el Gobierno, desde Lehendakaritza, emanaba un discurso pretendidamente movilizador de tonos acusadamente heroicos. El discurso nacionalista siempre ha sido un discurso excitado, un discurso de emociones hipostasiadas. Pues bien, después de décadas de ese discurso gubernamental excitado, el Lehendakari López propone un discurso gubernamental tranquilo. La razón sustituye a la emoción. Y hacer eso, y hacerlo con éxito, no era fácil. El discurso nacionalista, se ha dicho muchas veces, apela a unos valores y unas virtudes calientes, ésos que suscitan el inmediato asentimiento en el espectador: el pueblo, la nación, la patria, la tradición, nuestras peculiares formas de existir, todo eso que Nietzsche decía que traía a nuestro ánimo el calorcito del establo. En cambio, el discurso democrático apela en apariencia a unas virtudes frías, porque su referente es la sociedad, y ésta puede ser entendida como la simple guía telefónica de ciudadanos. Y nadie se emocionó nunca con la guía alfabética de su ciudad. Pues bien, estos discursos demuestran que no es necesariamente así, que se puede hablar de una manera cálida de la sociedad de las personas y de los ciudadanos, de la sociedad de los diferentes: basta para conseguirlo con encontrar y utilizar los valores adecuados, los valores democráticos.

En estos discursos es clave el valor del pluralismo, entendido en su correcto sentido. En ellos no se habla tanto de la sociedad vasca como una sociedad diferente de la común española, por mucho que ciertamente lo sea. No, de lo que se habla es de las personas diferentes que la componen. La diferencia relevante no es la del colectivo (el fantasma agobiante de la identidad) sino esa que afecta a las personas: las diferencias de cultura, de clase, de educación, de éxito vital. De estas diferencias debe ocuparse el político desde el gobierno.

Porque unas deben conservarse por ser expresión de la irreprimible libertad humana de buscar cada uno su vida buena, mientras que otras deben corregirse precisamente para que todos puedan de verdad realizar su proyecto vital, para que todos sean titulares de las mismas chances a la hora de construir ese su relato en la vida. Y todo ello, estos discursos lo demuestran, puede justificarse simplemente desde la democracia, sin necesidad de acudir a particulares tradiciones de pensamiento político. No hace falta ser nacionalista, ni socialista, ni comunista o liberal, para defender un modelo de sociedad plural y a la vez justa: basta con tomarse en serio la democracia.

Hablar de la convivencia entre diferentes como una y otra vez hace el Lehendakari es tanto como rechazar de entrada toda forma de consenso obligatorio entre los ciudadanos. La etnicidad o la nacionalidad, tal como frecuentemente se conciben en Euskadi, son una forma de consenso obligatorio. Y aquí se presenta una propuesta distinta: la de un contrato social entre diferentes que, a la vez que quieren seguir siéndolo (quieren disentir), quieren también convivir en paz y solidaridad (quieren acordar). Es algo así como el ideal de la concordia discors, la armonía discordante, un ideal muy distinto (y mucho más valioso) que los homogeneizadores y aglutinantes del pueblo, la nación o la clase que han marcado nuestra historia con sus exageraciones.

En estos discursos se habla mucho de la democracia, un rasgo éste que parece en principio todo menos original: nuestra actualidad política se llena la boca con ese término. Pero a poco que se lea detenidamente su desarrollo, el lector se dará cuenta de que aquí no se habla de la democracia de esa tópica manera que es banal e insignificante, sino que se habla de la democracia como un difícil problema y de la democracia como una interesante potencialidad. Problema, porque como se muestra una y otra vez en la democracia actual confluyen valores distintos y a veces contradictorios (libertad e igualdad, individualismo y solidaridad, persona y sociedad), que han servido de alimento a corrientes ideológicas muy alejadas entre sí. Pero a la vez que problema, la democracia es capacitante, es en sí misma una exigencia constante de mejora: tomarse en serio sus valores obliga a reformar constantemente la convivencia.

En un bello discurso en plena Segunda Guerra Mundial, el Presidente Roosevelt definió su proyecto de una buena sociedad hablando de las cuatro libertades que exigía la ciudadanía democrática: de ellas hay dos que siguen todavía insuficientemente realizadas entre nosotros. En primer lugar, la libertad del miedo, puesto que un proyecto totalizador ha intentado realizarse en la sociedad vasca y la ha cargado precisamente de miedo (con todas sus derivadas de indecencia pública y privada). Pero en segundo lugar, también la libertad de la escasez sigue siendo hoy un reto apremiante para nuestra democracia: el Estado de Bienestar, el tipo de organización socioeconómica que pretende precisamente poner a las personas al abrigo de los despiadados requerimientos de la escasez, el infortunio o el azar, es un logro irrenunciable. Pero es también un logro amenazado que debe constantemente corregirse para garantizar precisamente su supervivencia: y en esta dirección hay mucho y muy sustancioso en los textos seleccionados.

Las palabras que siguen, como el lector podrá apreciar, son en definitiva una demostración palpable de algo que muchos pensadores han afirmado una y otra vez: que la democracia no es un simple procedimiento, un puro instrumento para adoptar cualquier clase de decisiones públicas, sino que la democracia incorpora valores muy concretos y, por ello, no permite cualquier clase de decisiones, sino sólo las de una: esas que, con todos los errores y fallos que cualquier obra humana implacablemente impone, nos acercan al ideal de una sociedad decente, una sociedad en la que todas las personas puedan convivir sin avergonzarse, por nada y ante nadie.

José María Ruiz Soroa

INTRODUCCION

Los textos que se presentan a continuación están extraídos de los diferentes discursos que el Lehendakari ha pronunciado a lo largo de los últimos 20 meses, entre mayo de 2009 (pleno de su investidura) y enero de 2011 (comparecencia ante los altos cargos de su gobierno). En ese tiempo, las participaciones del Lehendakari en foros, eventos sociales, manifestaciones, plenos parlamentarios, etc. han sido múltiples y diversas en cuanto al tipo de público, la temática y la extensión de su discurso.

La complejidad variable de sus intervenciones ha exigido que sus discursos den respuesta a cada momento y a cada público sin perder de vista la orientación general de su visión política y del contexto social del país. Para esta ocasión se han seleccionado, de una veintena de discursos, aquellos párrafos que, por su significación ideológica, dan una perspectiva más amplia de su pensamiento político. El Lehendakari ha transmitido en escenarios diferentes ideas apropiadas a cada circunstancia pero también ha mantenido un hilo conductor y una coherencia con su modelo de sociedad, con su idea del Estado y, en definitiva, con unos valores en los que fundamenta sus pretensiones políticas y su concepción de la política como servicio público.

En estos fragmentos se encuentran las claves de ese hilo conductor. Las que señalan el camino de la libertad, la justicia, la convivencia entre diferentes, la democracia, la solidaridad, la construcción del estado de bienestar. Aquí encontramos referencias nítidas a los anhelos de acogida para los “nuestros”, para “todos los que arriesgan su vida para defender nuestros derechos y libertades”. También una llamada para “asumir nuestra responsabilidad colectiva como sociedad y como país; nuestro deber moral y democrático, porque queremos ser libres”. La “transparencia” aparece como un eje de la política cuando se afirma que “tenemos la obligación de gestionar la cosa pública con justicia, con equidad y con honradez y no podemos dar pie a ningún equívoco, a ninguna sombra de duda sobre nuestra gestión”.

La búsqueda de la convivencia entre diferentes ofrece múltiples referencias, desde la petición de denuncia de “todas las ideas que reniegan de la convivencia” y que han contribuido a crear “un país que sangra por los cuerpos destrozados por las bombas, por las heridas de la bala cobarde” hasta la oferta de un “nuevo contrato social” para potenciar una Euskadi de “ciudadanos libres, solidaria, sostenible y competitiva”. En definitiva, un país de “ciudadanos que vean que su libertad individual surge del compromiso colectivo y de la solidaridad social”.

“A la pregunta de ¿qué somos? ¿Cuál es nuestra identidad? antes la respuesta nos era dada, independientemente de nuestra voluntad. Hoy, con más propiedad, podemos decir que somos lo que queremos ser. Que tenemos la identidad que hemos ido amasando en nuestra vida. Esa es la gran apuesta y oportunidad que nos ofrece la modernidad del siglo XXI”.

La economía, vista desde la solidaridad y la corresponsabilidad, se interpreta como “un bien colectivo”. “No es propiedad de los bancos o los dueños de las empresas. Todos somos responsables del progreso y del bienestar de Euskadi”. Euskadi que es vista como “la metrópoli del talento, una gran ciudad de ciudadanos libres y bien preparados para afrontar los retos del presente y del futuro”.

La política, en una sociedad que ha roto sus vínculos con la familia y las grandes tradiciones de sentido ofrece “un marco estable que garantiza la libre convivencia entre distintos” y “cobra una nueva trascendencia”. “Las instituciones políticas comunes, las normas convivenciales que garantizan la solidaridad social que otorga al ciudadano un refugio mínimo donde descansar su autonomía, son lo único estable en la realidad social cambiante”.

La democracia se interpreta como “un todo” que no puede trocearse y coger “el trozo que más apetece y hacer de ello su bandera”. Es un todo basado en un conjunto de valores, sin los cuales “el sistema democrático se queda sin objetivo”. En concreto, “la libertad de las personas como requisito para que cada uno pueda decidir su propia vida”, “la igualdad como fuente de equidad y justicia entre ciudadanos” y “la defensa de la vida digna e igual para todas las personas son los tres grandes grupos de valores del sistema democrático”.

El Estado de Bienestar es una vieja y permanente pretensión. “Se sustenta sobre tres grandes ejes: el control político de las normas que regulan la actividad libre de la economía; un impuesto progresivo sobre la renta de cada uno y unos servicios públicos universales- y ha sido un éxito sin precedentes”. Hay que decir que “no ha fracasado, sino todo lo contrario. Lo que ha terminado en estrepitoso fracaso han sido las políticas neoconservadoras que han roto el pacto ciudadano y han evadido el control político de las normas que regulan la actividad económica. Por eso quiero dejar bien claro que queremos hacer reformas en el Estado de Bienestar, pero para mantenerlo y mejorarlo no para acabar con él. Para mejorar la educación pública, la sanidad pública, las políticas sociales…no para que desaparezcan”.

Los textos nos hablan de la política en su sentido más noble, de la construcción democrática, de las identidades incluyentes y del pluralismo, del compromiso con la libertad y con la solidaridad. Su pretensión última es provocar una reflexión acerca de la sociedad que queremos construir, sobre nuestro compromiso colectivo y sobre nuestro futuro.

 

DISCURSOS 2009

De pie en tierra vasca

TOMA DE POSESIÓN DEL CARGO DE LEHENDAKARI EN LA CASA DE JUNTAS DE GERNIKA. (7 DE MAYO DE 2009)

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El Lehendakari mantuvo la tradición simbólica iniciada por el José Antonio Agirre en 1936 de tomar posesión del cargo bajo el árbol de Gernika, pero realizando ciertos cambios. Una vez recibida la makila de manos del anterior Lehendakari en el Salón de Pleno de la Casa de Juntas, en su lectura, modificó el juramento tradicional para prometer el cargo sobre un ejemplar del Estatuto de Gernika. Posteriormente, renunció a pronunciar un discurso para leer dos poemas.

De pie en tierra vasca, bajo el árbol de Gernika, ante vosotros representantes de la ciudadanía vasca, en recuerdo de los antepasados, prometo desde el respeto a la ley desempeñar fielmente mi cargo de Lehendakari.

Eusko lur gainean zutunik, zuon, herritarren ordezkarion aurrean, Gernikako arbolaren azpian, asabez gomutatuz, legea errespetatuz nire agintea ondo betetzeko hitza ematen dut.

'Maiatza', de Kirmen Uribe

Begira, sartu da maiatza,

Zabaldu du bere betazal urdina portuan

Erdu eta egingo dugu berba betiko kontuez,

Atsegin izatearen balioaz,

Zalantzekin moldatu beharraz,

Barruan ditugun zuloak nola bete.

Erdu, sentitu goiza aurpegian,

Goibel Gaudenean dena iristen zaigu ospel,

Adeoretsu gaudenean, atzera, papurtu egiten da mundua.

Denok Gordetzen dugu betiko besteren alde ezkutu bat.

'Nada es dos veces', de Wislawa Szymborska

Nada sucede dos veces,

y es lo que determina

que nazcamos sin destreza

y muramos sin rutina

Ningún día se repite,

ni dos noches son iguales,

ni dos besos parecidos,

ni dos citas similares

Entre sonrisas y abrazos

verás que la paz se fragua

aunque seamos distintos

cual son dos gotas de agua

 

Uno de los nuestros

DISCURSO EN LA MANIFESTACIÓN POR EL ASESINATO DE EDUARDO PUELLES. BILBAO (20 DE JUNIO 2009)

Arratsaldeon guztioi eta mila esker etortzeagatik.

Heldu da berriz egun iluna.

Entzun dugu bonbaren zarata.

Euskaldun hiltzaileak hil digu hiritarra.

Eduardo Antonio Puelles hil dute guztiok makurtu nahian.

Zein garesti egiten zaigun askatasunaren bidea!

Baina ez dute irabaziko.

Ez dakite ez garela berdinak,

Guk hiltzailerik ez dugula onartzen.

Eurak baino hobeak garela.

Hor datza gure indarra.

Eta euren ahulezia.

Negar gazia daukagu aurpegian,

Minak apurtzen digu bihotza,

Baina askatasunaren eskuek biltzen gaituzte,

Guztion indarrak batzeko

Ahotsak elkartzeko,

Guztiok batera "ETA ez" esateko.

Eduardo Puelles, ciudadano asesinado por defender la libertad de los vascos, era uno de los nuestros. Gracias a él, y a otros muchos como él, gracias a los miembros de la Ertzaintza, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, los vascos y las vascas vamos arrancando trozo a trozo, con desgarro y sufrimiento la mordaza de nuestra libertad.

Por eso quiero proclamar bien alto que todos los que arriesgan su vida para defender nuestros derechos y libertades, son de los nuestros. Que todas las víctimas del terrorismo, que los políticos amenazados, los jueces amenazados, los empresarios amenazados, los periodistas amenazados, los profesores amenazados son de los nuestros, porque somos nosotros, nosotros, los que queremos vivir en paz y en libertad, nosotros los que queremos una Euskadi sin ETA, y sin violencia, los que queremos que Euskadi sea la tierra de la tolerancia y de la convivencia.

Y hoy, hoy hemos vuelto a salir a la calle, hemos vuelto a alzar la voz, para decir a Paqui, a Ruben, a Asier, y a toda la familia de Eduardo que no están solos, que tienen el cariño, la cercanía, de la inmensa mayoría de la sociedad vasca, que sabemos que Eduardo arriesgaba su vida todos los días para garantizar la nuestra, y que le vamos a estar eternamente agradecidos y no se nos va a olvidar nunca.

Hemos salido a la calle apretando los dientes, para hacer frente a ETA y para decir que estamos dispuestos a derrotar al terrorismo. Que asumimos nuestra responsabilidad colectiva como sociedad y como país; nuestro deber moral y democrático, porque queremos ser libres.

Vamos a defender lo que ETA más ataca, nuestro pluralismo y nuestra diversidad. Vamos a defender el derecho a pensar y a sentirse diferente. Vamos a defender nuestras instituciones y nuestra democracia. Vamos a estar del lado de las víctimas y de los amenazados y lo vamos a hacer con toda la contundencia del Estado de Derecho y con toda la fuerza de la Ley.

Y vamos a seguir ocupando las calles y las plazas de Euskadi, porque son los espacios de los ciudadanos libres y demócratas. Y no les vamos a ceder ni un solo milímetro a los propagadores de la violencia, a los silencios cómplices, a los que quieren acabar con nuestros más elementales derechos, a los liberticidas, a los que amparan el asesinato, a las almas cargadas de odio, a los chivatos del fascismo.

Hoy denunciamos a los que falsifican las palabras, a los que pervierten la democracia, a los que cuando dicen pueblo vasco, sólo buscan súbditos atemorizados por el terror a sus amos. Hoy asumimos nuestra propia responsabilidad colectiva como país y decimos que se acabó la impunidad, que se acabo la arrogancia de quienes utilizan el argumento del amparo velado de la capucha.

Decimos que venimos dispuestos a abrir el tiempo en el que nadie tenga que ocultar que es ertzaina o policía a sus vecinos, en el que nadie tenga que callar sus opiniones por miedo, en el que nadie tenga que bajar la voz para decir lo que piensa por temor a que le escuchen. Hoy quiero hacer un llamamiento a la sociedad vasca para que se ponga en pie con la dignidad de los justos, para abrazar al que piensa diferente, para defender al que tiene otra identidad, para preservar lo mejor de nosotros mismos, la convivencia de los distintos y la libertad de los iguales. Para decir a ETA que ya han perdido, que nunca van a conseguir nada, por que nunca vamos a ceder a su chantaje. Que les derrotaremos, porque estamos juntos y unidos, sin fisuras. Porque para los demócratas, es más importante lo que nos une, que lo que nos separa.

Que este país se construirá sobre la memoria de las víctimas y no la de sus verdugos. Que vamos a dar a nuestra Ertzaintza y a nuestra Policía los medios que necesiten, para luchar contra ETA, porque queremos que desaparezcan definitivamente de nuestras vidas, que hoy y mañana y pasado, y hasta que desaparezca esta pesadilla, un grito saldrá de nuestras gargantas.

