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Conferencia del Consejero Pedro Azpiazu "Mirada económica al presente y futuro de Euskadi" en el encuentro de Deusto Business Alumni

20 de noviembre de 2019

MIRADA ECONÓMICA AL PRESENTE Y FUTURO DE EUSKADI

Pedro Azpiazu Uriarte

CONSEJERO DE HACIENDA Y ECONOMÍA

Bilbao 20 de noviembre de 2019

Egunon denoi, agintariok, adiskideok, lagunak.

Agur bero bat Deustuko Unibertsitateko CRAIko aretoan zaudeten guztiei.

Lehenik eta behin, eskerrak eman nahi dizkiet Deusto Business Alumniri eta Agustin Garmendia presidenteari, topaketa hauetan parte hartzera gonbidatzeagatik. Eta baita Alvaro de la Rica Deusto Business Schooleko dekanoari, eta PwCko Asier Atutxari ere, euren berbengatik.

La presente legislatura, que va llegando a su fin, ha estado marcada por la Estrategia de Desarrollo Humano Sostenible que ha guiado el Programa de Gobierno 2016-2020 y se ha visto reforzada con la elaboración de la Agenda Basque Country 2030.

Esta estrategia implica la necesidad de considerar que el binomio generación y distribución de renta es interdependiente. Existe evidencia empírica sobre el efecto positivo que tiene la disminución de las desigualdades, especialmente en la parte baja de la distribución, no sólo en términos de justicia social sino también en términos de crecimiento económico.

La consideración de la interdependencia entre generación y distribución de riqueza nos lleva a tomar conciencia de la relevancia que adquiere el crecimiento inclusivo. Un crecimiento basado a su vez en las relaciones que se tejen entre cuatro formas de capital, como son el capital social, el capital humano, el capital natural y el capital financiero y físico. La consideración conjunta de los cuatro capitales es clave para afrontar la triple transformación que se está produciendo en el escenario global (Demográfico-Social, Energético-Ecológica y Tecnológica-Digital) y que precisa de respuestas locales, tal y como apuntaba el Lehendakari en el debate de política general del pasado 20 de septiembre.

La Transformación demográfico social en Euskadi supone que entre 2015 y 2030 se precise el relevo de 370.000 personas ocupadas, lo que unido a cualquier hipótesis modesta de crecimiento arroja una cifra de oportunidades de empleo de más de 500.000, cuando la población activa tiende de forma natural al estancamiento. Sabemos que la respuesta endógena de la economía atraerá inmigración neta como lo ha vuelto a hacer en los últimos años (14.700 personas en 2018) y que la población activa crecerá; pero aun así el desafío de semejante renovación del capital humano es colosal. Además de ello, habrá que hacer frente a las necesidades que se derivan del envejecimiento de la población para los servicios sociales y para el sistema de salud.

Por su parte, el cambio climático constituye desde hace tiempo una amenaza cierta, aunque de diferente naturaleza por constituir un riesgo colectivo a escala global. El que seamos alumnos aventajados en la reducción de emisiones o que por el contrario actuemos como free riders no nos garantiza un resultado de ningún tipo.  Pues bien, si atendemos a los hechos, la triste realidad es que casi la mitad de las emisiones de CO2 se han puesto en la atmosfera después de 1990; lo que da idea de la dificultad que entraña enfrentar este problema de acción colectiva y conseguir la cooperación efectiva, aunque sólo sea de las 12 economías que son responsables de tres cuartas partes de las emisiones. Como se pueden imaginar, no sólo se trata de la dificultad de la cooperación sino del coste de las acciones para detener el calentamiento.

La Gran Recesión sufrida en 2008 generó o agudizó los desequilibrios que el crecimiento económico inducía sobre estos cuatro capitales, social, humano, natural y físico. Por este motivo, aunque los niveles de PIB, se recuperaron en 2016, los desequilibrios relacionados con el capital social, el capital humano, el capital natural y el capital físico no se han atenuado lo que refuerza la necesidad y prioridad por avanzar en un crecimiento inclusivo que vaya más allá del mero crecimiento del PIB.

Avanzar por una senda de crecimiento inclusivo que vaya más allá del PIB exige en ocasiones entender lo que es necesario recuperar y lo que es necesario reformular del modelo de crecimiento pasado, todo ello, a la luz de los nuevos retos planteados. La recuperación no puede entenderse en sentido estricto como volver a la situación anterior a la Gran Recesión. De la misma manera que hay empleos y empresas que no regresarán, hay prestaciones o niveles de prestaciones que tampoco podrán hacerlo.

