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Congreso HTAi Bilbao 2012 (martes): problemas y soluciones para la desinversión sanitaria

26 de junio de 2012

“La desinversión sanitaria puede ser un impulso para la inversión”. 
“La desinversión no se refiere sólo a la tecnología sino también a equipos o recursos humanos sin valor efectivo. Hay que hacer lo mejor de la mejor manera posible”. Se ha desarrollado esta mañana en el Palacio Euskalduna la segunda jornada del HTAi Annual Meeting con el debate titulado “HTA, trazando el mapa de la inversión a la desinversión”. En el mismo participaron el Doctor Adam Elshaug, investigador en servicios y políticas de salud de la Universidad de Hardvard; Chris Henshall, Presidente del Foro de Políticas Sanitarias del HTAi, la Doctora Jackie Street, profesora titular de la escuela de Salud Pública y práctica Clínica de la Universidad de Adelaida; y el Doctor Josep Ma Piqué, Gerente del Hospital Clínico de Barcelona. Presidía la sesión, Iñaki Gutiérrez Ibarluzea, gestor del conocimiento de Osteba (Gobierno Vasco), secretario de la sociedad de la HTAi.

Abrió la sesión Iñaki Gutiérrez Ibarluzea para explicar la dificultad del término desinversión en lo que se refiere a tecnologías sanitarias. “Es difícil decir que sí pero más decir que no”, indicó, y dio pie a los cuatro ángulos que permitirían entender hasta qué punto la desinversión puede ser un enfoque para una inversión posterior.

El australiano Adam Elshaug habló de que algunos programas de desinversión se remontan en a los años setenta y muestran que es muy difícil cambiar, y que en muchos casos ha resultado un fracaso, “como quitar un juguete a un niño. Hablamos de cuestiones de seguridad, eficacia, pero también de valor”. Porque a pesar de la crisis es necesario que la sanidad tenga “un margen de maniobra y que se siga invirtiendo en sanidad. Nunca hay suficiente para satisfacer a todos”.

Elshaug señaló que es necesario “una voluntad política y clínica para seleccionar unos programas u otros. Los requisitos de la evidencia para quitar tienen que ser más fuertes que los de dar”, dijo, y mostró cómo las fórmulas varían en unos u otros países: “unos identifican la desinversión en los servicios individuales, otros en la especialización, la tecnología o en valores de coste económico”. Y puso el ejemplo del estudio Nicely iniciado en 2005 para la prevención de la endocarditis o el estudio Xigris en el tratamiento de severas enfermedades que llevó a retirar varios fármacos del mercado. En Australia se introdujo en 2009 un sistema integral, Medicare que ha servido para revisar individualmente varios de los productos, y revisar asimismo el gasto y la efectividad de los fármacos. Planteó casos sobre la vertebroplastia aplicados en Estados Unidos, Canadá y Australia “que mostraron que la efectividad era inferior al gasto”. En Noruega, por ejemplo, sus tasas de cirugía eran muy superiores a las de otros países, “así que llevaron a cabo un HTA y lograron una reducción de un 40%. Se dieron cuenta de que la cirugía era sobreutilizada”. Planteó igualmente el estudio que se ha llevado a cabo desde Osteba para una reducción efectiva del número de recetas en Bizkaia y Gipuzkoa, y la retirada completa de la vertebroplastia en Francia.