ETA ez. Bakea eta askatasuna.

Acabo. El domingo pasado, en Arkaute, recogí una rosa blanca de las manos de un vasco que fue ertzaina en el año 36. La cogí para depositarla bajo la llama del pebetero que recuerda a los ertzainas asesinados por defender la libertad de las vascas y de los vascos. Hoy esa rosa es roja, porque se ha vuelto a teñir de sangre, pero no la voy a poner bajo ningún monumento. Hoy la lanzo al viento, lau haizetara, para que recorra nuestros pueblos y ciudades, para que despierte las conciencias aun dormidas. Lanzo al viento de Euskadi, su nombre, Eduardo Antonio Puelles García, asesinado por defender la libertad de Euskadi. La lanzo al viento, para que sus pétalos nos inunden a todos.

Eskerrik asko.


Propuesta para el cambio

PLENO DE INVESTIDURA (5 de mayo 2009)

(PINCHA AQUÍ PARA VER EL VIDEO)

Comparezco hoy ante esta Cámara, cumpliendo con lo dispuesto en el artículo 33 del Estatuto de Gernika, para solicitar su confianza, no sólo para ser elegido Lehendakari, no sólo para formar un Gobierno y presidirlo, sino para abrir un nuevo tiempo político en Euskadi. Un tiempo para reforzar nuestra democracia y nuestro autogobierno. Un tiempo para avanzar en el proyecto de modernización de este país; de apuesta clara por su desarrollo; de diálogo social para hacer frente a la crisis económica; de combate contra el terrorismo en todos los frentes y de unidad de todas las fuerzas políticas para consolidar la paz y la libertad.

Pido su confianza para unir a la sociedad vasca, para acabar con la confrontación política e institucional y dejar atrás el tiempo de la división y de los bloques enfrentados. Para poner las prioridades de la política allí donde están los problemas y las preocupaciones reales de la gente. Para ocuparnos del presente y del futuro de este país y de su ciudadanía, especialmente de la que pasa dificultades, de la que tiene problemas.

Pido su confianza para gobernar este país y hacer de Euskadi un país mejor, más moderno y más fuerte. A la cabeza de España y de la Unión Europea en desarrollo humano y en bienestar. En definitiva, para liderar un proyecto colectivo que nos una a todos.

Porque con esa confianza me propongo impulsar propuestas y proyectos que sean compartidos por la inmensa mayoría de esta sociedad. Con un Gobierno que supere los viejos discursos separadores de “los nuestros” y “los otros”, para conjugar un “nosotros” que nos integre a todos y a todas.

La Euskadi que quiero liderar es la que suma fuerzas políticas y sociales, la que suma sentimientos de identidad, mundos lingüísticos y culturales, tradiciones y sensibilidades distintas, para construir entre todos un país tolerante, culto, abierto a la modernidad; un país que se distinga por su calidad democrática, por su cohesión (a la vez que por su pluralidad y diversidad); por sus niveles de bienestar y por su capacidad de hacer frente a los desafíos del futuro.

 

Vivir juntos es convivir

PLENO DE INVESTIDURA (5 DE MAYO DE 2009)

(PINCHA AQUÍ PARA VER EL VIDEO)

Nunca en Euskadi las propuestas políticas han sido guetos cerrados sin relación unas con otras. Siempre ha habido, en todas las formaciones, personas que han tenido la sensibilidad y el valor de apreciar las propuestas de los otros. Lauaxeta, asesinado por el franquismo, escribió uno de los poemas más contundentes a favor de los mineros vizcaínos “Ene Bizkaiko métase gorri/zauri zaree mendi ezian” Rojas minas de mi Bizkaia, sois heridas en los verdes montes.

Esa es seguramente nuestra mejor tradición, la que yo quiero reivindicar hoy aquí: la voluntad de convivir, de superar nuestras legítimas diferencias y de llegar a acuerdos entre propuestas políticas diferentes, para representar así mejor al conjunto de la sociedad vasca y construir un país para todos.

La creación de Euskadi como entidad política se debió precisamente a eso: al acuerdo entre las distintas sensibilidades de este país. Euskadi es la expresión política de la unión voluntaria de vascos y vascas que piensan y se sienten de manera diferente. Y por eso todos tenemos la obligación de buscar la forma de progresar juntos respetando los valores democráticos. Yo propongo una democracia de ciudadanas y ciudadanos libres y soberanos.

Que puedan decidir que es lo que quieren ser o hacer. Propongo la Euskadi que permite a las vascas y a los vascos ser libres, porque nadie, ni gobiernos ni instituciones, les imponen su forma excluyente de ver el mundo.

Y por ello, aseguro desde el inicio que no voy a gobernar para una parte, sino que voy a gobernar para el conjunto del país, y lo voy a hacer al frente de un Gobierno fuerte, sólido y estable. Un Gobierno de diálogo, que va a arrancar precisamente tras un ejercicio previo de diálogo con aquellos que han tenido voluntad de acordar con el grupo al que represento.

 

Transparencia

INTERVENCIÓN EN LA RECEPCIÓN A LOS ALTOS CARGOS (11 DE JUNIO DE 2009)

Tenemos la obligación de gestionar la cosa publica con justicia, con equidad y con honradez y no podemos dar pié a ningún equivoco, a ninguna sombra de duda sobre nuestra gestión.

Debemos ser mucho más cuidadosos con los recursos públicos que con nuestros propios recursos personales. Porque los recursos públicos no son nuestros, nos los dejan para gestionarlos los ciudadanos vascos. Y muchos de ellos, (y en las circunstancias actuales muchos más), aportan su parte alícuota a las arcas públicas haciendo un gran esfuerzo, renunciando, incluso, a necesidades básicas.

Y todos ellos esperan de nosotros que el dinero, que con tanto esfuerzo aportan, lo utilicemos con justicia y con austeridad buscando el bien general y mejorando los servicios para los que más necesidades tienen.

Y esperan que todos nosotros seamos honrados, que nadie busque el lucro personal. Hemos reclamado, repetidas veces, una política de bolsillos de cristal para los cargos públicos. Lo hemos exigido mientras hemos estado en la oposición. Y hoy, desde el Gobierno, lo vamos a poner en práctica. Quiero que todos tengamos bolsillos de cristal. Nadie ha venido a este gobierno para hacerse rico. Es más, yo sé que más de uno va a perder dinero por participar con nosotros en esta aventura del cambio.

Quiero que todos los cargos cumplan de forma escrupulosa toda la normativa de incompatibilidades. Quiero que todos tengamos claro que hemos venido al Gobierno en un acto de servicio a la sociedad vasca. Y vamos a demostrarlo. Decía que es una enorme responsabilidad, pero también es un gran honor el que se nos permita gobernar y dirigir nuestro país. No hay nada que pueda ser más satisfactorio en política que el que tus iguales (los ciudadanos y ciudadanas) confíen en ti para gestionar las respuestas a sus preocupaciones y necesidades. Y vamos a demostrar que somos merecedores de esa confianza.

 

Identidad

RECEPCIÓN A LOS MIEMBROS DEL PROGRAMA GAZTEMUNDU (23 DE JULIO DE 2009)

Las raíces de las personas del siglo XXI son una metáfora de la construcción personal. Los hombres no somos como árboles clavados sin ninguna opción. Las identidades modernas son un conjunto de opciones y elecciones personales con las que vamos sumando nuestra identidad y nuestro sitito en el mundo. Las personas modernas no somos gente sin raíces, como a veces se dice. Lo que pasa es que tenemos muchas raíces.

Las sociedades, cada vez más, tienen que lanzar sus raíces al aire, buscar complicidades diversas con personas del mundo global. Personas conectadas con otras personas de sitios dispares son las que dan fuerza y futuro a las sociedades modernas. Los vascos tenemos por el mundo miles personas que, por ser descendientes de vascos que emigraron, tienen una mirada de complicidad con nosotros. Es una gran riqueza para Euskadi, pero debemos conseguir que ese deseo de mantener lazos con nosotros desde el otro lado del Atlántico sea, también, riqueza y oportunidad para vosotros.

Los nuevos mapas del mañana no están hechos de fronteras y kilómetros cuadrados sino de gente, de personas que quieren mantener vínculos de unión, de ayuda y oportunidad.

Mi gobierno hará un esfuerzo para que esto sea verdad, para que las personas que quieren seguir teniendo un trozo de Euskadi en su interior tengan la ayuda que podamos darles. Las Euskal Etxeak seguirán siendo un referente para nosotros en el exterior, puntos de encuentro de vascos voluntarios desperdigados por el mundo. Y sois nuestros mejores embajadores en vuestros países.

(…)

A la pregunta de ¿qué somos? ¿Cuál es nuestra identidad? Antes, la respuesta nos era dada, independientemente de nuestra voluntad. Hoy, con más propiedad, podemos decir que somos lo que queremos ser. Que tenemos la identidad que hemos ido amasando en nuestra vida. Ésa es la gran apuesta y oportunidad que nos ofrece la modernidad del siglo XXI.

Yo espero que los vascos seamos capaces de lanzar hilos de suficiente interés para crear una red global que nos haga solidarios entre nosotros. Entre los que vivimos aquí y entre los miles que habéis decidido nacer en Bilbao aunque viváis a miles de kilómetros.

 

Estatuto

DÍA DE EUSKADI (25 DE OCTUBRE DE 2009)

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El Estatuto es lo que constituye a Euskadi como comunidad política, dotándonos de una capacidad de autogobierno tal, que nos permite, desde nuestras propias instituciones, decidir sobre los asuntos que afectan a, prácticamente, todos los ámbitos de nuestra vida política, económica, social y cultural. Es el Estatuto el instrumento que garantiza nuestro derecho a decidir.

(…)

Es verdad que los vascos somos diferentes. Pero no diferentes de otras sociedades. Somos diferentes entre nosotros. Cada vasco y cada vasca piensa de una manera y tiene una forma diferente de entender la identidad: un viejo dicho dice "zenbat buru, hainbat aburu". Tenemos tantas opiniones como personas. Y eso forma parte de nuestra riqueza como sociedad. Y nadie debiera querer imponer ideas o identidades para uniformar el país. Al revés, tenemos que compartir una forma política que acepte, respete y entienda las diferentes identidades.

Porque en el fondo eso es el Estatuto: un pacto entre vascos diferentes que deciden vivir juntos, respetando esas diferencias y resolviendo nuestros problemas con las herramientas que pone en nuestra mano el autogobierno. Por eso digo que el autogobierno y el Estatuto son el punto de encuentro. La formula que nos permite convivir juntos. Somos todos ciudadanos y ciudadanas vascas, personas con proyectos personales individuales. Y la suma de cada uno de nosotros y nosotras es lo que conforma la Euskadi real.

(…)

El Estatuto para sumar ciudadanos y ciudadanas, para sumar ideas e identidades y ampliar los consensos básicos que nos permitan seguir avanzando en la construcción de un país de todos y para todos, mediante el diálogo, el pacto y el acuerdo.

Un Estatuto para avanzar en la Euskadi social y en la ampliación de los derechos y libertades de la ciudadanía vasca.

Un Estatuto para vertebrar al país y cohesionar a la sociedad.

Un Estatuto para enfrentamos, con todas sus potencialidades, a la crisis económica.

Un Estatuto para vivir en una Euskadi sin fronteras y abierta al mundo.

Un Estatuto que permita definir a Euskadi, no por sus conflictos y enfrentamientos, sino por su bienestar y calidad de vida.

Y ése es el valor profundo del Estatuto que yo quiero reivindicar hoy aquí. Porque no pretendo una defensa numantina de un texto concreto (no hay, en política, textos sagrados intocables), sino lo que supone esa forma de entender y procurar la convivencia entre ciudadanos diferentes con derechos iguales.

Creo en el Estatuto y el autogobierno como formula política abierta. Lo mismo que la democracia es un sistema político abierto: la política democrática es cambio y progreso. Nada hay inmutable. El cotidiano debate, las nuevas propuestas políticas van modelando las normas y las instituciones. Las cosas no se deciden de una vez y para siempre: no queremos una sociedad cautiva del pasado; queremos una sociedad que progrese, que cambie y que se adapte a las nuevas realidades y a las nuevas necesidades de los ciudadanos, que vaya profundizando en las libertades individuales y en la democracia.

Por eso hacemos permanentemente nuevas propuestas y aprobamos nuevas leyes: pero siempre defendemos lo que lo hace posible: el sistema democrático.

La política es el eterno construir y debatir. Una negociación entre diferentes que nunca termina. Y la democracia es lo que posibilita esto. Y la mejor forma de poder mantener esa dinámica de mejora permanente es un autogobierno y un Estatuto que reconocen y protegen las diferencias y que no buscan la única identidad, lo mismo que la democracia no busca ni pretende una misma forma de pensar o de entender la política.

El Estatuto como sistema, como el espacio en el que podemos discutir nuestras diferencias. El ágora, la plaza pública donde nos podemos juntar todos a dialogar, debatir, negociar y pactar.

 

Emprendedores

PREMIOS KORTA (12 DE NOVIEMBRE DE 2009)

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La mayoría de las sociedades crean modelos ideales, que son como guía de lo que nos gustaría ser. Ejemplos a mirar para seguir adelante. Los vascos nos hemos creado el modelo del emprendedor austero. En palabras corto y en hechos largo. Nuestro prototipo de empresario es una persona con honor, en el sentido más clásico de la palabra. Que tiene, además de intereses económicos, principios. Y que su mayor objetivo es crear riqueza en su comunidad. Poder compartir con sus conciudadanos los logros empresariales.

La sorpresa surge cuando, de repente, vamos encontrando por nuestros pueblos personas, empresarios, que coinciden plenamente con este modelo. El prototipo idealizado desaparece entonces y en su lugar caminan ciudadanos con nombre y apellidos, con la cabeza erguida diciendo con el gesto: así somos los vascos, así queremos seguir hacia el futuro. Personas que son fuerza callada, que tienen mil manos para trabajar.

Uno de estos vascos fue José Maria Korta. Y se encontró de frente con el horror de la barbarie terrorista. Apretó los dientes y se mantuvo firme. Le asesinaron pero vencer, no pudieron vencerle. Donde antes hubo un Korta ahora tenemos muchos más. Y es este el objetivo de estos premios. Reunirnos todos los años para afirmar que los vascos hemos ganado, que ETA nunca ha podido vencernos. Que entre los empresarios vascos hoy tenemos más Kortas que entonces. Por eso todos los años a unos pocos de estos vascos les ponemos nombre.

 

Víctimas

HOMENAJE INSTITUCIONAL A LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO (29 DE NOVIEMBRE DE 2009)

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Para empezar mi intervención me gustaría acudir a las palabras prestadas de un poema que describe de forma desnuda y descarnada el paisaje terrorista: el vacío moral y la ausencia total de humanidad del acto violento, tan contrario al Mapa de esperanza que queremos dibujar en Euskadi:

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.

Ahora apenas son las trece y dieciséis.

Algunos todavía tendrán tiempo de salir.

Otros de entrar.

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.

Esa distancia lo protege de cualquier mal

Y se ve como en el cine:

Trece diecisiete y cuarenta segundos.

Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.

Sólo que de repente ese autobús la tapa.

Trece dieciocho.

Ya no está la niña.

Habrá sido tan tonta como para entrar en el bar, o no.

Eso ya se verá cuando vayan sacando.


Son las trece veinte.

Qué lento pasa el tiempo.

Parece que ya.

Sí, no.

Una bomba: la bomba explota.

Somos un país que sangra por los cuerpos destrozados por las bombas, por las heridas de la bala cobarde. Demasiados años siendo torturados y amenazados por terroristas con corazón de piedra.

El terrorista, que está al otro lado de la calle, no oye los gritos de espanto de las madres, no ve las lágrimas de sal que hacen surcos en las caras de las viudas, no siente cómo la noche negra invade los corazones de los que quieren a los ausentes.

ama denen oihuek

espantuzko irrintziz

izoztu lezakete

entzumenik ez duen

itsaso zabala.

El terrorista ha dejado de ser humano. Ha expulsado de su interior cualquier atisbo de piedad. La compasión innata de las personas ante el dolor ajeno ha sido prohibida para siempre.

Y, sin embargo, nadie nace queriendo ser un asesino terrorista. Es un acto de voluntad. Para eso hace falta un largo viaje. Un camino allanado por la desidia social ante la sangre ajena, un sendero por el que han empujado a muchos jóvenes vascos los aplausos de otros ciudadanos. Hay ideas que son alas para volar hacia la violencia. El terrorista mata con bombas y se defiende con falsas ideas. Ideas compartidas por otros que los utilizan como arietes.

¿Qué vamos a hacer con las ideas que han convertidos en asesinos a cientos de jóvenes vascos? ¿Qué nombre podemos darles? Las balas solas no matan; lo que mata es la voluntad del que aprieta el gatillo.

Una vez detenido el terrorista, no podemos dejar impune a la ideología que le ha forzado a serlo. Nosotros a eso le llamamos deslegitimación del terrorismo.

Nosotros llamamos deslegitimación de la violencia a la tarea de perseguir las ideas totalitarias y fascistas del terror, al esfuerzo por truncar los sueños que para volar necesitan expulsar a los otros de su cielo.

Odolarekin pozointzen dugu

Herri baten izerdia

Tenemos que denunciar todas las ideas que reniegan de la convivencia. Todas las propuestas políticas que renuncian a las normas democráticas para imponer por atajos totalitarios y violentos sus objetivos.