Mirar al pasado sí, pero para aprender de los errores y no cometerlos de nuevo y afrontar de este modo el futuro con mayores garantías de éxito.

Para ello, es necesario actuar con decisión desde el momento actual para reforzar el capital social, el capital humano, el capital natural y el capital físico y financiero de Euskadi. Dicho refuerzo, junto con las grandes transformaciones globales que precisan de respuestas locales porque también nos incumben, han configurado las cuatro grandes prioridades a las que los presupuestos 2020 pretenden aportar respuestas desde el momento presente.

  1. Prioridad para las actuaciones que reduzcan los desequilibrios materializados en forma de diversas brechas: salarial, social, de género, generacional, territorial y digital.

En Euskadi contamos con índices comparados de desigualdad favorables, como lo muestran los valores del índice Gini (26,7) en torno a cuatro puntos menores que los de la UE 28 o la zona euro, y también los índices de pobreza grave o de ausencia de bienestar.

Pero como hemos puesto de manifiesto en el  Informe Anual de 2018, en base a estadísticas laborales y a la última Encuesta de Pobreza y Desigualdades Sociales, la distribución ha empeorado por el comportamiento opuesto de los dos extremos de la distribución salarial (se estancan los salarios de abajo y crecen los de arriba) y también ha aumentado el índice de pobreza relativa por las familias monoparentales, las personas solas y los hogares con inmigrantes.

En el marco de esta prioridad destaca el ENFOQUE DE GÉNERO  puesto que el 10,5% del presupuesto incorpora la perspectiva de género que se materializa en actuaciones dirigidas a reducir la brecha salarial, a combatir la violencia contra las mujeres y a trabajar en pro de la igualdad.

  1. Prioridad para las actuaciones que impulsen la equidad, la excelencia y la inclusión en el sistema educativo, así como la empleabilidad de las personas a lo largo de la vida.

El desarrollo del capital humano es crítico. En un contexto además de envejecimiento de la población y de escasez futura de la mano de obra necesaria para generar riqueza en el país, la inclusión y la movilidad social serán determinantes para maximizar la población activa. Por todo ello, la educación adquiere un protagonismo creciente en las prioridades del Gobierno.

Un reto que exige redoblar la apuesta por la equidad y la inclusión, porque el sistema educativo propulse el ascensor social, elevando simultáneamente su excelencia.

 3.Prioridad para las actuaciones que luchen contra el cambio climático, el cuidado de la biodiversidad, las energías renovables, la eficiencia energética y la movilidad sostenible.

El capital natural es nuestro bien común por excelencia y como tal lo debemos considerar. El crecimiento genera desequilibrios medioambientales a los que nuestro país no es ajeno. El principal desequilibrio medioambiental es el cambio climático. Nuestro modelo de crecimiento produce resultados colectivos que individualmente no deseamos.

En el marco de esta prioridad destaca la DECLARACIÓN DE EMERGENCIA CLIMÁTICA que se traduce en una cifra global en los presupuestos para 2020 de 540 M€ distribuidos en aquellos Departamentos con actuaciones vinculadas a este reto global.

 

  1. Prioridad a las actuaciones que impulsen la productividad de la economía como palanca de la prosperidad para el conjunto de la ciudadanía.

En el marco de esta prioridad destaca el nuevo instrumento de participación en empresas, el fondo FINKATUZ, gestionado por el IVF. Saben por la reciente presentación del Proyecto de Presupuestos de 2020 que vamos a poder completar en ese año unas inversiones de 175 M€, que se plasmarán en participaciones financieras a largo plazo en grandes empresas vascas para garantizar que mantengan su arraigo en Euskadi y ejerzan un carácter tractor sobre el conjunto del tejido productivo vasco.

La buena posición de liquidez del Gobierno, que ha sido reconocida junto a la solvencia por la revisión al alza del rating a AA-, nos permite elevar substancialmente nuestro objetivo inicial.

No es solo una señal la que lanzamos, esa dotación junto con la disposición adicional del proyecto de ley de presupuestos que define el fondo, constituyen un mensaje firme de que FINKATUZ ha nacido para crecer y consolidarse, para convertirse a largo plazo en un instrumento público importante para favorecer el desarrollo empresarial de nuestro país.

