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Alberto Alberdi, Viceconsejero de Economía, Finanzas y Presupuestos, inaugura la "Jornada sobre Banca, Rentabilidad y Normalización Monetaria"

5 de octubre de 2018

Desde el Departamento de Hacienda y Economía estamos muy agradecidos a Deusto Business Alumni y a la Universidad por la  actividad que desarrollan de impulso a los foros de debate y reflexión sobre finanzas y economía. En esta ocasión hago extensivo el agradecimiento a KPMG en la figura de su Presidente, así como al Gobernador del Banco de España y al Presidente de Kutxabank por su participación en este acto.

Nos parece muy importante para Euskadi y para su plaza financiera esta convergencia de esfuerzos de diversas entidades, Universidad, Consultoría, Banca, Instituciones; y por ello nos sumamos regularmente a ellas con el máximo compromiso. Aunque hoy no ha podido asistir el Consejero Pedro Azpiazu, reclamado a última hora por la sesión de control del Parlamento vasco; y por ello me corresponde a mí expresar nuestro agradecimiento en nombre del Gobierno.

Las personas y muy en especial los economistas buscamos en la regularidad y en la repetición un mecanismo para afrontar la incertidumbre. Por eso hablamos siempre de ciclos y especulamos con la reversión a la media de tales o cuales ratios.

Sin embargo, los ciclos son en el fondo un espejismo, porque la economía es parte de la historia y la flecha del tiempo tiene sólo una dirección.

A pesar de la insistencia de Paul Samuelson en el supuesto de ergodicidad, como requisito de la ciencia, idea tomada de una analogía con la mecánica, hoy estamos convencidos de que el mundo no es ergódico, que no se caracteriza por la repetición sino por la evolución. Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de la dependencia de la senda y efectivamente como reconocía el premio Nobel es lo que expresa la Biblia cuando dice “pasamos por aquí sólo una vez”. 

Yo creo que si alguien tiene dudas no tiene más que mirar al entorno actual tras la reciente Gran Crisis Financiera o Gran Recesión, a la imparable concentración empresarial, al creciente papel de la banca en la sombra, a los enormes volúmenes de deuda pública y privada y al insólito y agresivo papel de lo que se ha dado en llamar política monetaria no convencional.

La historia suena pero no se repite, podemos aprender del pasado pero hasta cierto punto. Precisamente porque pasamos por aquí solo una vez, asistimos con gran inquietud a ese proceso de normalización monetaria cuyo debate nos congrega hoy aquí.

Con razón dice el Banco Internacional de Pagos (BIS) que el camino de la normalización es estrecho y que los bancos centrales deben observar un equilibrio delicado. Ir muy despacio puede suponer un riesgo de recalentamiento y de inestabilidad financiera, mientras que ir demasiado deprisa puede comprometer el crecimiento en un contexto en el que los volúmenes de deuda han seguido creciendo y en el que las valoraciones de los activos son elevadas en muchos mercados.

Y no se trata sólo de las condiciones financieras porque si estas son diferentemente nuevas es porque las condiciones reales también lo son. El crecimiento de la era de la información y las redes no alcanza, se mire por donde se mire, los registros de productividad que caracterizaron a la era de la energía y las máquinas; la demografía ha cambiado completamente y hablamos incluso de estancamiento secular porque no estamos seguros de que pueda existir un nivel de tasas de interés que garantice una inversión suficiente.

No estamos seguros de eso y no estamos seguros de qué nivel de tasas de interés, qué curva de rendimiento se precisa para hacer viable la actual estructura de endeudamiento de empresas, familias y gobiernos.

Las advertencias sobre la deuda no cesan y creo que hasta comienzan a inquietar a la opinión pública. La directora del FMI recordaba el pasado día 1 que la deuda mundial ascienda ahora a 182 billones de dólares lo que representa un crecimiento del 60% sobre el nivel de 2007 previo a la crisis. 

Luego está el Banco Internacional de Pagos (BIS) que insiste más que nadie en que la pasada crisis se caracterizó por la superposición de un ciclo financiero y un ciclo real y en que hay que prestar atención a los indicadores básicos de ese ciclo financiero, en particular al volumen de crédito sobre el PIB y al peso del servicio de la deuda. Pues bien, en su último informe nos dice que la deuda representa el 217% del PIB (269 en los países avanzados y 176 en los emergentes) frente al 179% en 2007 (233 en los avanzados y 113 en los emergentes) y advierte de que:

“hay un continuo deterioro en el balance de las empresas no financieras en Estados Unidos, el Reino Unido, y en menor medida en Francia y en otros países europeos. El deterioro es evidente por el constante incremento del apalancamiento,  la significativa caída de los ratios de cobertura del interés y por el descenso del porcentaje de empresas calificadas A o más”.

En fechas recientes el Presidente del Banco Central Europeo, su economista jefe y el gobernador del Banco de Francia han llamado la atención sobre el tamaño y el apalancamiento del sector financiero no bancario y sobre el hecho de que el mismo ha sido olvidado mientras el sector bancario se ha fortalecido.     