Hoy estamos saliendo del túnel de oscuridad. Estamos ganando la batalla a los terroristas; y por eso podemos decir que les queda poco tiempo. Pero tenemos que reforzar nuestras convicciones democráticas, extender los valores que dignifican la condición humana y desterrar actitudes totalitarias para que nunca más el hierro ensangrentado esté en manos de ciudadanos vascos.

Hemos vividos años durísimos. Años de plomo. Fueron los años del silencio y de la vergüenza colectiva. Fueron años en los que después del estruendo de la bomba no surgían voces de protesta. En los que incluso el llanto de las victimas era acallado para que no molestara a la inmoralidad colectiva. En los que incluso se buscaron atajos indefendibles para atacar al terrorismo. Atajos que nos hicieron más débiles frente al horror.

Afortunadamente hoy, para la mayoría, son tiempos ya lejanos. Nadie defiende los atajos y ha vuelto la compasión a miles de corazones vascos. La ciudadanía vasca ha despertado de su sopor y se está enfrentando a su responsabilidad colectiva. Y os lo debemos, en gran medida, a vosotros y vosotras. A la voz callada y acallada de las víctimas que habéis demostrado una firmeza democrática que muy pocas sociedades pueden reivindicar. Habéis sido la protesta humilde. La denuncia constante.

“Cuando matas a alguien le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener”, decía Clint Eastwood. Pero se olvidaba de vosotros, a los que el terrorista os arrebató la vida asesinando a los que amabais. Se olvidó de los que vivís con una ausencia permanente. De las almas que miran siempre al pasado porque allí se les arrancó su futuro. Vosotros sabéis que mil vidas vividas no pueden ocultar una vida arrebatada.

Pero quiero daros las gracias. Gracias porque ni en los peores tiempos habéis cedido a la tentación de rendiros ante la impotencia. Gracias a vosotros los vascos estamos, poco a poco, construyendo una sociedad digna. Una sociedad que no volverá a cometer el error de desviar la mirada ante la tragedia ajena.

Ayer pedíais el reconocimiento y hoy pedís memoria. Pero la memoria sois vosotros. Siempre que os veamos caminar con la frente alta recordaremos el horror pasado. Y dentro de poco, cuando ya hayamos ganado definitivamente la batalla al terrorismo de ETA, también será necesario recordarlo, será necesaria la memoria.

La memoria es aviso, es señal de precaución, es la alarma de las conciencias. Es recordar, a los que no lo conocieron, cómo se inicia el camino que conduce al derrumbe moral. La memoria nos recuerda cómo el asesinato de ciudadanos o ciudadanas se puede convertir en algo banal. En algo cotidiano a lo que damos la espalda.

Pero la memoria es también justicia. Si mañana todos olvidamos lo ocurrido. Si borramos de nuestra memoria colectiva tanto asesinato, si nadie se acuerda del dolor producido por la sangre derramada; no habrá ocurrido. Los asesinos dejarán de serlo porque hemos borrado sus asesinatos.

Yo reivindico la memoria como semilla de la libertad futura. Como el asiento sobre el que construir un país digno, que sabe lo que pasó y que no quiere, de ninguna manera, que se repita.

Y a vosotros, que habéis perdido tanto, os pido un nuevo esfuerzo. Hemos ganado. El terrorismo está en su ocaso sucio y borroso. Hemos ganado esta batalla: ahora tenemos que conquistar el futuro.

Nos hacéis falta. Hace falta la memoria, el testimonio de todo el horror sufrido para marcar a fuego los límites que las sociedades democráticas no podemos traspasar.

Estamos empezando un nuevo tiempo. Queremos construir una sociedad distinta. Una sociedad de ciudadanos y ciudadanas libres y sin miedo. Una sociedad que selle la alianza de los distintos. Unida por la tolerancia a las identidades diferentes. Y vosotros nos recordaréis siempre que la quimera de hacernos a todos iguales, olvidando nuestra diversidad, enciende la mecha que hace volar la convivencia. Hemos vencido al terrorismo, tenemos que vencer ahora a la intolerancia.

Y nos hace falta vuestra presencia para sembrar concordia entre los vascos y las vascas.

 

Euskara

MANIFIESTO LEÍDO EL DÍA INTERNACIONAL DEL EUSKARA (3 DE DICIEMBRE DE 2009)

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Behin eta berriro, gaur eta hemen inoiz baino gehiago, euskara eta libertadea elkarrekin lotu nahi ditugu, bereziezin bilakarazi.

Euskarazko kultura demokratikoa, tolerantea eta aurreiritzi gabekoa bultzatu nahi dugu; euskara askatasunaren eta demokraziaren bide-lagun nahi dugu.

Euskara ez da ideologia konkretu baten ondarea. Euskadi, Espainia, Europa eta munduko biztanle ororen ondasuna da, kultura unibertsala hornitzen eta aberasten duen hizkuntza den heinean.

Euskaldunoi eta euskal instituzioei dagokigu hiztunei bidea erraztea. Baina beti era orekatu, emankor eta bazterketarik gabekoa.

Euskara eta gaztelaniaren arteko elkarbizitza ezin dugu arazo bat bezala ikusi, baizik eta gizarte eredu solidarioagoa eta aurrerakoiagoa lortzeko aukera bat bezala baizik.

Gaur, hemen, euskararentzako kultura berri bat indartzeko konpromisoa hartzen dut. Aniztasunean oinarritutako hizkuntz eredua.

Euskara non, han egon nahi dugu guk. Hitzen geografiak ez baitu mugarik. Euskara hiztun bat non, han behar dugu egon.


DISCURSOS 2010

Nuevo contrato social entre vascos

COMPARECENCIA ANTE LOS ALTOS CARGOS DEL GOBIERNO (14 DE ENERO DE 2010)

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La Euskadi que yo quiero es un país de ciudadanos libres, solidario, sostenible y competitivo.

En la Euskadi que yo quiero, el ciudadano o la ciudadana es una persona adulta que tiene capacidad de pensar, de decidir y de asumir su responsabilidad, participando en la construcción conjunta del país.

Y quiero insistir en esto: los tiempos en los que se trataba a los ciudadanos como niños que hay que llevar de la mano, que hay que decirles qué tienen que hacer, han terminado. Los tiempos en los que las personas miran a los partidos o a las instituciones públicas para saber por dónde caminar han terminado.

Yo confío en las personas. Confío en la madurez de la ciudadanía vasca. Ahora vienen tiempos de trabajo y de corresponsabilidad. Vamos a dar respuesta a la famosa frase de Kennedy “¿Qué puedo hacer yo por mi país?” porque vamos a poner en manos de las personas el protagonismo de Euskadi.

Cuentan los clásicos que estaban tres obreros trabajando en una cantera y al preguntarles qué estaban haciendo, el primero contestó: pues ya ve, aquí trabajando. El segundo respondió: yo estoy haciendo piedras de sillería. Y el tercero añadió: yo estoy construyendo una catedral.

Nosotros queremos que todas las personas de Euskadi, hasta la más humilde, sean constructores de catedrales.

Todos y cada uno de los ciudadanos tienen que asumir la responsabilidad de construir su propio país. Euskadi es un proyecto en el que todos tenemos responsabilidades personales.

Por eso vamos a proponer, y liderar, un nuevo contrato social entre vascos. Un contrato en el que los vascos asumimos compromisos individuales y compromisos colectivos. Un contrato en el que definimos qué es lo que cada uno debe aportar a la comunidad y qué es lo que los poderes públicos deben garantizar a cada individuo. De esto se trata cuando hablamos de corresponsabilidad. Los poderes públicos, en representación de la comunidad, deben garantizarme derechos y servicios, pero yo estoy comprometido en aportar parte de mi esfuerzo a la comunidad.

(…)

Estamos en crisis. Y nuestro gobierno está tomando medidas eficaces para ayudar a las familias y empresas. Pero vamos a salir. Los vascos somos capaces de salir fortalecidos. Lo importante es saber a dónde queremos ir después. El preparar el camino para no quedar descolgados después.

Tenemos las ideas claras. Tomamos la iniciativa. Queremos mejorar en libertad, en solidaridad, en sostenibilidad y en competitividad. Pero queremos hacerlo todos juntos por eso en torno a estos ejes vamos a buscar el mayor consenso posible en diálogo permanente con instituciones, partidos políticos, agentes sociales y los diversos colectivos de este país. Porque Euskadi la tenemos que construir entre todos.

Vamos a liderar un nuevo contrato social entre los vascos, para logar una Euskadi de ciudadanos libres, solidaria, sostenible y competitiva.

Vamos fomentar los valores de autonomía y responsabilidad del ciudadano. El esfuerzo individual y colectivo. La corresponsabilidad es el concepto que recorrerá la actuación del Gobierno para instalarlo entre la ciudadanía porque todos tenemos que ser agentes activos para construir el futuro de este país.

La garantía de todas las libertades personales.

La solidaridad colectiva como elemento unificador de la sociedad vasca.

Tenemos que tener el valor de mirarnos a nosotros mismos, analizar nuestros errores y carencias.

Tenemos que tener la audacia de decir ahora: nosotros queremos llegar allí. A la Euskadi sostenible y solidaria. A la Euskadi de ciudadanos libres e iguales. La Euskadi de identidades compartidas. A la Euskadi de la responsabilidad y el trabajo.

No hemos venido al gobierno para gestionar, con miedo, los escasos recursos públicos. No hemos venido aquí para asustarnos con la responsabilidad que los ciudadanos y ciudadanas vascas han puesto en nuestras. Hemos venido para cambiar el futuro de Euskadi. No tengáis miedo. Recordad la audacia y el valor de los primeros socialistas vascos que soñaron la igualdad ciudadana entre la miseria de las minas.

Levantad la mirada al caminar. Apuntad siempre alto como los arqueros.

Somos el gobierno que han soñado todos los progresistas de Euskadi.

Somos el gobierno de todas las personas que han querido y quieren convivir con sus vecinos sin conflictos permanentes.

Somos el gobierno de todos los emprendedores y empresas que quieren tranquilidad y seguridad institucional.

Somos el gobierno que han intentado dibujar con sus dedos las personas humildes que se han afanado en construir un futuro mejor para sus hijos.

Somos el gobierno que han esperado todas las personas que han estado amenazadas por la violencia terrorista.

Somos el gobierno que buscan los creadores, los jóvenes que quieren derribar los muros que encierran el ingenio y la iniciativa.

Somos el gobierno de todos los que quieren construir con sus manos un futuro más justo y libre.

Somos el gobierno de todas las personas a las que les gustan los colores. De las personas que creen que se puede vivir juntos siendo diferentes.

Somos el gobierno de todas las personas de bien de Euskadi que sólo quieren libertad para todos, paz para Euskadi y un mejor futuro para sus hijos.

Somos el gobierno de todas personas que quieren que reivindicar con orgullo que Euskadi es un referente en nuestro ser europeo.

Somos el gobierno de los vascos del siglo XXI.

Los ciudadanos vascos nos han permitido el enorme privilegio de soñar un nuevo futuro para Euskadi.

Vamos a ser realistas: soñemos un nuevo futuro. Perderemos alguna batalla.

Pero la derrota, la verdadera derrota sería no intentarlo.

La ciudadanía vasca nos ha concedido el enorme privilegio de soñar un nuevo futuro para Euskadi. Lo hemos soñado juntos y juntos lo vamos a construir. Es un nuevo contrato social que como Lehendakari quiero proponer a la sociedad vasca. Un nuevo contrato social, sustentado en la corresponsabilidad para hacer realidad la Euskadi de la libertad, sostenible, solidaria y competitiva.

 

Libertad

COMPARECENCIA ANTE LOS ALTOS CARGOS DEL GOBIERNO (14 DE ENERO DE 2010)

Queremos ciudadanos libres que se obligan a trabajar juntos por el futuro. Ciudadanos que asumen riesgos compartidos y colaboran para logar un progreso más eficiente.

Queremos ciudadanos que vean que su libertad individual surge del compromiso colectivo y de la solidaridad social.

No queremos una sociedad vasca encerrada en el laberinto de los debates identitarios agónicos. Y nos va a costar superar este síndrome del pasado.

Buena parte del nacionalismo sigue exigiéndonos que, frente a su propuesta, hagamos nosotros otra propuesta identitaria diferente. Porque cuando dicen que no tenemos proyecto, que no tenemos un modelo de país, es eso lo que quieren decir: que no proponemos un modelo identitario diferente.

Y lo voy a decir muy claro: nosotros no vamos a proponer un modelo identitario, porque defendemos la libertad y la diversidad de identidades de los ciudadanos. Nuestra propuesta es garantizar las identidades diversas y sumarlas para garantizar la convivencia de los distintos. ¿Tan difícil les resulta de entender? No queremos enfrentar un uniforme a otro.

Cuando de forma repetida decimos que no queremos hacer política contra nadie, no sólo decimos que nuestra forma de entender la política se basa, fundamentalmente, en la integración y convivencia de propuestas diferentes, sino afirmamos que nuestro modelo es un modelo abierto y que busca la colaboración de todos.

Benedetti decía que “cuando ya teníamos todas las respuestas, nos han cambiado las preguntas”.

En entender esa frase está nuestra política. Y, por eso, los que buscan que respondamos a las viejas preguntas del siglo XX no van a en encontrar en nosotros respuestas adecuadas.

Las respuestas del pasado no nos interesan: queremos dar respuesta a las interrogantes del futuro. Somos una sociedad moderna del siglo XXI y no vamos a definir nuestro modelo de país marcando fronteras o uniformando identidades.

Lo vamos a hacer proponiendo un contrato social entre vascos. Haciendo propuestas para una sociedad vasca moderna, unida, fuerte, solidaria y sostenible. La libertad para todos los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi y la igualdad de oportunidades para todos es el pilar básico de nuestro modelo. Pero a la igualdad de oportunidades debemos añadir la solidaridad colectiva y la corresponsabilidad de todos los miembros.

Nosotros queremos una Euskadi en la que cabemos todos, en la que todos somos igualmente de aquí. En la que todos tengamos obligaciones comunes y derechos iguales.

 

Solidaridad y corresponsabilidad

COMPARECENCIA ANTE LOS ALTOS CARGOS DEL GOBIERNO (14 DE ENERO DE 2010)

La consecución de la plena igualdad, en el sentido más amplio de la palabra, es uno de los objetivos tradicionales de la izquierda. Tenemos que establecer la solidaridad en la agenda política de Euskadi. Que no haya una sola medida, una sola inversión, un solo acuerdo que no tenga la solidaridad como punto de arranque. Solidaridad hacia fuera, pero, sobre todo, solidaridad interna. Una solidaridad que nos constituya a todos en ciudadanos de un mismo país.

Es preciso trasladar el concepto de corresponsabilidad al seno de economía sostenible. La economía es un bien colectivo. No es propiedad de los bancos o los dueños de las empresas. Todos somos responsables del progreso y del bienestar de Euskadi. El futuro de nuestras empresas depende tanto de los trabajadores como de los empresarios y, también, de las instituciones públicas.

Por ello, resulta necesario establecer unas relaciones de mutua confianza, implicando a todos los colectivos en alcanzar una responsabilidad compartida en la actividad productiva y la marcha de la empresa. Esta corresponsabilidad ha de ser uno de los pilares básicos en los que asentar la competitividad de nuestras empresas.

Corresponsabilidad, por tanto, dentro de las empresas, entre empresarios y trabajadores para aunar sus esfuerzos y salir cuanto antes de la crisis.

Corresponsabilidad también en la sociedad: con los parados, con los jóvenes, con las personas dependientes, con el medio ambiente.

Tenemos que eliminar todo atisbo de discriminación (por raza, por sexo, por ideología, edad, por origen) de nuestro sistema. Esto incumbe a los grandes servicios sociales, sobre los que tenemos y vamos hacer una profunda reflexión de futuro.

Y no podemos construir una solidaridad efectiva sin la corresponsabilidad del ciudadano con la administración y la comunidad.

 

Futuro compartido

PLENO DE POLÍTICA GENERAL (23 DE SEPTIEMBRE DE 2010)

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Hace un año y medio Euskadi era diferente. Una sociedad dividida, que agotaba sus energías en debates circulares que nunca llevaban a ninguna parte. Un Gobierno que pretendía avanzar sólo con la mitad de los ciudadanos. Identidades construidas con calzador. Luchas por vencer una mitad a la otra mitad.

Yo no quiero vencer a nadie. Sólo quiero la victoria de la libertad, de la convivencia y de la unidad de todos. Asumo con responsabilidad la Euskadi que nuestros anteriores nos han entregado. Reconozco el sacrificio y las esperanzas de todas las personas que vivieron en Euskadi antes que nosotros:

Acepto con orgullo la herencia de los vascos anteriores. Quiero agradecer a los padres fundadores de la Euskadi democrática –al Lehendakari Agirre y a sus Consejeros- el valor y la enteraza en los momentos más duros. Quiero agradecerles la esperanza en el exilio. La promesa de volver y conquistar de nuevo la democracia y el autogobierno.

Y quisiera mirar uno a uno a los 2.200.000 ciudadanos y ciudadanas que viven hoy aquí y decirles: vosotros sois la Euskadi verdadera. Vuestra diversidad y vuestros sueños son la esperanza de una Euskadi fuerte, sois la garantía del progreso futuro.

Quiero decir a todos: estamos pasando página. Los enfrentamientos se están disolviendo en la niebla que cubre el pasado para siempre. Todos somos igualmente vascos y reivindicamos con orgullo el serlo. La unidad de los diferentes es la fuerza de nuestro país.

