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¿Una época de cambio o un cambio de época?. Artículo de Opinión

18 de junio de 2010

El Consejero de Economía y Hacienda ha publicado en diversos medios de comunicación un artículo en el que  reclama «una reflexión sobre nuestro sistema tributario, que en la actualidad no es capaz de proporcionar los recursos suficientes para garantizar el futuro de los servicios y prestaciones de nuestro Estado de Bienestar»


¿Una época de cambio o un cambio de época?

 

Nos ha tocado vivir una época marcada por los vertiginosos cambios en todos los órdenes de la vida: científicos, tecnológicos, económicos y sociales. Durante los últimos años del siglo pasado y estos primeros del XXI estamos asistiendo a continuos avances que están modificando de forma definitiva nuestra forma de trabajar, de relacionarnos y de interactuar con nuestro entorno. Unos tiempos en los que la globalización y los avances tecnológicos parecía que nos situaban definitivamente en una senda de desarrollo y de bienestar sin límites.

Pero la economía es una ciencia ciertamente compleja, y por lo visto impredecible. Hace apenas tres años nadie podía imaginar lo que está ocurriendo. El crédito fluía en el mundo de una forma exorbitante y el sistema financiero tenía una preeminencia absoluta en nuestra economía y, al final, en nuestras vidas. Por eso cuando explotó la burbuja financiera todos los gobiernos del mundo hicieron grandes esfuerzos para sostener el sistema financiero, dotándolo de recursos para evitar su colapso e impedir que la economía y las empresas quedaran estranguladas por falta de liquidez. Ante aquella situación todos estuvimos de acuerdo en salvar el sistema financiero, utilizando para ello recursos públicos, y además en activar mecanismos para estimular la economía y evitar una recesión duradera. Dos decisiones con un coste económico extraordinario que en gran medida fue financiado con endeudamiento.

Iniciamos 2010 con la crisis financiera encauzada, al menos eso parecía, una economía saliendo de la recesión, y unos acuerdos europeos de consolidación presupuestaria para estabilizar las cuentas públicas. Sin embargo, a principios de año se desató la tercera crisis: la fiscal. El mecanismo financiero de actuación conjunta activado (750.000 millones de euros) ha tenido como contraprestación el compromiso de reducción del déficit por parte de los países de la eurozona. Todos los países europeos sin excepción han procedido a realizar ajustes en sus cuentas públicas. A España, dentro de este contexto, le ha correspondido un nuevo esfuerzo, adicional al ya pactado anteriormente, por valor 15.000 millones de euros, al que debemos contribuir también las comunidades autónomas y las corporaciones locales, que dentro de nuestro sistema competencial somos los encargados de gestionar los grandes servicios públicos.

En el ámbito del País Vasco la situación, aun siendo comparativamente mejor, también precisa de medidas para reducir el déficit y alcanzar una senda de estabilidad presupuestaria compatible con el crecimiento económico y la creación de empleo. Nosotros no vivimos en una luna de Júpiter donde nada de lo que ocurre nos influye. Al contrario, somos una economía extraordinariamente abierta y condicionada por nuestro entorno. Durante 2009 sufrimos una importante caída de nuestros ingresos fiscales que provocó un déficit presupuestario como no conocíamos. Un déficit que tenemos que corregir para garantizar la sostenibilidad en el tiempo de nuestros servicios públicos, pero también para dotar de credibilidad a nuestras finanzas públicas ante los mercados de capitales.

El Gobierno Vasco está totalmente comprometido con sus acuerdos de reequilibrio y estabilidad presupuestaria. Nuestro presupuesto, fundamentalmente prestador de servicios esenciales (sanidad, educación, seguridad ciudadana, justicia, asistencia social.), tiene una gran carga de gasto de personal, el 42% del total de gastos y el 50% de los gastos corrientes. Por eso cualquier medida de reequilibrio pasa por un ajuste en las nóminas de los trabajadores que dependen directa o indirectamente del sector público a través de subvenciones, transferencias y contrataciones.

Pero el equilibrio fiscal no sólo se consigue por la vía de los gastos, sino que también debe producirse un ajuste en ingresos. Entre 2007 y 2009 la recaudación bajó un 21,6%, 4,4 puntos de PIB o 2.980 millones de euros. Ahí se encuentra la explicación de nuestro déficit y la necesidad de adoptar medidas drásticas en los gastos, pero también en los ingresos, y ello significa iniciar una reflexión sobre nuestro sistema tributario, un sistema que en la actualidad no es capaz de proporcionar los recursos suficientes para garantizar el futuro de los servicios y prestaciones de nuestro Estado de Bienestar.
Estamos en un momento caracterizado por los cambios. Unos cambios de tal magnitud que ponen en cuestión el papel y la influencia de la vieja Europa en el contexto económico, político y social mundial. Un mundo donde nuevas y poderosas economías emergen con una fuerza extraordinaria y van a marcar el devenir de los próximos años, puede que décadas. En este contexto lo que a nosotros, los ciudadanos europeos, nos toca es preservar nuestro modelo social, un modelo que, con sus luces y sombras, sus réditos e ineficiencias, es el más avanzado, justo y solidario que probablemente haya habido en la historia de la Humanidad.

La prioridad para los próximos años es el crecimiento. Un crecimiento inteligente, competitivo, sostenible e integrador, basado en la corresponsabilidad, en no esperar que todo lo haga el sistema, en constituirnos en sujetos activos con nuestros derechos, pero también con nuestras obligaciones. Debemos enfrentarnos colectivamente al reto inmediato de la recuperación.

Las cifras nos presentan un escenario complicado pero el compromiso por parte de todos para superar esta situación es más firme y decidido que nunca. El Gobierno Vasco trabaja para que la salida sea lo más rápida posible, pero nos preocupa no sólo salir pronto, sino también hacerlo sin tener que sacrificar las conquistas sociales que tanto esfuerzo nos han costado. Éste es el trasfondo que explica y justifica todas las políticas que se están adoptando en los últimos meses.

 

 

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