Con estas pinceladas sobre las cuatro grandes prioridades no pretendo ni tratar todos los problemas ni aportar diagnósticos profundos o abanicos de medidas. Lo que quiero simplemente es ilustrar cuáles son las posibles implicaciones presupuestarias de los retos de país e invitarles a reflexionar.

Una vez que hayan pensado fugazmente en todo ello y hayan hecho su cuenta, al menos mentalmente, vuelvan conmigo a analizar las fuentes de financiación.

El alto crecimiento económico nos permitió recuperar el nivel de PIB previo a la crisis en 2016, pero en el caso del presupuesto esa recuperación se demoró dos años más.

Los efectos del crecimiento en la recaudación se hicieron esperar: en 2015 y 2016 la recaudación creció un 2,4% y un 2,7% cuando el crecimiento nominal de la economía fue del 3,2% y el 4%.

Pero por fin se hicieron notar en 2017, año en el que, por el efecto de la regularización financiera con el Estado, creció un 11,8%, que una vez ajustado por la parte de ejercicios anteriores determinó un pequeño superávit del 0,3% en la Administración General y sus organismos autónomos, cuando el déficit previsto era del 0,4%.

El buen cierre de 2017 influyó en la base del 2018, de manera que, aunque la recaudación creció un 3,5%, cuando la economía crecía normalmente el 4,2%, las aportaciones superaron las previsiones en casi 500 M€.

Así, el déficit previsto del 0,3% se transformó en un superávit del 0,5%, siempre hablando de la Administración General y sus organismos.

Estos resultados obtenidos en lo más alto del ciclo no son nada excepcional, sobre todo teniendo en cuenta las importantísimas mejoras introducidas para este ejercicio de 2019 gracias, básicamente, a las tres leyes presupuestarias complementarias aprobadas en febrero.

Pero esta recuperación del presupuesto en 2018 a niveles previos a la crisis, viene marcada por una composición muy diferente.

El peso de la RGI se duplicó con la crisis desde el 0,3 al 0,6, la salud absorbió un 0,4 adicional y la educación un 0,1 y los intereses de la deuda un 0,2 en términos de PIB.

¿Cómo se hizo entonces el ajuste? Pues sobre todo a través de los gastos de personal, que suponen más del 40% del total del presupuesto, y también de la inversión.

Todos los ajustes son discutibles, pero las leyes que se aprobaron para regular una situación económica tan grave de las finanzas públicas lo hicieron, en mi opinión, de una manera equilibrada, priorizando la protección de las personas y los servicios públicos fundamentales, en especial la salud, que debido al progreso tecnológico y al envejecimiento de la población demanda crecientes recursos.

Sí me gustaría aclarar que lo mismo que los ingresos que se perdieron con la crisis y, en gran parte, se sustituyeron por deuda no volverán, no es posible recuperar aquellos gastos en los que no se incurrió.

Quiero creer que vamos a ocuparnos en seguir construyendo el futuro, porque son muchas las tareas pendientes y grandes los esfuerzos que nos van a requerir los tiempos que se avecinan. Tenemos que mirar hacia adelante.

Y precisamente porque tenemos que mirar hacia adelante, hemos anunciado recientemente la reducción del endeudamiento del Gobierno Vasco, que se prevé alcance los 597 millones de euros al final de 2019. Con esta operación, la deuda del Gobierno Vasco y de las Sociedades Públicas (perímetro SEC), se situará en 9.444 millones de euros, lo que supone un 12,3% del PIB. La normativa de estabilidad presupuestaria permite a Euskadi endeudarse en 2019 hasta el 13,8%, por lo que las cuentas públicas vascas se encuentran aproximadamente 1.000 millones de euros por debajo de la deuda permitida. La previsión que hace el Gobierno Vasco para 2020, es poder rebajarla hasta los 9.291 millones de euros.

Euskadi se convierte así en la Comunidad menos endeudada del Estado, lo cual mejora sustancialmente la valoración de su solvencia por parte de las agencias de calificación y le permite un mejor acceso a los mercados en términos de coste y diversificación de inversores.

Esto ha sido posible debido a la estrategia de consolidación fiscal y adecuación del presupuesto a la coyuntura, defendida por el Gobierno Vasco desde el inicio de la legislatura, conscientes de que durante los años de la crisis ha sido necesario recurrir a más deuda, pero también de que es necesario ir saneando las cuentas públicas en épocas de mayores recursos.