Quiero decir a todos: tú decides tu vida. Tú eliges tu identidad y tienes que respetar la de los demás para que podamos convivir. Las raíces nos amarran al espacio y a las tradiciones inamovibles. Los orígenes van con nosotros, se mueven en libertad entre países, costumbres e identidades.

Quiero renovar la unión entre los vascos y proclamar el deseo de seguir juntos. Estamos tocando con la punta de los dedos la libertad definitiva. ETA también se está disolviendo en el horizonte del pasado. Es un sueño mil veces repetido, igual que nuestros padres soñaron que terminaba la dictadura. Nuestro empeño es conocer, lo antes posible, una Euskadi sin ETA. Y nada será igual.

No nos vamos a olvidar de todas las personas asesinadas, atacadas y amenazadas porque formarán parte, para siempre, de nuestra propia Libertad. Les haremos la mejor ofrenda: construir una Euskadi de ciudadanos y ciudadanas libres, solidaria y moderna.

Hemos resistido a la crisis sin abandonar a nadie. Ahora tenemos que conquistar la nueva modernidad en un mundo abierto. Tenemos que hacer un nuevo pacto para definir los objetivos colectivos que garanticen nuestro bienestar y nuestro futuro. Nunca más el poeta va a repetir “herri bat izan zan” porque nuestro futuro somos nosotros y su garantía, nuestra voluntad de unir las manos y trabajar.

Un pacto colectivo, de todos los ciudadanos y ciudadanas, para modernizar Euskadi. Una modernidad basada en una ética ciudadana del esfuerzo personal, el reconocimiento público a la excelencia y la solidaridad entre todos.

Tenemos que convertir Euskadi en la Metrópoli del Talento. Una gran ciudad de ciudadanos libres y bien preparados para afrontar los retos del presente y del futuro. Tenemos que hacer el esfuerzo de invertir hoy para tener progreso mañana.

Un país en el que la larga marcha de las mujeres hacia la igualdad complete el recorrido. Queremos llegar al futuro juntos; mujeres y hombres en igualdad de condiciones. Tenemos que lograr que muchas más mujeres se incorporen al mercado laboral, porque un puesto de trabajo digno es la mejor garantía para decidir su propia vida, además de ser necesario para el progreso del país.

Yo hoy quiero hacer una nueva promesa a la ciudadanía vasca, pero especialmente a nuestros jóvenes. Quiero hacerles la promesa de que juntos vamos a construir una Euskadi de ciudadanos libres, más moderna, y más solidaria. Quiero decirles que su futuro se llama Euskadi. Que es aquí donde van a poder desarrollar su vida sin que nadie les diga cómo tienen que hacerlo. Que nada les va a impedir participar del progreso y bienestar en igualdad de condiciones.

No hace falta que les invite a que se sumen a la aventura de la nueva Euskadi que ha comenzado a caminar, porque es suya. Les pido que la compartan con todos, que la sueñen y la hagan realidad.

 

Modernidad

FORO LIDERAZGO DE EUSKADI (16 DE SEPTIEMBRE DE 2010)

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Yo hablo de nueva modernidad porque están cambiando todos los parámetros. Hemos iniciado un nuevo tiempo en el que está cambiando todo: la economía, las estructuras políticas, las formas de vida y también las propias personas. Parafraseando a Sócrates, sólo estamos seguros de nuestra propia inseguridad y de la incertidumbre sobre el futuro.

El horizonte como línea permanente y guía del caminante es lo que mejor ha definido la modernidad hasta la fecha: no sabíamos que había detrás pero, al menos, teníamos la certeza de hacía donde caminar. Hoy nos parecemos más a viajantes del espacio donde no existe horizonte, norte o sur, y dónde todas las direcciones son posibles.

De forma recurrente oímos que el Estado Nación está quedando obsoleto, que los partidos políticos sufren una gran desafección, que la política ha abandonado a la ciudadanía o, al revés, que la ciudadanía está abandonando a la política. Pero igualmente cierto es que los Sindicatos están restringiendo su representación a un tipo concreto de trabajadores, que la familia no es ya lo que era, que las personas tienen un modo de vida y de relaciones que hace 30 años parecían impensables…

Es decir, que las viejas estructuras de socialización de las personas: la comunidad, la familia, la iglesia, el estado, la empresa segura con empleo permanente; cosas sólidas de otros tiempos, entidades que casi se podían tocar con los dedos por su presencia permanente y casi física, se nos deshacen en la niebla.

Bauman define la nueva modernidad como realidad líquida. Algo en permanente movimiento, sin forma física determinada, pero que de alguna manera, mantiene su propia identidad en las transformaciones. Yo creo que es una buena metáfora para definir nuestro nuevo entorno. Una realidad que no se deja aprehender, que escapa por rendijas imprevistas, que cambia continuamente de forma, y, sobre todo, que se mueve. Una realidad en continuo movimiento, que se transforma permanentemente, que va creando y destruyendo, con la misma facilidad y velocidad, escenarios inestables y efímeros.

 

La autonomía del yo y la identidad

FORO LIDERAZGO DE EUSKADI (16 DE SEPTIEMBRE DE 2010)

El liberalismo político nos descubrió al individuo. Asumió que la comunidad política estaba formada por personas con voz e intereses individuales. (Aún hoy la mayoría de las libertades políticas se basan en ese descubrimiento).

Pero en la última parte del Siglo XX se da una revolución. Las personas deciden que, además de tener opiniones políticas, quieren construir de forma autónoma y personal su propia identidad. Las revueltas estudiantiles del 68 dan un impulso enorme a ese movimiento: las personas se declaran libres de la tiranía de las costumbres, de la familia y de las instituciones y reclaman la plena soberanía de su yo.

Y, por primera vez en la historia, las mujeres se suman de forma masiva a esta revolución callada. Se afirma que la identidad no es algo heredado o impuesto por la comunidad sino que se puede modelar y construir de forma individual a través de diferentes experiencias personales.

La identidad cambia radicalmente, ya no es una herencia recibida o un descubrimiento oculto en el acervo compartido de la comunidad. La identidad se convierte en una tarea de construcción personal. Surge así el culto al yo único y diferente que caracteriza el fin de siglo, tan hábilmente explotado, por otra parte, por la sociedad de consumo.

Maalouf afirma que las personas no tienen raíces: tienen orígenes. Orígenes que utilizan como punto de apoyo y trampolín para crear su propio yo con identidad personal. Es un cambio sustancial. Las raíces te clavan como un árbol a un suelo, a una familia o a una tradición. Los orígenes van contigo, te permiten cambiar de sito y de costumbres.

La movilidad es la característica más profunda de las nuevas personas. El yo liberado se mueve libre entre países, entre tradiciones, entre formas de ser o entre identidades.

En la nueva modernidad la persona tiene libertad total, pero ha tenido también que pagar un precio: la soledad y el desarraigo.

Hemos roto la supeditación a la comunidad, a la familia, a las tradiciones y a las organizaciones, pero podemos convertirnos en navegantes solitarios a los que sólo nos une a otros, tan solitarios como nosotros, la sorpresa, la incertidumbre y el desconcierto.

Y por paradójico que resulte, en esta situación, la política, como marco estable que garantiza la libre convivencia entre distintos, cobra una nueva trascendencia. Las instituciones políticas comunes, las normas convivenciales que garantizan la solidaridad social que otorga al ciudadano un refugio mínimo donde descansar su autonomía, son lo único estable en la realidad social cambiante.

 

Solidaridad

FORO LIDERAZGO DE EUSKADI (16 DE SEPTIEMBRE DE 2010)

La solidaridad que rescata al individuo del abandono absoluto, tiene en la nueva modernidad casi el rango de requisito para la supervivencia.

Habiendo abandonado todos los demás, la solidaridad social organizada, es el último refugio de la persona de la nueva modernidad. Pero hacen falta recursos para ello.

Los derechos sociales, que forman parte de los propios Derechos Humanos, porque son la forma de arrancar al ciudadano de la tiranía del estado de necesidad que le imposibilita el ejercicio de la propia libertad y le impide la igualdad de oportunidades, son derechos que están sujetos a la contingencia material de la comunidad… a la disponibilidad de recursos públicos para poder satisfacerlos.

Por eso el debate sobre fiscalidad no es un debate meramente económico, sino que es un debate político y social, porque la pregunta fundamental a la que se debe responder no es qué impuestos queremos pagar, sino qué servicios esperamos recibir. Que educación, que sanidad, que cobertura social, que infraestructuras, que justicia… y cómo lo pagamos.

Exigir servicios y prestaciones públicas está muy bien y es un derecho frente a un sistema democrático, pero ésta reivindicación no puede ser ajena al compromiso común para su financiación.

La administración pública (la que sea) sólo es la mano que reparte la solidaridad: y tenemos que hacerlo con eficiencia y con austeridad en los gastos corrientes, pero es necesario denunciar la idea (que algunos intentan trasladar malintencionadamente) de que el Estado cobra impuestos para su propia supervivencia. Por ello, repito, cuando planteo el debate sobre fiscalidad, estoy planteando el debate sobre el modelo de país que queremos para nosotros y para los que vienen detrás empujando.

Debemos definir qué tipo de educación queremos para que las nuevas generaciones puedan competir en igualdad con otros jóvenes europeos.

Tenemos que decidir qué estamos dispuestos a hacer en educación para que sea la seña de identidad de nuestro país en su camino hacia la excelencia.

Son necesarios unos servicios de salud que garanticen calidad de vida igual para todos los ciudadanos.

Hay que construir nuevas infraestructuras para que la economía vasca no pierda conexión con la modernidad.

Tenemos que pensar cuánto y como invertimos en innovación e investigación para que realmente Euskadi se convierta en la sociedad del talento.

Tenemos que ver cómo organizamos los servicios públicos para que una persona jubilada no se convierta en una persona amortizada.

Estas son las preguntas reales que debemos hacernos en el gobierno y en la sociedad.

Yo soy partidario de una sociedad que no deja al ciudadano abandonado a su propia suerte en los momentos de debilidad o de necesidad. Por eso estoy planteando una fiscalidad suficiente para garantizar una vida digna a todos los ciudadanos.

Y estoy planteando una actitud proactiva, del Gobierno y del resto de administraciones, para liderar los cambios e inversiones necesarias para que la economía vasca se modernice y Euskadi se convierta en la metrópoli del talento.

Y por eso reivindico una fiscalidad suficiente como inversión de futuro. Y junto a ello una lucha decidida contra los dos fraudes que ponen igualmente en riesgo la solidaridad: el fraude fiscal y el fraude en el abuso de servicios y ayudas sociales.

 

 

Democracia

NAVARRA FORO XXI (19 DE OCTUBRE DE 2010)

Es decir, en Euskadi (y aquí en Navarra también) la palabra “democracia” es reivindicada por la víctima y por su victimario. Lo que, en ocasiones, provoca dudas, cuando no la vacía de contenido. Por eso es por lo que me parece que hay razones y necesidad de intentar aclarar qué es la democracia, sobre todo, para poder defenderla con eficacia.

Si preguntara aquí qué es la democracia, seguramente obtendría respuestas variadas como: democracia es un sistema que permite vivir en libertad. Democracia es cuando el pueblo decide su futuro. Lo más usual suele ser entre nosotros definirlo como sistema donde decide la mayoría. Y alguno se acordará de la frase de Abraham Lincoln y dirá que democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Pero, sin embargo, todas ellas plantean sus dudas, porque al que dice que es un sistema que permite libertad le podremos responder que yo quiero, además, decidir las cuestiones de mi gobierno. Y al que dice que democracia es cuando decide el pueblo, podremos responderle que qué diría cuando el pueblo decide por mayoría entregar el poder a un dictador. Al defensor de la regla mayoritaria le podemos responder que, desde el principio, los primeros liberales y demócratas nos avisaron del temor a la tiranía de la mayoría que anula todos los derechos de las personas que no coincidan con ésta.

Y el que cita a Lincoln se sentirá algo más seguro, pero podemos preguntarle cómo hace el pueblo para gobernarse a sí mismo y, sobre todo, quién es el pueblo.

Pero ¿son falsas estas afirmaciones? Pues yo creo que son falsas si las cogemos de forma aislada y son verdaderas si las aplicamos todas a la vez. El sistema democrático es una especie de ecosistema político donde cada elemento no tiene valor por sí mismo, sino en relación con los demás elementos.

Los sistemas democráticos que conocemos son el resultado de una construcción histórica. A lo largo del tiempo diferentes tradiciones han incorporando elementos que han terminado por formar un sistema complejo pero que mantiene su unidad: lo que hoy llamamos democracia representativa ha recorrido un largo camino hasta ser lo que ahora conocemos.

Dos grandes tradiciones cruzan todo el sistema: el constitucionalismo liberal y la participación democrática.

Lo importante para el constitucionalismo liberal es que el poder esté controlado. Que tenga límites que no pueda superar. En este sentido podemos afirmar que es la negación de cualquier soberanía. Nadie puede tener todo el poder y se inventa el concepto de Constitución. Una normativa externa al poder mismo donde éste queda limitado.

Y hace dos afirmaciones fundamentales que limitan de forma drástica el ejercicio del poder y la fuerza. El liberal dice: el poder no debe depender de la voluntad del gobernante sino que debe estar sujeto a la norma constitucional. El gobernante no está autorizado a hacer cualquier cosa, sólo puede hacer lo que le permite la Ley.

Y junto a esto viene la afirmación más radical: hay espacios y ámbitos en los que ningún poder puede actuar. Corresponden a la esfera privada del individuo. Y en esos espacios y ámbitos vedados al poder público surge la libertad del individuo.

Explicar el constitucionalismo en Euskadi, o aquí en Navarra, resulta un poco complicado en estos tiempos porque se ha unido este concepto exclusivamente a la defensa de la unidad del estado común.

Pero la esencia del constitucionalismo es la afirmación rotunda de que no puede haber ningún poder totalmente soberano. Ni siquiera el pueblo.

La otra gran tradición es la que vamos a llamar la tradición democrática. Para estos lo importante es la titularidad ¿de quién es el poder? Y responderán sin dudas: el poder es del pueblo soberano. Aunque ha hecho falta mucho tiempo para que en ese pueblo cupieran todas las personas. Primero fueron sólo los propietarios, luego todos los hombres y por fin se incorporaron, muy tardíamente, todas las mujeres.

A la pregunta de ¿cuál es el poder legítimo? los demócratas responderán: la que representa la voluntad popular.

El maridaje de estas dos tradiciones es lo que ha permitido la construcción de las democracias modernas. Las democracias modernas aceptan simultáneamente dos fuentes de legitimación: la constitucional y la de la soberanía popular, aunque ambas limitadas. Al constitucionalismo, la tradición democrática impone la representación popular y, a ésta, el constitucionalismo le impone límites a la soberanía de un poder total.

Por eso hablar de democracia moderna es hablar de equilibrio y complejidad.

Resumiendo podemos decir que el sistema democrático moderno tiene tres elementos constitutivos que funcionan simultáneamente.

  1. Normas constitucionales e instituciones
  2. Procedimientos.
  3. Y valores.

Las normas constitucionales definen los límites en el ejercicio del poder. Los procedimientos, (algunas veces menospreciados como meros formalismos), tienen dos grandes funciones: convertir la voluntad popular en representación política y regular el ejercicio del poder entre éste y la ciudadanía.

Y, por supuesto, en el sistema democrático, no sólo tienen cabida, sino que son absolutamente necesarios los valores y los principios. Es más, casi se puede afirmar que toda la estructura ha sido creada para defenderlos. Sin valores el sistema democrático se queda sin objetivo.

La libertad de las personas como requisito para que cada uno pueda decidir su propia vida, la igualdad como fuente de equidad y justicia entre ciudadanos y la defensa de la vida digna e igual para todas las personas son los tres grandes grupos de valores del sistema democrático.

Y, por otra parte, la tolerancia y el pluralismo político son requisitos básicos para su funcionamiento.

Cuento todo esto para entender que la democracia es un todo y que no se puede coger, cada uno, el trozo que más le apetece y hacer de ello su bandera. Cosa que ha pasado, en demasiadas ocasiones en Euskadi.

Y lo cuento también porque, seguramente, sólo desde estas reflexiones y desde esta defensa de la democracia, se puede entender ese pacto tan raro (para algunos) que tenemos en Euskadi entre el Partido Socialista y el Partido Popular vasco.

 

Gobernanza

NAVARRA FORO XXI (19 DE OCTUBRE DE 2010)

Daniel Innerarity, (que como saben es de aquí) dice que la nueva gobernanza es el arte de gestionar la incertidumbre colectiva. Frente a la demanda de la seguridad física que el liberal hacía al viejo Estado, el nuevo ciudadano solicita una seguridad de nuevo cuño: aliviar y orientar en la incertidumbre permanente. La seguridad de una solidaridad que, con su estabilidad, amortigüe nuestro desconcierto.

Yo sé que estas reflexiones parecen extrañas dichas desde Euskadi donde aún no hemos enterrado los flecos del pasado, pero les aseguro que en la Euskadi real (al igual que en cualquier otra sociedad moderna), la vida de nuestros jóvenes ya ha empezado a caminar por el nuevo mundo. Se les pude identificar por los rastros que dejan en Facebook, por los blog personales que crean pequeñas comunidades de interés, por las relaciones virtuales en la red, por la movilidad de sus intereses y también por la construcción de identidades personales multiformes.