Lo curioso es que en la Financial Stability Review de noviembre del año pasado el Banco Central Europeo calificaba de potencial el riesgo de liquidez del sector financiero no bancario y sus posibles efectos de desbordamiento, situándolo en la parte baja de una escala que contempla también un riesgo medio  y uno pronunciado. Y en la revisión del pasado mayo solo se pone énfasis en este aspecto como parte de un escenario de turbulencias en el sistema financiero que no amenazarían gravemente las posiciones de capital de la banca. 

Por su parte, el Financial Stability Board que viene monitorizando para el G 20 el sector financiero no bancario y en particular la versión estrecha del mismo que es lo que se conoce como banca en la sombra, nos informa de que la misma creció un 7,6% hasta alcanzar los 45 billones y representar un 13% de los activos financieros globales.

Y también de que en algunas jurisdicciones se observa un alto apalancamiento y una transformación de liquidez y plazos. Sabemos que la transformación de posiciones líquidas en activos estructurados que luego resultaron ser tóxicos, tuvo un papel importante en la crisis, por lo que parece que este mundo precisa de una mayor supervisión.

Pero bueno, yo solo quería señalar esos rasgos del contexto que son objeto de preocupación, consciente por otra parte de que los riesgos mayores suelen venir de factores no identificados o insuficientemente identificados; porque ahora debo referirme brevemente a cómo vemos el panorama desde la perspectiva de la economía vasca.

Desde el Gobierno hemos venido lanzando tres mensajes principales sobre nuestra economía.

El primero que tenemos un modelo equilibrado de crecimiento tanto desde el punto de vista sectorial como de la demanda, en el que empuja la demanda interior con buen comportamiento de la inversión en bienes de equipo,  pero no se genera déficit exterior.

El segundo, que se precisaba una recuperación salarial, que era razonable por razones de equidad, porque la productividad crecía cerca del 1%, y porque alimentaría el crecimiento cuando cedieran los vientos de cola. Por fin parece que las cosas se mueven en esa dirección: los costes salariales han crecido el 1,6% en el primer semestre frente a un 0,5% el año pasado, y los salarios pactados en los convenios este año contemplan aumentos del 2,3% mientras que el conjunto de los vigentes es del 2%.

El tercero de los mensajes tiene que ver precisamente con el control del endeudamiento. La economía vasca también participó de la ola de financiarización que desencadenó la crisis, ya que el peso del crédito sobre el PIB se dobló desde el 64% en 1995 hasta el 128% en 2010. Desde entonces se ha producido una reducción hasta situarse en el 96%, y de acuerdo con las cuentas patrimoniales de Eustat sabemos que ha tenido lugar un desapalancamiento importante en las empresas que han reducido el peso del endeudamiento en su balance en diez puntos entre 2009 y 2015.

A pesar de haber crecido durante tres años a tasas cercanas al 3% hemos reducido considerablemente la deuda y por lo tanto estamos mejor preparados para soportar una eventual elevación de tipos de interés.

Como elemento de cierre de esos mensajes, hemos insistido precisamente en que la economía vasca ha venido creciendo por encima de su potencial, que estimamos está entre el 2% y el 2,5%.

Y ello tiene importantes consecuencias para el sector público, a las que me quiero referir a continuación. En un contexto así es preciso avanzar en la consolidación fiscal para ganar margen de maniobra para el futuro. Y así lo hemos venido haciendo: en 2017 una vez eliminado el efecto irregular de los Acuerdos sobre el Concierto, cerramos con un déficit del 0,1% del PIB y con 300 millones menos de emisión de deuda, que se situó en el 14,1% del PIB a final  de año, muy por debajo del límite del 14,7 pactado con el Estado. Este año queremos aprovechar la coyuntura favorable para consolidar ese logro y nos hemos fijado el difícil objetivo de cerrar sin déficit, a pesar de que el presupuesto inicial contemplaba un 0,4% del PIB. Nos acercamos ya al objetivo del 13% de deuda que es la parte de la horquilla europea del 60% reservada a las Comunidades Autónomas, cuando los mismos valores son del 24,7% y del 98% en el conjunto del estado.

Finalmente, para 2019 el Gobierno va a plantear un presupuesto ambicioso que preservará la consolidación fiscal, pero que al mismo tiempo impulsará aún más decididamente los factores que pueden elevar el crecimiento potencial de la economía: continuidad del compromiso con la innovación con la elevación de un 5% del gasto,  crecimiento de la inversión pública por encima del 7%  y mejora del capital humano con un refuerzo importante de la educación serán algunos de los elementos centrales.     

Y como tengo que ir terminando, quiero hacerlo volviendo al argumento con el que empezaba haciéndome eco de una cita del misionero cuáquero Stephen Grellet inspirada en la biblia:

“Pasaré por este mundo una sola vez. Por lo tanto, cualquier bien que pueda hacer o cualquier bondad que pueda mostrar a cualquier ser humano, déjadme hacerlo ahora. No dejéis que lo aplace ni lo descuide, porque no volveré a pasar por este camino”.

Es una invitación a hacer el bien a la que yo quiero añadir una invitación a hacer bien lo que tenemos que hacer. Porque no volveremos a pasar por este camino yo espero también que todas las fuerzas políticas arrimen el hombro para avanzar.

Eskerrik asko.

 

 

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