Ahora contamos con recursos suficientes para ir cancelando la deuda y reducir nuestra hipoteca como País lo que representa una inversión a futuro porque mejora las posibilidades de respuesta ante posibles escenarios económicos más complicados.

Y es que los vientos en la economía mundial están rolando, por lo que los crecimientos alrededor del 3% de los últimos años, que nos han permitido crear empleo y ganar en productividad, van a dar paso a crecimientos que se quedarán en torno al 2%, en el mejor de los casos.

Y es que los riesgos a la baja en el crecimiento económico se van confirmando. Si el FMI realizaba el mes pasado una revisión a la baja en sus previsiones de crecimiento, este mes lo ha hecho la Comisión Europea que rebaja cuatro décimas el crecimiento de España para este año hasta situarlo en el 1,9% y otras cuatro décimas en el crecimiento para 2020 que ahora se prevé que sea del 1,5%.

Nuestras últimas previsiones para Euskadi, que se revisan con carácter trimestral, también apuntaron una bajada, de una décima en este caso, del 2,3% al 2,2% para 2019 manteniendo la previsión para 2020 en el 2%. Previsiones todas ellas avaladas por la AIREF que las considera prudentes.

Así, con el paréntesis del segundo trimestre del año, la desaceleración prosigue su curso. En ocasiones alimentada por las propias expectativas de los agentes que pueden acelerar con sus comportamientos los fenómenos económicos, consiguiendo que las profecías acaben por cumplirse. Así ha ocurrido por ejemplo con el consumo de las familias que se ha visto frenado en mayor medida de lo que los datos de empleo y aumento de salarios podían presagiar.

A este menor dinamismo de la demanda interior, también condicionada por la caída de la formación bruta de capital fijo, le acompaña un comportamiento frágil de la demanda exterior que actúa como vaso comunicante de los débiles crecimientos que registran nuestros socios comerciales y que se acaban trasladando a la economía vasca por la importancia de nuestro sector industrial y dada su mayor exposición a la economía mundial.

Las incertidumbres que rodean las amenazas arancelarias de Trump, que se van concretando tanto en países como en productos, y la forma bajo la cual se materialice el Brexit están condicionando el comercio mundial. Éste registra tasas de crecimiento interanual negativas desde el mes de diciembre de 2018. El último registro conocido, de julio pasado, arroja el peor dato desde entonces, con una caída del comercio mundial en tasa interanual del 4,6%. Una caída que en el caso de la UE-28 fue ese mes del 2,1%, siendo llamativa la caída del Reino Unido con un 11,3%. Por su parte, Estados Unidos registra tasas de crecimiento negativas desde el pasado mes de marzo, siendo la de julio de un -0,7%. Un dato que muestra cómo las medidas proteccionistas impuestas por la administración americana terminan por afectarles también.

Euskadi, que realiza el 0,16% de las exportaciones mundiales (algo más de 25.000 millones de euros en 2018), no es ajena a este contexto y desde el pasado mes de junio también registra tasas de variación interanual negativas. El último dato disponible, correspondiente al mes de agosto, recoge una caída del valor de las exportaciones de un 8,8%.

Los mercados de los productos vascos están muy concentrados en los países desarrollados y los dos mercados más expuestos a las incertidumbres como son Estados Unidos y Reino Unido, ocupan el tercer y cuarto puesto respectivamente en el ranking de destinos de nuestras exportaciones.

En este contexto, lo que tenemos que hacer es consolidar un crecimiento potencial que en nuestro caso ronda el 2% y que se componga de al menos un punto de productividad y deje otro punto para el empleo.

Para ello, a la apuesta de reducción de deuda para hacer frente a escenarios de crecimiento menos expansivo, le acompañan la apuesta por incrementar aquellas partidas que más recortes sufrieron por los ajustes como consecuencia de la crisis económica como son los gastos de personal, que suponen más del 40% del total del presupuesto y también la inversión pública. 

Dos medidas que, a diferencia de lo que la doctrina neoliberal argumenta, no expulsaría gasto privado. Bien al contrario, lo apalancaría. Y es que Euskadi no tiene un sector público comparativamente grande, bajo ninguno de los parámetros por los que se le quiera medir. Tiene más gasto por habitante porque tiene más renta por habitante, pero el ratio de los salarios del sector público en relación a los del conjunto de la economía es más bajo y ha evolucionado mejor que el ratio correspondiente a la economía española.

A la economía vasca, dada su productividad, le resulta menos onerosa relativamente la provisión de los servicios públicos, lo cual no deja de ser una buena noticia.