El nuevo mundo está aquí y nos exige un profundo cambio de la política. Una gestión abierta que se abra a la participación directa de los ciudadanos. Tenemos que construir un nuevo espacio público donde socializar las propuestas: las de los gobiernos y las de los ciudadanos. Un ágora moderna y multiforme donde se pueda participar y reconocerse uno mismo como miembro de la misma comunidad política.

La frontera que separaba lo público y (si se me permite la expresión) la gente común, con espacios físicos que cerraban el acceso del ciudadano, tiene que terminar. La zona de encuentro entre el ciudadano y las instituciones públicas debe convertirse en un interfaz de comunicación y relación que una las dos realidades.

Los ciudadanos no han desertado de la política. Yo me atrevería a decir que es al revés: que nunca han dependido tanto de las estructuras políticas como en la actualidad. Lo que pasa es que quieren una nueva forma de hacer política y de gobernar. Un liderazgo que ofrezca alguna garantía de solidaridad en la incertidumbre y sepa, al menos, advertirles de los peligros más graves, a la vez, que les permite a ellos mismos ser participes de la construcción de su propio futuro

La libertad de la nueva modernidad requiere una sociedad fuerte y organizada para poder sobrevivir.

Así que debemos mirar al futuro de cara para identificar los retos más importantes y definir nuestra propia andadura.

Tenemos que ser capaces de acordar juntos las tareas colectivas a medio plazo y ponernos a trabajar ya en ello.

 

Retos de futuro

ENCUENTRO ANUAL DE LA CÁMARA DE COMERCIO DE BILBAO (29 DE NOVIEMBRE DE 2010)

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Son tres los ámbitos de grandes transformaciones que nos afectarán, modificando la mayoría de las cosas que hoy conocemos.

- La globalización

- El envejecimiento de la población

- Y la Revolución Científica y Tecnológica

En cuanto a la globalización, hay que decir que la adaptación de nuestras empresas (y del conjunto de la sociedad también) al nuevo entorno internacional requiere afrontar grandes desafíos en muy diversos planos. Pero uno de los objetivos principales de las instituciones, de las empresas y de la ciudadanía vasca es asegurar unos niveles de competitividad mayores que otras economías de referencia, con el fin de conseguir un desarrollo económico sostenido y sostenible y el progreso social continuado de la sociedad vasca.

Para ello Euskadi debe acometer (como están haciendo todos los países y todas las regiones) un proceso permanente de mejora competitiva. Y me estoy refiriendo, no sólo a incrementar nuestros niveles de competitividad, sino a hacerlo cada vez mejor que nuestros competidores actuales y futuros.

El Departamento de Industria presentó el pasado mes de julio el Plan de Competitividad 2010 – 2013, que pone las bases para que Euskadi siga siendo competitiva en el corto y medio plazo y que supondrá un gran esfuerzo en el apoyo de la investigación e innovación, junto a la internacionalización de nuestras empresas.

Por otra parte, el envejecimiento de la población, es un asunto de una trascendencia vital en el medio y largo plazo y que, al igual que el cambio climático, requiere, en primer lugar, de una concienciación colectiva sobre su carácter inexorable y sus consecuencias sistémicas, para después abordar de forma consensuada las políticas que nos permitan afrontar con éxito los retos que nos plantea.

Sin caer en alarmismos, hay que decir que las consecuencias del envejecimiento demográfico vasco serán: un menor crecimiento potencial de la economía (consecuencia de la reducción de la población en edad de trabajar) y un mayor gasto asociado a las pensiones y a los servicios públicos socio-sanitarios. Una presión combinada que se empezará a notar con intensidad a finales de esta década. Y esto lo convierte en un reto que tiene consecuencias en multitud de áreas socioeconómicas y que, por lo tanto, no se puede enfrentar únicamente a través de la adopción de medidas de corte demográfico, sino desplegando un abanico de políticas de amplio espectro: políticas de conciliación de la vida familiar y laboral; políticas de empleo; de competitividad; de austeridad en el gasto público y de uso racional de los servicios públicos.

Medidas que han de basarse en la corresponsabilidad, ya que es absolutamente necesaria una fuerte implicación del conjunto de la sociedad vasca, que conlleve un compromiso intergeneracional y la asunción de responsabilidades individuales, para la racionalización del uso de los servicios públicos y la necesaria contribución a la financiación del sistema.

Y, por último está la Revolución Científica y Tecnológica. Y es que los cambios en todos los órdenes (tecnológicos, científicos, sociales y económicos) que el mundo va a experimentar desde el año 2000 al 2030 van a ser (están siendo ya) superiores al conjunto del progreso experimentado por la humanidad en toda su historia. De hecho, el 90% de estos cambios se van a producir en los próximos 20 años.

Con el Consejo Asesor hemos definido 5 grandes sectores estratégicos que guiarán en el futuro los esfuerzos del Gobierno Vasco: el sector sanitario, el de la energía, servicios sociales, TIC y electrónica y las bio-nano ciencias. Éstas son las tres olas de cambio a las que Euskadi debe enfrentarse y dar respuesta. Y el objetivo colectivo que propongo es convertir a Euskadi en una gran Metrópoli del Talento. Una Metrópoli de buena gobernanza, organizada en red y sustentada en el talento social compartido.

Hacer de Euskadi un territorio abierto al mundo e integrado en la economía global, habitado por ciudadanos y ciudadanas corresponsables y libres. Un territorio que se configura como una metrópoli competitiva, cohesionada y sostenible, desde una perspectiva económica, social y medioambiental.

Yo sé que los vascos podemos ganar la modernidad. Estoy convencido de que Euskadi puede más si unimos esfuerzos. Tenemos que difundir los valores del trabajo bien hecho, del esfuerzo personal, de la solidaridad ciudadana, de la responsabilidad social de las empresas y la colaboración de todos y todas.

 

Padres fundadores de Euskadi

HOMENAJE AL LEHENDAKARI AGUIRRE (6 DE MARZO DE 2010)

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El Lehendakari Aguirre juró su cargo, oyendo prácticamente los cañonazos del frente. Le tocó liderar al país durante la durísima época de la guerra. Y el destino no les permitió que pudieran ver en su tierra el desarrollo de las instituciones políticas vascas. Sólo pudieron permanecer en su propio país apenas 9 meses y, a partir de ahí, un largo exilo.

Porque la guerra fue dura, pero el exilio, eterno, para estas personas. Todos los familiares que habéis venido aquí y muchos otros ciudadanos y ciudadanas vascas tenéis historias del exilio. De ese lentísimo pasar de los días mirando a Euskadi con la esperanza siempre postergada. Con el esfuerzo de construir una y otra vez la misma frase: “pronto estaremos en casa”.

Porque para el exilado la casa siempre sigue siendo la misma en la ausencia, y los diferentes sitios donde habita son sólo refugios temporales. Y los familiares sabéis que tras la guerra os vino una noche mucho más larga que supisteis afrontar con determinación, manteniendo nuestras propias esencias. Y, por eso hoy, por esa firmeza demostrada, por esa voluntad mantenida en el tiempo, todos los que estamos aquí, somos deudores de vuestro sufrimiento. Y deudores de lo que el Lehendakari Aguirre y su Gobierno supieron trasmitirnos.

Porque ellos son, en realidad, los fundadores del autogobierno moderno de los vascos, ellos son los que empezaron a recorrer nuestro camino colectivo. Y los Gobiernos surgidos del Estatuto de Gernika somos sus herederos y sus descendientes políticos.

El de Aguirre fue un gobierno amplio y de colaboración. Y es un ejemplo histórico para todos nosotros. Personas que, por encima de su ideología y de sus diferencias, supieron juntarse para defender a su país, para defender el autogobierno y la democracia. Y creo, sinceramente, que ese ejemplo, ese espíritu de saber sumar y entenderse cuando la situación lo requiere es ya hoy un patrimonio común de los vascos que hemos sabido construir lo mejor de este país entre todos. Que cuando estamos en dificultades sabemos juntarnos con el diferente para hacer país y buscar soluciones juntos.

Aquel fue un Gobierno que, por encima de ideologías, tenía valores y me vais a permitir que cite una frase del Consejero Espinosa, a dos horas de ser fusilado por los franquistas, el 24 de junio del 37, que escribió a su Lehendakari: “Cuando condenen los tribunales a alguno a muerte, mi voto, desde el otro mundo, será siempre por el indulto”. Es una demostración de la fortaleza de estas personas, de sus convicciones profundas, de su compromiso permanente por los valores que hacen digna a una sociedad y que, incluso en las circunstancias más adversas, supieron mantener.

Me gustaría poder citar algo de todos y cada uno de ellos, pero la brevedad del acto me lo impide. En euskara se suele decir “Izena duena da”. Lo que tiene nombre existe. Y yo quiero hoy recordar los nombres de los 11 hombres que tuvieron el valor de liderar el frente contra el levantamiento fascista y que fueron los fundadores de nuestro autogobierno. Quiero proclamar su presencia entre nosotros invocando sus nombres:

Lehendakari: José Antonio de Aguirre

- Consejero de Justicia y Cultura: Jesús María Leizaola

- Consejero de Gobernación: Telesforo Monzón

- Consejero de Hacienda: Eliodoro de la Torre

- Consejero de Comercio y Abastecimientos: Ramón María de Aldasoro

- Consejero de Trabajo, Previsión y Comunicaciones: Juan de los Toyos

- Consejero de Industria: Santiago Aznar

- Consejero de Asistencia Social: Juan Gracia

- Consejero de Obras Públicas: Juan Astigarrabía

- Consejero de Agricultura: Gonzalo Nardiz

- Consejero de Sanidad: Alfredo Espinosa

Los americanos suelen citar mucho a sus padres fundadores, pues bien, estos 11 que he citado son los nuestros. Ellos fueron los que crearon la primera institución política común de los vascos que formamos Euskadi: el Gobierno Vasco.

Y tenemos el orgullo de saber que lo hicieron defendiendo la libertad, el autogobierno y la democracia.

El lehendakari Aguirre en su mensaje navideño de 1945, (las primeras desde el fin de la 2ª Guerra Mundial), dijo: “La libertad ha sido y será patrimonio universal”. Y la verdad es que frases así nos unen a los vascos de todo tiempo.

Por eso quiero reclamar, con humildad, que el Gobierno de hoy, (como lo fueron los anteriores) es un pequeño eslabón más de la cadena iniciada por el Lehendakari Aguirre y sus Gobiernos. Una cadena que el franquismo desterró pero que no pudo romper. Porque unos lazos de solidaridad común y de defensa de las libertades y el autogobierno nos unen a los vascos actuales con los que formaron el primer Gobierno. Lazos que seguirán uniendo en el futuro a los que están por venir.

Por todo ello, vuelvo a repetir que ha sido un enorme honor el haber podido entregar a la familia del Lehendakari Aguirre la Cruz del Árbol de Gernika, la máxima distinción que otorga nuestro Gobierno. Y que lo he podido hacer, humildemente, en nombre del conjunto de la sociedad vasca (que así lo querría), porque, gracias a sus esfuerzos, hoy los vascos tenemos Gobierno Vasco, hoy los vascos sabemos compartir y avanzar juntos, y no se nos olvidará nunca.

 

Ertzaintza

DÍA DE LA ERTZAINTZA (16 DE MAYO DE 2010)

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El poeta Lauaxeta os puso nombre el año 36: “ertzaiña” cuidador del pueblo. Todos hemos visto alguna vieja foto de aquellos ertzainas del 36 con sus motos de la división motorizada. 1.200 hombres que dieron inicio a vuestra historia truncada por la dictadura y que retomáis el año 1982. Y comenzó vuestro despliegue poco a poco, pueblo a pueblo, hasta cubrir todo nuestro territorio. Desde la primera enseña con la abubilla, hasta la 21 promoción con el petiazul, habéis llenado Euskadi con pájaros de libertad.

//…//

Los agentes que lleváis más años os acordareis de muchas cosas: de la ilusión del comienzo, del desarrollo y de la profesionalización. De los nuevos equipamientos, de la creación de nuevas unidades. Os acordáis del día que patrullaron las primeras motos o tuvimos el primer helicóptero. Pasos todos ellos que han ido configurando una gran policía profesional. Que vamos a seguir mejorando entre todos; vosotros con vuestro trabajo y profesionalidad y las instituciones dotándoos de los medios necesarios.

//…//

Estamos fortaleciendo la lucha contra una vieja lacra que nos llena de vergüenza: la violencia de género. Tenemos que avanzar en esta tarea hasta que ninguna mujer tenga que ir humillada, con los ojos amoratados a una comisaría a pedir ayuda a nuestros ertzainas. Terminar con la violencia de género contra las mujeres es una tarea de todos, pero nos tenéis que ayudar a terminar con esta indecencia antigua.

Una sociedad es libre en la medida que tenemos asegurada la defensa de nuestros derechos, se cumplen las normas que nos hemos dado el conjunto de la ciudadanía para nuestra convivencia y hay plena igualdad para el desarrollo del proyecto de vida de cada uno de nosotros.

Una sociedad es libre cuando, también las cosas cotidianas, las sencillas están garantizadas y no son un problema que limita nuestra vida.

El tener calles seguras, el no vivir con miedo permanente. El saber que cuando tengamos un problema va ha haber un ertzaina para ayudarnos es lo que da libertad y calidad de vida a la ciudadanía.

//…//

Pero también os acordáis con amargura de los silencios. De los acosos que habéis sufrido por los totalitarios. De los insultos y de los ataques que habéis tenido que soportar. Días y días en estado de alerta permanente, tomando medidas de autoprotección. Se ha convertido en naturaleza, en vosotros, el controlar permanente vuestro entorno más inmediato. Eso os ha hecho unos policías más convencidos de vuestro trabajo. Unos ertzainas curtidos en la batalla de la libertad en Euskadi. Tenéis que estar seguros de que el Gobierno vasco os va a defender. Que cuando alguien os difama, os insulta de forma injusta y mezquina vuestro Gobierno vasco va a defenderos con todos los medios y reivindicar el buen nombre de nuestra policía.

Pero estoy seguro de que lo más duro ha sido tener que disimular, a menudo, vuestra condición de ertzainas que con tanto orgullo lleváis dentro.

Hoy estáis aquí con familiares y amigos. Os doy de nuevo las gracias. Pero, ¿Cómo podemos agradeceros la ciudadanía vasca vuestra constancia? ¿Cómo explicar a vuestros vecinos el dolor que supone que vuestros hijos no hayan podido proclamar, en la escuela, con orgullo: mi padre es un ertzaina que trabaja para ti? ¿Cómo explicar la humillación de no poder tender la ropa con vuestros uniformes?

Pero quisiera que hoy proclamemos todos con orgullo, el valor de ser ertzaina en Euskadi.

Este es vuestro país y vosotros sois nuestros policías.

Vosotros sois la avanzadilla que va conquistando para la libertad todos los espacios públicos de Euskadi. Y, de nuevo, este verano nos tocará hacer un último esfuerzo. Un esfuerzo para garantizar a toda la ciudadanía vasca unas fiestas abiertas y sin chantajes ni amenazas. Pero quiero deciros que ya nos queda poco para el final. Está cerca el día en el que no tengáis que ocultar ya más el orgullo ser de ser ertzainas en vuestro país.

La batalla antiterrorista no es vuestra única labor pero sí la que más dolor nos ha causado a todos.

Hoy hemos honrado a los que ETA les arrebató la vida porque no quisieron dimitir de su función y renunciar a la responsabilidad de defender Euskadi y su ciudadanía. Habéis tenido que llorar más de una vez, vertiendo sobre vuestros uniformes las lágrimas de los valientes.

Y también a otros agentes que han perdido su vida en acto servicio. Son el precio que habéis pagado por la seguridad de nuestra sociedad.

Ana Isabel Arostegi, Javier Mijangos, Mikel Uribe, Iñaki Totorika, José María Aguirre, Ramón Doral, Iñaki Mendiluce, José Luis González, Joseba Goicoechea, Alfonso Menchaca, Luis Hortelano, Juan José Pachecho, Carlos Díaz Arcocha, Genaro García de Andoain.

Evoco sus nombres porque todos lloramos su ausencia. Evoco sus nombres, uno a uno, porque es vuestra ofrenda más dolorosa a la libertad de Euskadi.

Cito sus nombres porque tras los nombres está una vida arrancada. Una vida dedicada a la comunidad.

Hoy les recordamos para que su recuerdo no muera.

En Euskadi estamos, todos juntos, avanzando hacia la plena libertad. Está cerca el día del final del terrorismo. Y a vosotros corresponde os corresponde el honor de ser partícipes de esa victoria.

Lauaxeta dice en un verso: “dana emon behar jako / maite dan askatasunari” Hay que ofrecerle todo a la libertad que se ama.

Yo os digo que no se puede pedir más a los que día a día habéis arriesgado la vida defendiendo la libertad de todos.

 

Derechos Humanos

CONGRESO DE DERECHOS HUMANOS (15 DE SEPTIEMBRE DE 2010)

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A finales del XVIII, la gente de la ilustración planteó que el respeto debido a las personas, los ámbitos de libertad de cada uno no se debían al estatus, al origen, a la religión o la raza. Surge así una afirmación negativa que da origen a la declaración de los derechos humanos. Se niega que la condición particular de una persona sea origen de derechos, por lo que se pide la derogación de todos los privilegios feudales y, como consecuencia necesaria de esta negación, se reivindica que todas las personas tienen los mismos derechos.