La doctora Jackie Street puso el acento en la importancia que tendrían que tener los pacientes en todo el proceso sanitario. “Es importante establecer los objetivos y escuchar la voz del paciente en la desinversión. Si queremos mejorar nuestra política tenemos que conseguir la participación del paciente, incluso aunque los voluntarios sean escasos. Hay que aprovechar adecuadamente su tiempo”. Street explicó que el de nivel de desinversión puede ser completo, parcial o traer consigo algún tipo de ajuste. Y puso varios casos que explicaban en Australia estos procesos de desinversión. En el primero, liderado por Janet Hiller y Adam Elshaug, se analizó la financiación pública de la reproducción asistida, con un alto nivel de ayuda en muchos casos. O el alto coste del tratamiento de ecografía orbital en las operaciones de cataratas. En muchos de esos casos, el paciente contribuyó con sus opiniones en los procesos de desinversión. Para Street, las voces del paciente “servirían por ejemplo para contribuir algunos intereses médicos ocultos”. Estas voces podrían llevarse a cabo a través de encuestas, experimentos, métodos deliberativos, foros, jurados de ciudadanos, etc. Pero en cualquiera de los casos, “hay que calcular el coste respecto a los beneficios. Ningún método funcionará correctamente si no existe el interés público.

No funcionará ningún método correctamente si no existe el interés público. Hay que tener en cuenta el tiempo, el dinero y la calidad de la participación tanto del público como del paciente”.

Por su parte, Josep Ma Piqué, basó toda su intervención en la reducción de costes que se logró en el Hospital Clínico de Barcelona, con la introducción de una unidad HTA. Se organizó un departamento de innovación “para promover la transferencia de conocimientos con un valor productivo, ya que algunas veces se hacían revisiones rutinarias sin valor. Gracias a este abordaje se pudo ahorrar parte del dinero, rechazar algunos proyectos sometidos a análisis”. Para Piqué “la desinversión no se refiere sólo a la tecnología sino también a equipos o recursos humanos sin valor efectivo. Hay que hacer lo mejor de la mejor manera posible”. La reducción de costes obliga a buscar soluciones a través de medidas de eficiencia, recorte de actividad o recorte salarial. “Si impulsamos la primera, evitaremos reducir las otras dos. Nada de lo que sucede en el hospital deja de tener influencia en el resto de la comunidad, por lo que era necesario ahorrar en recetas, en el coste de los productos farmacéuticos e implicar a los profesionales en el análisis de las necesidades reales de las pruebas o test de laboratorios”. Piqué mostró cómo las urgencias hospitalarias estaban muy sobrecargadas y cómo se logró aumentar la atención primaria para reducir la hospitalización en urgencias. O cómo en la atención terciaria se implantó una mejor organización y recursos humanos para lograr mejores resultados. “El dinero ahorrado se puede utilizar en introducir nuevas tecnologías. La industria nos está intentando vender productos tecnológicos de muy corto alcance; habría que lograr que la industria cambiara de paradigma para lograr productos de largo alcance”.

Finalmente, Chris Henshall, Presidente fundador de HTAi, subrayó la importancia de la desinversión y la revalorización de la tecnología especialmente en tiempos de crisis como el que estamos viviendo. “La desinversión puede ser importante tanto para lo público, con el ahorro de costes, como para lo privado: desinvertir en determinados productos puede llevar a invertir en otros”: También indicó, que la recesión financiera comienza a tener efecto en el gasto sanitario, “pero las expectativas del público siguen siendo las mismas porque con menos dinero reclaman más”. Por ello es vital tener claros los procesos de optimación de los recursos, un elemento que hace “que el término desinversión no siempre sea útil. Si hablas de no usar algo dilo; si estás preparado para gastar o reducir el gasto inadecuado quizás el término desinversión no sea el más adecuado: Además, a veces la desinversión en tiempos de crisis se hace de manera precipitada. Por ello, los organismos HTA servirían para asumir un papel correcto en los procesos de desinversión. Tenemos el deber de hacer todo lo posible para la mejora de las tecnologías sanitarias. El sistema siempre se resistirá al cambio, por lo que se ha de contar con las evidencias adecuadas para el proceso de desinversión”.

Quizás por ello, Iñaki Gutiérrez Ibarluzea planteó modificar el término de desinversión por el de “reingeniería”.

Tras acabar la sesión, se otorgó el premio a David Banta, como uno de los impulsores de la Sociedad Internacional del HTA.

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