Por lo que respecta a los gastos de personal, insistimos en la necesidad de una recuperación salarial tanto por razones de equidad como para sostener el crecimiento ante el cese de los vientos de cola, que como he mencionado, ya se viene produciendo desde la segunda mitad de 2018.

Si en 2019 la apuesta por la recuperación salarial permitió incrementar el capítulo de personal en un 3,6%, el proyecto de presupuestos para 2020 aprobado el mes pasado consolida esos avances y crece el 2,9%.

Por lo que respecta a la inversión, su evolución, teniendo en cuenta las transferencias de capital y aumento de activos financieros, se incrementa en un 10,2%. Un dato significativo que podría ser aún más relevante como palanca de crecimiento económico y política contracíclica si se atendiese a la reciente valoración que el Consejo Fiscal Europeo ha realizado sobre las reglas fiscales de la Unión Europea y su propuesta por reforzar los incentivos a las inversiones con una nueva variante de la Regla de Oro que pueda estimular el crecimiento aprovechando además el escenario de bajos tipos de interés.

Desde el Gobierno Vasco nos sumamos a esa propuesta de flexibilizar el marco de estabilidad para favorecer las inversiones, yendo más allá del estrecho campo de las inversiones financieras sostenibles, que no obstante como saben hemos aprovechado a fondo estos dos últimos años con paquetes de 54M€ y de 98M€ en 2018 y 2019, respectivamente.

Coincidimos en que la arquitectura del Pacto de Estabilidad y Crecimiento ha resultado complicada por basarse en magnitudes no observables directamente, lo que propicia interminables discusiones, y lo que es peor, en que ha funcionado de manera procíclica, por lo que necesita una profunda revisión.

Con la legitimidad que asiste a quien ha cumplido siempre los acuerdos de estabilidad, abogamos por una simplificación y una flexibilización que facilite el papel estabilizador de las finanzas públicas.

Unas finanzas públicas cuyo análisis ha sido postergado respecto a la estabilidad presupuestaria y la sostenibilidad financiera, pero que adquiere una relevancia creciente para facilitar la labor de toma de decisiones en la definición de prioridades de asignación presupuestaria, ahondando de esta manera en los ejercicios singulares de evaluación y spending reviews que se han llevado a cabo en algunas áreas.

Con esta experiencia previa, lo que procede ahora es diseñar un sistema completo que regule la entrada y la salida de las consignaciones presupuestarias y las reformas en las políticas públicas mediante la implantación de un sistema de evaluación de las mismas ex post y ex ante. La calidad de las finanzas públicas cobra sin duda alguna más importancia ante la insoslayable revisión de todo el marco de estabilidad que emana de las autoridades europeas.

Desde la perspectiva de los ingresos, en Euskadi tenemos capacidad de regulación de la imposición directa. Acabamos de dar pasos para contar con un Impuesto de Sociedades que hace a nuestras empresas altamente competitivas, como lo muestra el que nuestra presión fiscal está en el rango más bajo de Europa (1,4% del PIB en 2017).

No voy a cuestionar ni a prejuzgar lo que vaya a suceder en la fiscalidad en el futuro. En 2020 nos corresponde realizar una revisión de los resultados de la reforma que entró en vigor en 2018. Veremos entonces las decisiones a tomar.

Como les decía, por nuestra parte, por parte de las Instituciones debemos realizar todos los esfuerzos para prestar los servicios públicos con la mayor eficiencia y eficacia.

La evaluación de políticas y la reasignación de los recursos, así como la colaboración entre instituciones (Gobierno Vasco, Diputaciones Forales y Ayuntamientos) y con los agentes económicos y sociales, será imprescindible para hacer mejor las cosas. No podemos demorarnos más. Tenemos que ponernos manos a la obra ya.

Ahora bien, si queremos pasar de las musas al teatro, si queremos ponerle letra a la música que les he comentado, si decidimos abordar los retos de futuro a los que me he referido, habrá que diagnosticarlos, buscar los consensos necesarios y cuantificarlos para determinar, a su vez, las necesidades de financiación. Subir o bajar impuestos no puede realizarse al margen de estas decisiones estratégicas de país.

Para mí todo esto lo que sugiere es una llamada a la humildad, a la honestidad y a la responsabilidad.

 

 

Eskerrik asko

Un comentario
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  • @GlaciarBlue
    20 de noviembre de 2019

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(XI legislatura 2016 - 2020)