El ser persona es el único título legitimador de derechos. Es por tanto una afirmación universal. Los denominamos derechos humanos porque el ser humanos es lo único que los legitima. El antagonista absoluto de los derechos humanos no es la tiranía ni el asesinato: se llama Auschwitz. Porque en el crimen de Auschwitz, el crimen con mayúsculas, no fue el asesinato masivo sino la negación radical de la condición humana a los asesinados.

En la declaración de Virginia de 1776 se afirma, por primera vez en un texto político, que “«todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes”, y más desarrollada en la declaración de “derechos del ciudadano” francesa de agosto de 1789.

Y, ya en 1948, se recogen y desarrollan los mismos principios, no ya por un país sino por la comunidad internacional.

Es importante constatar que esta afirmación de derechos humanos surge unido, y como principio legitimador, de sistemas políticos que pretenden crear comunidades políticas con mayor libertad.

Sólo el sistema democrático ha podido defender los Derechos Humanos y, a la vez, crear las instituciones políticas necesarias para su eficaz aplicación y defensa.

En la época de la dictadura, cuando reclamábamos los derechos humanos estábamos reivindicando un sistema democrático, y la referencia a los derechos humanos era su principio legitimador.

El trasladar la defensa de los derechos humanos a la mera reivindicación ética o moral expulsa a éstos a un limbo incierto, libre de compromisos reales entre ciudadanos y los poderes públicos.

El divorcio entre los derechos y la política, es decir de los sistemas políticos concretos, produce extrañas paradojas. ¿Cómo, si no, podemos explicar aquella cena surrealista que sentó en la misma mesa a Mia Farrow, a Naomi Campbell, al tirano Taylor y a Nelson Mandela mientras, como música de fondo, volaba la buena voluntad moral de hacer el bien?

Pero hay paradojas que se convierten en sangrientas, como en Euskadi: ETA y su mundo reivindican la declaración de Derechos Humanos como principio legitimador de su acción política. ¿Cómo es posible eso?

Quiero insistir en ello: los derechos humanos surgen como principio legitimador y guía de sistemas políticos democráticos, reivindicarlos ajenos al sistema político e instituciones democráticas es mera coartada. No puede haber Derechos Humanos sin democracia.

En los países en los que disponemos de un sistema democrático estos derechos están formalmente garantizados y es obligación de los poderes públicos su cumplimiento. Aunque a veces, tengamos problemas, como es nuestro caso, en el que los derechos a la libre opinión y a la vida están siendo atacados por el terrorismo. Pero el estado democrático intenta con todos los medios legales su cumplimiento.

Hay veces en los que son los propios poderes públicos los que, renunciando a su responsabilidad, abandonan la defensa y el cumplimiento de esos derechos. Quiero hacer mención especial a una cuestión de estos días; las expulsiones forzadas de los gitanos rumanos de Francia. Este hecho nos revela los problemas que estamos teniendo en Europa a la hora de reconocer de forma efectiva los derechos de los ciudadanos no nacionales, especialmente cuando se trata de colectivos pobres y sin poder político.

La opinión pública, como espacio de debate y control de las políticas públicas tienen una importancia trascendental para el mantenimiento de los sistemas democráticos. Los congresos, como el que abrimos hoy, tienen especial responsabilidad. El reconocimiento formal de los derechos requiere, a la vez, del control permanente de los ciudadanos democráticos para que no terminen convirtiéndose en mera coartada legitimadora del poder.

Hoy, el catálogo de derechos es más extenso que el aprobado el año 1789. Se vio que la mera defensa de la libertad sin unas mínimas condiciones materiales, que arrancaran a los ciudadanos de la tiranía del estado de necesidad, imposibilitaba el ejercicio de la libertad misma, pero, sobre todo, impedía la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos.

Por eso, en la declaración del 48, al primer bloque clásico de libertades, se le añade otro de derechos materiales.

La década de los noventa ha sido abundante en las reivindicaciones de los derechos materiales, que han pasado a denominarse derechos sociales. Este congreso que se inicia hoy, trata especialmente de ello.

El bloque clásico de los derechos formales se refiere, principalmente al ámbito de las libertades, no acepta negociación y tiene vocación universal. El bloque de los derechos sociales se refiere al ámbito de la igualdad y está sujeto a la contingencia material de la comunidad política en la que se vive. Los derechos sociales tienen “cantidad”.

En la medida que son derechos materiales deben su existencia a solidaridad interna de la ciudadanía. La solidaridad es la que le da existencia material a los derechos sociales.

A la afirmación de un derecho social es necesario añadir la forma de materializar los recursos necesarios para materializarlo.

Los derechos sociales al tener “cantidad” requieren del esfuerzo y la corresponsabilidad ciudadana. Y esta corresponsabilidad tiene dos caras: la participación aportando esfuerzo a la solidaridad ciudadana y la corresponsabilidad en el uso y disfrute de los servicios y ayudas públicas. De aquí surgen la denuncia de dos fraudes que ponen igualmente en riesgo la solidaridad: el fraude fiscal y el fraude en el uso de servicios y ayudas.

La solidaridad ciudadana siempre ha tenido una brecha, una herida que hasta la fecha no hemos sido capaces de cerrar: la solidaridad con los “Otros”. El ámbito de la solidaridad ha sido el del estado al que pertenecía el ciudadano. La comunidad de la humanidad aún no tiene estructuras políticas que le dé cobertura. Las masas empobrecidas de los países subdesarrollados están fuera de la solidaridad ciudadana de los países ricos, más allá de las aportaciones del 0,7. Y algo parecido ocurre con los ciudadanos demediados que habitan nuestras sociedades desarrolladas: son los inmigrantes que participan en la solidaridad común pero tienen restringidos parte de los beneficios del mismo.

Hoy, en Europa, nos encontramos con dos paradojas: mientras estamos ampliando y concretando un nuevo catálogo de derechos sociales, tenemos dificultades para garantizar los viejos derechos del Estado de Bienestar surgido de la Segunda Guerra Mundial.

Y, a la vez, se han ampliado enormemente los espacios de libertad individual, abandonando los ámbitos de solidaridad privada, como la familia o la pequeña comunidad.

El individuo moderno, siendo el más libre de la historia, es a la vez el más solitario y el más necesitado de la solidaridad ciudadana para su supervivencia.

 

Día de Euskadi

DÍA DE EUSKADI (25 DE OCTUBRE DE 2010)

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Muchos recordarán cómo, una noche como la de hoy, hace 31 años, vivimos, en la Casilla de Bilbao la alegría compartida que se manifestó en el abrazo entre Ramón Rubial y Carlos Garaikoetxea. Una alegría compartida que ponía fin a una larga travesía, a una ausencia amarga. Y mucha gente pudo decir con orgullo: ya hemos llegado. Ahora tenemos Estatuto, ahora tenemos libertad, y con ella, ahora empezamos a construir país.

Además éste año estamos conmemorando el 50 Aniversario de la muerte de nuestro primer Lehendakari, de José Antonio Aguirre, que fue quien, junto con sus gobiernos de unidad, fundó la Euskadi moderna. Fue la primera vez que políticamente pudimos decir “nosotros los vascos”. Un nosotros plural y diverso como el país y como sus propios gobiernos.

El autogobierno es lo que funda el país y constituye su soporte. El autogobierno es el que crea los lazos de solidaridad política para ser una sociedad cohesionada, para reconocernos miembros corresponsables de un mismo futuro colectivo.

Una parte importante de la ciudadanía actual ha nacido con el Estatuto de Gernika. No conocen la herida de su ausencia. El sueño cumplido para muchos, se ha convertido, para ellos, en vivencia cotidiana. Y, por eso, seguramente, no tiene la aureola de perfección con la que la esperanza viste siempre al sueño que no se ha logrado.

El autogobierno visto de cerca, cuando es parte de nuestra vida, tiene arrugas e imperfecciones que se esconden en el pasado. Seguro que nuestro Estatuto de Gernika es un jardín imperfecto, como la vida misma. Pero yo no quiero que nos lo quiten para soñar de nuevo uno perfecto.

Por eso es una buena noticia que éste año se haya dado un gran impulso a su desarrollo. Que, frente a propuestas que nos dividían y enfrentaban, hayamos trabajado por él y hayamos vuelto a poner en valor todo lo que significa.

Porque me gustaría que todos fuéramos conscientes de que el Estatuto no es sólo un compendio de normas y de transferencias. Porque es mucho más. Para los vascos es un pacto solemne entre nosotros y nosotras. Es un acuerdo de reconocimiento mutuo. La constatación de que, aunque somos diferentes, queremos vivir juntos como iguales. Es por eso y sobre todo, una idea de convivencia que define un modelo de sociedad que permite dar cabida a todos y a todas.

El punto de encuentro de la ciudadanía vasca. La plaza pública más grande que hemos sido capaces de construir hasta ahora. La Plaza en la que podemos entrar todos sin tener que renunciar cada uno a nuestra propia identidad.

Y es que, si no podemos elegir ser diferentes, ¿para qué queremos la libertad? Por eso, el mejor autogobierno es el que permite mayor margen de libertad a los ciudadanos y ciudadanas. El mejor Estatuto es el que reconoce a cada uno su propia forma de construir la vida y de ser vasco a su manera.

Y, junto a ello, es la voluntad de seguir viviendo juntos en el futuro, asumiendo riesgos y sumando esfuerzos en proyectos compartidos.

Por eso estos han sido 31 años de autogobierno estatutario que representan la Euskadimás auténtica: la Euskadi que nace y avanza con el pacto y el acuerdo entre diferentes. La Euskadi que se construye entre todos y no unos contra otros.

Y ha sido ésta voluntad de convivencia en libertad que recoge el Estatuto, la que ha sido objeto de ataque sistemático del terrorismo de ETA. Y en él se han enfrentado dos formas de entender nuestro futuro. Dos formas de plantear la convivencia. El totalitarismo homogeneizador por un lado y la libertad y la tolerancia por otro.

Y hoy podemos decir que esta batalla está siendo ganada, definitivamente, por la libertad.

Los vascos llevamos muchos años persiguiendo un sueño: el sueño de vivir sin amenazas terroristas. El sueño de que nadie tenga miedo a hacer publica su opinión.

Ha sido un camino que hemos recorrido con huellas ensangrentadas, lleno de sacrificios por defender la libertad. Al asumir la responsabilidad de Lehendakari de todos los vascos puse como primer objetivo terminar con la violencia, lograr la paz y asegurar la libertad para todos.

Estamos en el buen camino. Todo el mundo, también los radicales abertzales, está interiorizando que esto es el final. Que ya se está terminando la pesadilla. En estos momentos tenemos que tener serenidad e inteligencia, porque sabemos lo caro que se pagan los errores.

Y yo voy a mantener las dos manos extendidas: En una mano democracia y en la otra más democracia.

 

Euskara

EUSKARAREN NAZIOARTEKO EGUNA (3 DE DICIEMBRE DE 2010)

(KLIKATU HEMEN BIDEOA IKUSTEKO)

Gaur bi mila eta hamargarren urtean, Etxepareren desioa betetzen ari da euskal gizartea. Euskara mundu zabalean ari da. Unibertsitatera heldu da. Hedabideetan dabil. Mundu osora zabaltzen da. Antzinako ezintasun asko eta asko apurtu dira.

Euskara guztien aukera da. Inork ez du jabetzarik. Hiritarren askatasun eta borondatean nahi dugu oinarritu etorkizuna. Gaur Jaurlaritza osoa hemen bildu gara hori adierazteko, eta baita ere, beharrezko diren laguntzak bermatu eta ziurtatzeko.

Administrazioari dagokigu hiztunei bideak erraztea, munduan zabal dadin bitartekoak jartzea.

Orain dugun egoera zaila bada ere, Jaurlaritzak ez ditu euskaltzaleak bazterrean utziko: laguntza eta babesa izango dute.

Aniztasuna da gure elkarbizitzaren oinarri. Hizkuntzen arteko harremanak ezin dira arazo bihurtu, haatik, aberasgarri behar dute izan.

 

 

DISCURSOS 2011

Ideales colectivos

COMPARECENCIA ANTE LOS ALTOS CARGOS DEL GOBIERNO (14 DE ENERO DE 2011)

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Decía Tony Judt, que “sin idealismo, la política se reduce a una forma de contabilidad social, a la administración cotidiana de personas y cosas” Y tenía razón.

La política tiene que tener ideales. Tiene que ofrecer modelos futuros para seguir conviviendo juntos. Tiene que unir al país y plantear objetivos colectivos por los que merezca la pena trabajar. Por los que merezca, incluso, hacer sacrificios temporales.

Si alguien piensa que sólo hemos venido a gestionar de forma honrosa la administración vasca hasta 2013, se equivoca profundamente.

Todos los que estamos aquí tenemos el enorme privilegio de liderar una transformación profunda de nuestro país, para construir, junto al conjunto de la ciudadanía, una Euskadi de mayor libertad y progreso colectivo. No lo olvidéis: es una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad privilegiada.

Hemos venido a defender nuestros ideales políticos, a poner en marcha un nuevo modelo de convivencia que sea integrador y que reconozca al otro como compañero del mismo proyecto.

Hemos venido a proponer un modelo social, solidario y sostenible.

Hemos venido a defender la igualdad de oportunidades y el progreso para todos.

Y hemos venido a defender la libertad y la democracia. La defensa de nuestras instituciones políticas.

Es decir, hemos venido a poner en marcha las reformas profundas que necesita Euskadi para poder mantener, en la nueva modernidad, el bienestar y la calidad de vida que merecemos.

Después de una década de discutir sobre la identidad, ya era hora de que alguien planteara la necesidad de mirar al futuro y hacer frente a los nuevos retos que se nos avecinan.

No somos gestores de una comunidad de vecinos: proponemos una alternativa política diferente y global que afecta a la vida cotidiana de nuestra ciudadanía y condiciona su futuro bienestar y progreso.

Yo la voy resumir en dos frases sencillas:

- Garantizar la libertad e igualdad de toda la ciudadanía.

- Y defender, consolidar y mejorar el Estado de Bienestar y el progreso, para hoy y para las generaciones futuras.

 

Convivencia en Euskadi

COMPARECENCIA ANTE LOS ALTOS CARGOS DEL GOBIERNO (14 DE ENERO DE 2011)

Vamos a construir juntos, un modelo político de convivencia que cree unidad entre todos y logre la cohesión social.

Una década de debate identitario ha dejado una sociedad dividida y agotada. Décadas de terrorismo han producido fronteras que dificultan la convivencia.

No podemos seguir con grupos de ciudadanos que trabajan unos contra otros. Debemos recuperar la confianza mutua y abogar por una convivencia común.

El autogobierno es la mejor baza para lograr un gran pacto ciudadano por la convivencia.

En una sociedad plural como la nuestra, donde la ciudadanía tiene identidades diferentes, vivir juntos es convivir. Es aprender a respetar las diferencias del otro reconociéndonos todos iguales en derechos.

Tenemos que renunciar todos a que una mitad de la sociedad vasca venza a la otra mitad haciendo a todos dependientes de un único modelo identitario.

Pretender ganar esta batalla es mantener un enfrentamiento interminable entre la ciudadanía.

Nosotros no queremos partir en dos ni al país, ni a la sociedad vasca.

Euskadi es un solo país. Los vascos y las vascas formamos una única sociedad.

Y nuestra propuesta es de unidad y de concordia.

Son tres pilares para la unidad.

• Aceptar el sistema democrático y nuestras instituciones de autogobierno como marcos reguladores de la convivencia.

• Aceptar las diferentes identidades de cada uno y garantizar su ejercicio a todos los ciudadanos sin distinción de opción identitaria.

• Reconocer la esencia plural de la sociedad vasca y fomentar la tolerancia y el reconocimiento mutuo como valores cívicos que hacen posible la concordia.

Toda la tradición vasca está construida sobre diferentes culturas políticas. Hemos sabido convivir durante siglos con pertenencias mestizas. Y cuando alguien ha intentado imponer una visión única ha surgido el desastre y la división.

Los vascos somos como somos y nada nos va hacer cambiar. Estamos condenados a entendernos entre nosotros y convivir juntos.

Y estamos, también, como dice Gari, condenados a la esperanza.

Y para eso estamos aquí. Para eso hemos llegado al Gobierno. Para conseguir una Euskadi en Paz y en Libertad., Una Euskadi de convivencia plural. Una Euskadi solidaria, sostenible y competitiva. Una Euskadi para todos, hecha entre todos y no unos contra otros.

 

 

La socialdemocracia y el Estado del Bienestar en el siglo XXI

CONFERENCIA ANTE LA LONDON SCHOOL OF ECONOMICS (7 DE MARZO DE 2011)

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Y sé que hablar de socialdemocracia y de Estado del Bienestar puede sonar a cosa del pasado, a una especie de añoranza de una opción perdida. Para algunos, hablar de ideales políticos, de propuestas que reivindican valores, como elementos para fundar la convivencia ciudadana, es un anacronismo.

Porque, aparentemente, hemos abandonado el debate de las ideas, para crear una discusión sobre las cosas. Los números y las estadísticas se han adueñado del debate público. Y frente a los datos, las ideas tienen que retirarse como si fueran buenos deseos infantiles que no pueden modificar la realidad, que se impone por sí misma, como las tormentas de verano.

Y en este discurso aparece la economía como un enorme argumento que tiene vida por sí mismo y frente al que no podemos más que aceptar su marcha imparable.

La economía ha adoptado el rol que la naturaleza tenía para las sociedades primitivas: algo externo a la voluntad de las personas y que se impone con sus propias leyes. Y a nosotros sólo nos queda tratar de adivinar sus movimientos para adaptarnos como mejor podamos.

Por eso, yo quiero, frente a esta especie de fatalismo, reivindicar el triunfo del hombre sobre el estado de naturaleza. La autonomía de las sociedades, sobre las leyes físicas. Y quiero reivindicar la economía como una actividad humana, plenamente humana, y, por lo tanto, sujeta a las decisiones colectivas y supeditada a los intereses generales de la sociedad. La economía es algo que hacemos las personas; no es algo que sucede de forma independiente.

Y con ello, lo que quiero decir, es que los que reivindican la total independencia de la economía lo que realmente han conseguido es usurpar la capacidad de decisión de la sociedad en su conjunto, para dejar las decisiones en manos de unos pocos.

La economía no tiene voluntad propia. No adopta decisiones, sino que funciona como la suma de decisiones de personas o de empresas, que tienen poder sobre elementos fundamentales de la economía. Las manos invisibles que decía Adam Smith, tienen dueños. Dueños que no quieren estar sujetos a las decisiones colectivas de las sociedades democráticas.

Y si la esencia de la democracia es decidir, de forma colectiva, las cuestiones que afectan a nuestra vida, el poner la economía fuera del ámbito de las decisiones políticas, está creando un grave quebranto de la democracia misma.

Decía Bobbio que profundizar en la democracia quiere decir, decidir más gente sobre más temas que nos incumben.

Las democracias occidentales hemos recorrido a lo largo del siglo XIX y el XX un largo camino sumando personas a las decisiones colectivas; de los propietarios que eran los únicos que tenían derecho a decidir al inicio, pasamos a integrar a todos los hombres y más tarde, demasiado tardíamente, hemos integrado a la otra mitad: a las mujeres. Ha sido un caminar incesante para ampliar el número de personas que participan en las decisiones colectivas.

Sin embargo, en la otra faceta que plantea Bobbio, es decir: decidir sobre más cosas que nos afectan a todos, en los últimos años, hemos ido en retroceso. Se nos ha dicho, una y otra vez, que la economía tiene sus propias leyes y que la política no la puede restringir sin poner en grave riesgo el progreso. Y se nos ha pedido renunciar al control de algo que condiciona de forma sustancial nuestras opciones de vida.

Pero es hora ya de hacer balance.

Y vemos que la desigualdad en la distribución de la riqueza está adquiriendo niveles insoportables en amplios colectivos. Por ejemplo, Paul Krugman considera que EEUU ha vuelto a niveles de desigualdad y de concentración de renta similares a la muy injusta década de los años 20.

Y es que, los datos estadísticos de PIB global, no pueden ocultar que el progreso ha sido costeado por la marginación y miseria de muchos.

Wilkinson y Pickett nos advierten de que “los problemas de los países ricos, no son la consecuencia de que estas sociedades no sean lo suficientemente ricas, sino que las diferencias materiales entre las personas, dentro de cada sociedad, son excesivamente grandes”.

Las sociedades actuales son sociedades fragmentadas, con ciudadanos organizados en grupos de intereses y con la inmensa mayoría vagando en solitario por la vida.

Y en este sentido, la crisis que estamos sufriendo en la actualidad no es sólo una crisis económica. Sino que es también un fracaso de un modelo social determinado. Es el fracaso de una ideología que ha fraccionado a las sociedades modernas, que ha roto la solidaridad ciudadana y ha dejado al individuo aislado. Es el ejemplo claro de que si dejamos sin ningún tipo de control a los poderes económicos, crean desigualad, división social y terminan poniendo en riesgo todo el sistema.

Las clases medias que hoy disfrutan de bienestar han decidido, en gran medida, romper con su propio pasado. Han cortado el puente de la movilidad social después de haberlo cruzado. Reivindican su ascenso social como producto, únicamente, de su mérito personal, olvidando que son, también, el producto de la solidaridad del Estado del Bienestar.

Porque la situación de las clases medias actuales es el resultado de una larga historia de solidaridad y de construcción de estructuras públicas, para garantizar la igualdad de oportunidades. Son el resultado de los sistemas de pensiones que han permitido, que los hijos, pudieran estudiar en vez de trabajar para mantener a sus padres. Son el resultado de los servicios públicos de enseñanza, que han garantizado a todos igualdad de acceso al conocimiento. Son el resultado de los sistemas de salud universales que han proporcionado seguridad ante la vida, permitiendo poder invertir recursos (no en su salud), sino en su propio proyecto vital.

En todo caso, las clases medias actuales son la demostración más contundente del triunfo del Estado del Bienestar.

Pero el Estado del Bienestar no surgió sólo por generación espontánea; fue el resultado de decisiones colectivas. Fueron acuerdos políticos generalizados que optaron por definir un modelo social de progreso compartido. El Estado del Bienestar es un modelo social que pone al servicio de la ciudadanía, los recursos públicos y la economía. Y pide a cambio, a todos, colaboración y esfuerzo.

Y ha sido el sistema que mayor nivel de progreso (y para más gente) ha proporcionado en toda la historia conocida. Un sistema que, además, daba confianza en un futuro de bienestar.

Sin embargo, ahora nos encontramos ante unas circunstancias que no habíamos conocido hasta la fecha: por primera vez, los jóvenes de hoy, piensan (en general) que van a vivir peor que sus padres.

Esto no había sucedido nunca y la pregunta es ¿no podemos hacer nada para evitarlo?

Fausto, al darse cuenta de su error, no pudo recuperar su alma, pero nosotros sí podemos.

Yo planteo reivindicar la capacidad de la ciudadanía para decidir su propio futuro colectivo.

Y es que las realidades sociales no son hechos materiales como los ríos o los montes, son el resultado de decisiones políticas. Y la realidad social actual se puede y se debe cambiar y no podemos renunciar a hacerlo.

Por eso planteo la necesidad de que la ciudadanía coja con sus manos la decisión de construir su propio destino. Estoy planteando más democracia. Estoy planteando una democracia de la gente frente la gestión pública de las cosas. Porque los acuerdos públicos no deciden cosas; deciden vidas de los ciudadanos

Y la política es el ámbito privilegiado donde la ciudadanía puede adoptar sus propias decisiones y recuperar el control de las fuerzas económicas que están actuando al margen de todo control.

La política es el lugar donde podemos plantear que la economía debe ser una actividad para generar riqueza colectiva.

Y para ello, nos hacen falta instituciones democráticas sólidas y sociedades unidas y fuertes.

Dice Bauman que el Estado del Bienestar es la última encarnación de la idea de comunidad, porque ha sabido crear una sociedad en la que las personas se sienten miembros de la misma aventura. Pertenecientes a un “Nosotros” solidario que crea progreso y aporta confianza en el futuro.

Por eso, frente a quienes pretenden desmontarlo, debemos recuperar los viejos valores sociales del esfuerzo compartido, la solidaridad interna y la definición de objetivos comunes capaces de sumar voluntades que nos den esperanza en lo que está por venir.

Nos dicen que es la hora de la responsabilidad individual. Que el Estado no tiene que resolver nuestros problemas, porque ya somos lo suficientemente válidos como para hacerlo nosotros mismos. Pero esta afirmación biensonante, parte de una ficción social. Tendría sentido si todas las personas nos encontráramos, al inicio de nuestra vida, en igualdad de condiciones y con iguales oportunidades.

Si todos iniciáramos la carrera de la vida desde el mismo punto de partida. Pero al individuo que está sujeto a la tiranía de la necesidad, que no tiene margen para competir en igualdad con otro, no podemos pedirle la misma responsabilidad. Aunque si podemos pedirle el mismo esfuerzo.

Y sólo una sociedad solidaria y unas instituciones públicas fuertes, pueden garantizar a todos la posibilidad de progresar. Pero es un pacto de corresponsabilidad en dos direcciones: de todos con todos. Lo que debe definir las relaciones sociales, no es tanto la responsabilidad individual, como la corresponsabilidad de todos.

El dejar exclusivamente en manos de la responsabilidad individual las posibilidades de cada uno, es iniciar una cacería en la que sólo los más fuertes (y, a veces, los más crueles) se quedan con la pieza.

Si quitamos el Estado, con su capacidad redistributiva; si renunciamos a los servicios públicos universales; si desmantelamos las prestaciones sociales; no surge, como nuevo amanecer, una sociedad vigorosa: sino que quedan a un lado, en la penumbra que no queremos ver, los ciudadanos abandonados a su suerte que no consiguen salir de pobreza. En el centro, una contienda sin normas de todos contra todos. Y desde el fondo, surge un nuevo Estado, provisto esta vez, de policías, de jueces y de videocámaras para poner control en el desconcierto.

Por eso planteo que los europeos recuperemos el verdadero valor de la política. Recuperar, para el ámbito del debate público, todas las cosas que nos incumben. Tener el valor de definir qué sociedad queremos para nosotros y nuestros hijos y adoptar las decisiones necesarias para lograrla.

Y para ello, los socialdemócratas debemos perder los complejos acumulados. Debemos entender la gestión pública como el espacio para la reforma y el cambio social. Debemos abandonar la resignación de gestionar la “res pública” sólo como el medio para minimizar los daños.

Sabemos que el neoliberalismo ha fracasado. Sabemos que una sociedad fragmentada no puede ser solidaria. Sabemos que si no logramos definir tareas colectivas no es posible que los ciudadanos se sumen a la solidaridad común. Y sabemos que tenemos que enfrentarnos a problemas que, evidentemente, no son los de los años 50 ó 60

Pero tenemos que decir, alto y claro, que la sostenibilidad del Estado del Bienestar no es sólo, ni sustancialmente, cuestión de números: es cuestión de decisión y de voluntad colectiva. Si decidimos que queremos, podemos mantenerlo. Y habrá que hacer las reformas necesarias, algunas dolorosas, pero sabremos para qué hacemos los esfuerzos.

Es decir, la decisión no puede ser sólo sobre si hay dinero o no para mantenerlo y resignarnos a su abandono. No. La decisión que debemos adoptar es si queremos una sociedad en la que las personas puedan tener igual dignidad. Si queremos vivir en una sociedad donde el mero hecho de nacer en una determinada familia suponga una condena perpetua a la pobreza o no.

Y si, efectivamente, queremos sostener el Estado del Bienestar, por todo lo que significa, tendremos que adoptar las decisiones necesarias que nos lleven a conseguirlo.

Y sé que la sostenibilidad del sistema de bienestar es compleja y que hay que buscar la coordinación y el equilibrio de muchos factores. Pero nos podemos enfrentar a ello de dos maneras bien diferentes: Podemos decir, estos son los recursos que tenemos y hasta aquí llega nuestro Estado del Bienestar, nuestros servicios públicos o nuestras políticas sociales. O al revés, éste es el nivel de progreso y de bienestar que quiero como sociedad y voy a buscar la forma de tener recursos suficientes para conseguirlo. Y, para ello, hay que trabajar en cinco ámbitos diferentes:

1º) El primero es crecer económicamente. Nadie pretende repartir pobreza. Sin economía próspera no hay riqueza que repartir, ni impuestos que cobrar. Y, por eso, hay que poner las bases para aumentar la productividad de la economía. Y el futuro pasa por basar la economía en el conocimiento, en la innovación y en la competitividad.

2º) Lo segundo es tener unas cuentas públicas saneadas que puedan hacer frente al futuro con garantías. No podemos permitir que una deuda excesiva absorba los recursos públicos que deben ser utilizados para mantener servicios.

3º) Unos ciudadanos responsables que no utilicen de forma fraudulenta o abusiva los servicios y las ayudas públicas. Y si luchar contra el fraude fiscal es importante, también lo es luchar contra el fraude en los servicios públicos por que es la manifestación de la mayor de las insolidaridades.

4º) Una administración eficiente y austera que no derroche los recursos públicos. Tenemos que depurar los servicios públicos de las perversiones que han ido acumulando. Tenemos que hacerlos más eficientes. Tenemos que lograr recuperar la confianza ciudadana en la administración pública. La ciudadanía debe poder ser controladora y ser juez de su buen funcionamiento. Debemos abrir las ventanas de la administración para que no se puedan enquistar privilegios bajo lenguaje de la burocracia. La administración pública debe ser la mano que distribuye la solidaridad común y debe hacerlo de forma transparente y equitativa.

5º) Una fiscalidad suficiente para garantizar el sistema. Para mí el debate sobre fiscalidad no es un debate meramente económico, sino que es un debate político y social, porque la pregunta fundamental a la que debe responder no es qué impuestos queremos pagar, sino qué servicios esperamos recibir. Qué educación, qué sanidad, qué cobertura social, qué infraestructuras, qué justicia… y cómo lo pagamos.

Y para ello hay que hablar con claridad a los ciudadanos. Explicar los esfuerzos que se le requieren a cada uno y el modelo social que queremos construir para todos.

Bueno, pues ésta es, muy someramente, la teoría de lo que queremos y estamos empezando a hacer en Euskadi.

Porque, en el País Vasco, estamos muy orgullosos de nuestro modelo de bienestar, de nuestro sistema de protección social. Con seguridad el más amplio de España y asimilable, en alguno de sus ámbitos, a los de los países europeos más desarrollados.

Pero sabemos que es el momento de introducir cambios y reformas, para mejorarlo y hacerlo sostenible en el futuro. Verán, el objetivo del Gobierno Vasco no es tener una economía sostenible, sino construir un país sostenible, solidario y competitivo.

Y a ello le estamos dedicando la mayor parte de nuestros esfuerzos. No me voy a extender sobre las actuaciones concretas porque a lo largo de este ciclo de conferencias las irán conociendo.

Pero, aunque todavía sentimos los efectos de la crisis, empezamos a crecer económicamente. Nuestros índices de producción industrial, de exportaciones e importaciones crecen. Tenemos, aproximadamente, la mitad de desempleo que el resto de España (muy similar a la media europea).

Tenemos un tejido empresarial bien diversificado, con un alto porcentaje de inversiones en innovación, con Centros Tecnológicos de primer nivel. Bien posicionados, tanto en sectores maduros pero con buena capacidad de desarrollo futuro, como en nuevos sectores como el de las energías renovables, las biociencias, el vehículo eléctrico,...

Estamos haciendo una apuesta fundamental por el conocimiento. Empezando desde el primer nivel de la educación, donde hemos empezado a introducir el trilingüismo (euskera, castellano e inglés) o lo que llamamos Eskola 2.0, facilitando el acceso a las nuevas tecnologías (con ordenadores personales y aulas digitales) para todos los alumnos.

Estamos reformando la sanidad pública. Para seguir manteniendo la calidad en la atención a los enfermos agudos, pero para empezar a orientaría en la atención de las enfermedades crónicas que, por nuestra tendencia demográfica va a ser, sin duda, el gran reto al que tenemos que hacer frente para poder sostener el sistema público de salud.

Estamos transformando todas nuestras ayudas y políticas sociales, en políticas activas. Vamos a intentar que toda aquella persona que cobre una ayuda o un subsidio, tenga un recorrido formativo personalizado para aumentar su empleabilidad y para que esté en mejores condiciones para acceder al mercado laboral.

Hemos puesto en marcha el Open Government y el Open Data, para que la ciudadanía vasca, no sólo tenga acceso a la información, sino tenga, también, las herramientas necesarias para participar y aportar propuestas a la vida pública. Bueno, podría seguir poniendo ejemplos, pero no dispongo de tiempo, porque sé que no me puedo marchar sin hablar de nuestro principal problema que es la existencia de ETA.

Ustedes saben que es una lacra que dura ya muchos años en Euskadi. Comenzó en la época de la dictadura y aún no ha terminado. Y quisiera darles un dato significativo y terrible a la vez: ETA ha matado sobre todo durante la democracia y cuando Euskadi tenía ya el autogobierno más amplio, seguramente, de toda Europa. No durante la dictadura. Es por tanto falso la fábula romántica de que es una organización que surge para derrocar la dictadura.

Y sigue existiendo. Aunque puedo decirles que los demócratas les hemos ganado. Que cada día que pasa ETA está más débil. Que cada día que pasa ETA tiene menos apoyos ciudadanos. Estoy convencido de que estamos llegando al final de la pesadilla. ETA y los colectivos que le han prestado su apoyo están interiorizando que se terminó el totalitarismo para siempre. Que sólo aceptando el sistema democrático, con sus instituciones y sus normas van a poder participar en la política pública. Y que están avanzando en esa dirección. Y eso es una buena noticia.

Y también les puedo decir que lo que nos ha traído hasta esta situación ha sido la firmeza democrática; la eficacia del Estado de Derecho; la política de tolerancia cero ante cualquier expresión de violencia o de connivencia con la violencia; y la unidad y el rechazo social.

Y por eso ahora, la Izquierda Abertzale, que tradicionalmente ha dado cobertura política a ETA, ha presentado un nuevo partido, manifestando su intención de integrarse en democracia y diciendo que rompen con el pasado de apoyo al terrorismo. Y será la justicia quien determine si cumple de forma fehaciente los requisitos para participar en la vida democrática.

En la sociedad vasca hay escepticismo y desconfianza, porque en ocasiones pasadas decían cosas parecidas y nos engañaron. Pero también hay esperanza en que esta vez vayan en serio y estemos en el final de la pesadilla.

Y somos conscientes de que, con el final de ETA, se abrirá un nuevo tiempo en la sociedad vasca. El tiempo de la unidad social y la tolerancia. El tiempo de la democracia y el pluralismo político. Y para ello, tenemos que ser capaces de buscar la concordia, porque vivir juntos es convivir. Y Tres son los ejes que guiarán la acción política de mi gobierno en este sentido: Justicia, verdad y democracia

Justicia para reconocer el daño causado. Para resarcir el dolor de las víctimas.

Verdad para no olvidar lo ocurrido y para que la memoria se convierta en muro de contención frente a futuros totalitarismos y violencias.

Y democracia para construir la convivencia en libertad. Para consolidar el pluralismo político y el reconocimiento de identidades diferentes.

La democracia está ganando al terror y al totalitarismo en Euskadi. Ahora nos toca construir la convivencia con igual libertad para todos y fomentar la tolerancia que reconoce iguales derechos a personas diferentes.

Pero como les decía Euskadi es más que terrorismo: Euskadi es un país moderno que no quiere quedarse rezagado en el progreso global. Somos un pequeño país con grandes objetivos. Tenemos una economía industrial moderna y competitiva. Nuestras empresas han comenzado a caminar por la aldea global con naturalidad, buscando nuevos mercados.

Hemos iniciado reformas profundas para adecuar nuestra sociedad a las necesidades del siglo XXI.

Queremos que Euskadi sea un país de ciudadanos libres, solidario, sostenible y competitivo.

Sabemos lo que queremos y estamos dispuestos a hacer los esfuerzos necesarios para lograrlo.

Somos un pequeño país de 2.200.000 habitantes. Un país que tiene los brazos abiertos para los visitantes (de hecho, en 2010, pese a la crisis, hemos tenido el récord histórico de visitantes). Así que les invito a que nos visiten. A que nos conozcan y comprueben porque estamos tan orgullosos de nuestra combinación de tradición y modernidad. A que disfruten de su estancia en Euskadi con los cinco sentidos, porque es la mejor forma de conocernos.

Muchas gracias.


125 aniversario de la fundación del Partido Socialista de Euskadi

DISCURSO DEL 125 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO SOCIALISTA DE EUSKADI. (TEATRO CAMPOS 30 ABRIL 2011)

Nuestra historia acumula esfuerzos y luchas, esperanzas y sufrimientos, derrotas y victorias: pero sobre todo acumula el orgullo socialista de mantenernos firmes en nuestros ideales…

En el fondo, la historia del Partido Socialista, es la historia de una larga marcha hacia la libertad y la igualdad de todos y de todas. Desde aquél 14 de mayo de 1893 en el que, Facundo Perezeagua y los primeros Socialistas organizaron una marcha a pie, desde La Arboleda hasta Bilbao, estamos caminando hacia la misma meta: la de la libertad y la dignidad; la de los iguales derechos para todos; la de las mismas oportunidades en la vida para los que tienen mucho y para los que no tienen nada.

Y esa marcha que iniciaron hace más de un siglo, aún no ha terminado. No ha terminado porque aún hay gente que no puede vivir con la misma libertad que los demás. No ha terminado porque aún hay personas, familias enteras, condenadas a la marginación por el mero hecho de nacer en un determinado sitio o en una familia pobre.

Y esta marcha no va a terminar hasta que todas las personas, sin distinción de ningún tipo, sean consideradas iguales, sean considerados de “los nuestros”.

Los mineros que bajaron de los montes de La Arboleda eran personas marginadas, con derechos amputados, sin posibilidad de escoger dónde vivir o donde comprar su pobre comida. Y reivindicaron ser ciudadanos iguales a los demás. Ser reconocidos como miembros del mismo “Nosotros” colectivo.

Los que estamos aquí conocemos el esfuerzo realizado por las anteriores generaciones que pusieron los cimientos del Estado del Bienestar que nos ha permitido disfrutar de muchas más oportunidades que ellos.

Y por eso reivindicamos el orgullo callado de nuestros orígenes. Lo hacemos sin ostentación, pero sabemos que todos los logros han venido de la mano de un gran esfuerzo compartido, porque nadie nos ha regalado nunca nada.

Hoy algunos nos dicen que las ideologías no tienen sentido. Que los valores ya no habitan entre nosotros. Pero mienten:

Sigue habiendo gente que necesita de la solidaridad colectiva. Se siguen produciendo injusticias que necesitan ser combatidas. Sigue habiendo personas que se dejan la vida en el intento de acceder a la dignidad y a la libertad. Y sigue habiendo valores, porque seguimos siendo muchos los que no nos resignamos a que esto siga siendo así y no hacer nada.

Los que dicen que no, (los que dicen que ya no existe ni derecha ni izquierda), lo que quieren es que renunciemos a los nuestros para imponer los suyos. Porque también tienen sus propios valores. Valores que rompen la solidaridad para dejar el campo abierto a los más fuertes y poderosos. Valores que fomentan la desigualdad y multiplican las diferencias. Valores que dividen a la gente entre triunfadores y perdedores.

Y frente a eso (que desgraciadamente, parece que cada día se extiende más por el mundo) la izquierda, los Socialistas, seguimos defendiendo una sociedad justa.

Una sociedad que no abandona a nadie y que considera a todos de los “nuestros” Porque las personas mayores, que viven con una menguada pensión y mantienen en su memoria vital el largo camino desde la pobreza, en tiempos de la dictadura, hasta lograr la democracia y el Estado del Bienestar, son de los nuestros.

Porque cada una de las 150.000 personas que hoy buscan trabajo en Euskadi, para tener una vida decente, son de los nuestros.

Cada familia que ha tenido que abandonar su lugar de origen y busca entre nosotros construir una vida digna, esas familias, son también de las nuestras.

Y los que luchan por la libertad en los países árabes y los que pasan hambre y viven explotados. Son de los nuestros.

Porque la izquierda de verdad, los Socialistas, nos definimos fundamentalmente por una actitud ética y moral frente a los que más sufren y menos tienen. Y existimos para estar a su lado; para dar las respuestas que necesitan sus problemas; para cambiar las cosas que no nos gustan.

Y eso es lo que nos une a Facundo Perezagua y a Indalecio Prieto y a Toribio Echevarría y a Ramón Rubial y a tantos y tantos otros Socialistas: la indignación moral frente al sufrimiento ajeno.

Porque lo que nos une a los hombres de la ilustración que reivindicaron los Derechos Humanos; lo que nos une a los viejos utopistas del siglo XIX, lo que nos hace hermanos de los humanistas de buen corazón; y, sobre todo, lo que nos hace herederos de los viejos socialistas, no es un programa político (que va cambiando para ir adaptándose a las circunstancias), son nuestros valores y es una actitud ética frente a los demás.

Pero no somos unos ingenuos y unos ilusos. Sabemos que esto no es suficiente, que la actitud ética está muy bien, pero que se necesita acción para cambiar.

Y a eso, nosotros, le llamamos política.

Para los Socialistas la política es el instrumento para cumplir la promesa de una sociedad decente.

Por eso tenemos una forma particular de gobernar. Por eso, los nuestros son gobiernos que piensan en las personas, no en los intereses.

Siempre hemos gobernado, y gobernamos, pensando en las personas y, especialmente, en los que menos tienen, en los más vulnerables.

…//…

Desde aquella reunión de 1931, en San Sebastián, a la que acudió Indalecio Prieto para poner las bases del fin de la dictadura, hasta hoy, no ha habido ningún paso significativo, ninguna propuesta de modernidad y progreso, en la que el Partido Socialista no haya sido protagonista primordial.

Hemos participado en España junto con el resto de Socialistas en todos los grandes hitos que nos han hecho avanzar como país y como sociedad.

Los Socialistas estuvimos en los Pactos de la Moncloa para poner fin a la dictadura. Con Felipe González iniciamos la mayor transformación histórica de la sociedad española. Fueron sus gobiernos los que asentaron la democracia.

Fueron sus gobiernos los que pusieron en pie los tres pilares básicos del Estado del Bienestar: la universalización de de la educación poniendo fin al analfabetismo; la universalización de la sanidad, incorporando a millones de personas que no tenían derecho a ser atendidas en su enfermedad; y el reconocimiento de las pensiones no contributivas para todos nuestros mayores.

Fue un gobierno Socialista el que lideró, también, la integración en la Unión Europea que tanto nos ha aportado.

Y ahora han sido los gobiernos de Zapatero los que han garantizado derechos civiles a colectivos que hasta ahora vivían en la marginación. Han sido sus gobiernos los que han avanzado, como nunca, hacia la igualdad real de las mujeres. Y han sido sus gobiernos los que han puesto en marcha la consolidación del cuarto pilar del Estado del Bienestar: el de las políticas sociales, con la ley de Dependencia para que nadie tenga que vivir en el abandono.

Y en todos estos gobiernos, los Socialistas Vascos hemos sido protagonistas (y aquí tenemos buena muestra de lo que digo). Y estamos muy orgullosos de ello.

Pero, en Euskadi, hemos sido mucho más necesarios y hemos aportado mucho más:

Hemos sido muro contra el totalitarismo terrorista.

Hemos sido los impulsores y hemos participado, en primera línea, en la consolidación del autogobierno Estatutario en Euskadi.

Hemos sido defensores de la unidad de la sociedad vasca frente a quienes, con sus planteamientos soberanistas, dividían y fracturaban Euskadi en dos.

Hemos buscado el entendimiento y la suma con los demás porque sabemos que este país sólo puede construirse entre todos y no unos contra otros.

Hemos defendido, siempre, nuestras instituciones y el Estado de Derecho porque creemos en el sistema democrático y en la separación de poderes. Y por eso no jugamos, ni a presionar ni a sustituir a la Justicia, sino que acatamos y respetamos sus decisiones (cuando nos gustan y cuando no nos gustan), porque lo contrario es debilitar la propia democracia. Y por eso ahora no jugamos ese peligroso juego de utilizar todo para atacar al adversario (y da igual que sea la lucha antiterrorista o la propia justicia) porque es una irresponsabilidad absoluta.

Si a otros que se les llena la boca hablando de patriotismo constitucional, les da igual arremeter contra las bases mismas del sistema democrático y debilitarlo, para ganar votos, a nosotros no.

Hemos dejado siempre al margen, nuestros intereses particulares y nuestros intereses de partido, para defender (por encima de todo) el interés común de la sociedad vasca.

Hemos defendido que la convivencia de los distintos, con derechos y oportunidades iguales, será siempre nuestra mejor seña de identidad. Porque se trata de reconocer la pluralidad y la diversidad de la sociedad vasca, pero no para enfrentarla, sino para sumarla.

Y, tanto desde la oposición como desde el Gobierno, hemos trabajado por el bienestar, el progreso y la modernización de nuestro país.

Y por eso hoy quiero reivindicar la aportación de los Socialistas a la construcción y a la modernización de Euskadi, desde que Ramón Rubial, primer Lehendakari de la democracia, diera el primer impulso al Estatuto de Gernika.

Porque fue un Socialista el que puso en marcha el Sistema Vasco de Salud “Osakidetza”, nuestro orgullo de servicio público.

Fueron Consejeros Socialistas los que reordenaron y pusieron en marcha el sistema vasco de enseñanza con el Pacto Escolar.

Fue un Consejero Socialista el que empezó a modernizar nuestras infraestructuras y participó en la puesta en marcha del Metro de Bilbao.

Los que pactamos los primeros Planes de Euskaldunización. Las primeras políticas sociales…

Y es, ahora, un Gobierno Socialista el que está, de nuevo, impulsado las reformas para la nueva modernidad y el sostenimiento del Estado de Bienestar que tanto nos ha costado conseguir.

Es un Gobierno Socialista el que está poniendo fin a una década de enfrentamiento identitario, reconociendo a todos la libertad de identidad.

Es un Gobierno Socialista el que ha recuperado definitivamente los espacios públicos para la libertad y la ciudadanía, poniendo fin a la impunidad de los violentos.

Somos los dos Gobiernos Socialistas, el de España y el de Euskadi, los que estamos acorralando a la banda terrorista y obligándola a un final cercano.

Somos los Socialistas los que estamos garantizando la libertad de opinión para todos, para que nunca más un ciudadano vasco u una ciudadana vasca, tenga que bajar la voz para opinar y defender sus ideas.

A cada generación le toca decidir el modelo social, el modelo de país, que quiere para su futuro. Hoy estamos en esa situación: tenemos que decir como queremos que sea Euskadi, como queremos vivir juntos en el futuro.

Y los Socialistas lo tenemos claro: queremos derribar las dos fronteras de injusticia que han recorrido Euskadi, la frontera de la desigualdad, y la frontera la división identitaria.

Y sabemos que la solución está en la defensa del Estado del Bienestar y en el fortalecimiento de los servicios públicos y de las políticas sociales, para terminar con la desigualdad y ofrecer a todos las mismas oportunidades en la vida.

Y que la solución es más democracia, para todos. La defensa radical de la libertad y de las instituciones democráticas para garantizar iguales derechos a todos, independientemente de las identidades personales.

Esa es nuestra propuesta. Ese es nuestro objetivo.

…//…

Pero termino, porque me estoy alargando demasiado y quiero terminar, en un día en que estamos recordando nuestro papel en éste país, con un homenaje a los que ya no están con nosotros.

Suelo decir que caminamos a hombros de gigantes porque somos lo que somos, porque ellos fueron antes que nosotros.

Defendemos la libertad porque a otros les arrebataron la vida defendiéndola.

Y quiero colocar tres rosas, para que no se nos olvide nunca.

Una rosa por los viejos mineros de La Arboleda y los primeros Socialistas que fundaron nuestro Partido aquí en Bilbao hace 125 años. Fueron la voz desgarrada por la indignación ante la injusticia y la explotación. Fueron los que encendieron la mecha de la esperanza.

Una rosa por los que hicieron de su vida un ejemplo de dignidad y firmeza en defensa de los valores Socialistas, a pesar de sufrir cárceles, destierros, exilios y paredones.

Y una rosa por todos los compañeros y compañeras Socialistas a los que arrebataron la vida por no dimitir de la dignidad humana.

Seguimos su larga marcha hacia la Libertad y la Igualdad y nada ni nadie nos va a detener.

5 comentarios
  • 13 de octubre de 2011

    Qué pena de respuesta de Lehendakaritza! ¿Que no son de ningún partido?¿Que ese discurso no se ofreció en su calidad de secretario general del PSE? Que refleja la ideología del Lehendakari, desde luego. Pero no la ideplogía en su calidad de tal, sino en su calidad de lìder, secretario general, del partido socialista de Euskadi. Sin tapujos. Pero sin razón para estar incluido en esta página pagada con el dinero de todos.

  • Lehendakaritza
    13 de octubre de 2011

    Las intervenciones aquí recogidas no son de ningún partido, sino las realizadas por el Lehendakari en diferentes foros a lo largo de dos años y con ellas se pretende dar una visión resumida de su pensamiento sobre cuestiones tan variadas como la política, la economía, la convivencia en Euskadi o la defensa del Estado de Bienestar.

    La selección se ha realizado en función del interés de los contenidos y no tanto de los convocantes del acto. Por ello, no se contemplan exclusivamente los actos convocados por el Gobierno Vasco, sino también los organizados por otras entidades tanto públicas como privadas.

    En todo caso, agradecemos la opinión y el interés mostrado en los discursos.

  • 11 de octubre de 2011

    Muy bonito el discurso. Pero, ¿QUÉ PINTA UN DISCURSO DE UN PARTIDO EN LA PÁGINA DEL GOBIERNO DE TODOS? Supongo que será un error, a subsanar a la mayor brevedad posible y objeto de la correspondiente disculpa.

  • @aratzcastro
    10 de agosto de 2011

    Comentario de Twitter:
    El autobombo de Patxi López. Discursos 2009/11 patrocinado por @Irekia http://t.co/Wrs6Wne

  • 5 de agosto de 2011

    Las palabras del profesor Ruiz Soroa, que prologan los textos del lehendakari, son ciertas por cuanto recogen los dos pilares fundamentales del pensamiento de López y del socialismo vasco, desde los tiempos de Facundo Perezagua y Tomás Meabe: la belleza de una retórica rica en expresiones e imágenes no resta valor a las razones alejadas de la puramente mágica textualización del nacionalismo, que sólo vive del pensamiento mágico y de la mitología.

    Y esas dos “patas” de su discurso -la bella retórica del socialismo junto con las razones de la laicidad identitarista- son, lehendakari, la mejor medicina para los vascos que todavía nos resistimos a los embates de esta religión panteísta que es el nacionalismo contemporáneo; el vasco, en nuestra coyuntura. Gracias, pues.

    Pienso que el PSE.EE no podrá mantenerse en el Gobierno dentro de dos años. Ya ocurrió en 1990, cuando el socialismo fue expulsado con cajas destempladas por un PNV abierto a la radicalidad. Y sin embargo, no pudo entonces mantenerse más que unos pocos meses en el poder radical: expresión máxima de la centralidad del socialismo, acostumbrado a las debacles de este país anestesiado por la religión abertzale, pero indispensable en su gobernación, desde las instituciones y, por supuesto, desde la oposición.

    No lo olvide, lehendakari, cuando el PSE-EE vuelva al sillón de la oposición: deberá repetir su fortaleza pétrea, expresión de estas tres décadas de persecución etarra y radicalidad ibarretxista, pero también de represión franquista.

    Si lo pensamos bien, el futuro pinta mejor que cualquier época pasada. Disfrutémoslo y refugiémonos en nuestro ateísmo nacionalista.

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(IX legislatura 2009 - 2012)