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Lo que se esconde detrás de la AGENDA 2030

By Jer
2022 July 18
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El 13 de junio de 2019 se firmó el Acuerdo de Asociación Estratégica para la implementación de la agenda 2030 (ODS) entre Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas y el presidente del Foro Económico Mundial, Borge Brende.

Si se analiza ese memorándum no se ve quién autorizó la decisión de convertir a las Naciones Unidas en un organismo de múltiples partes interesadas. ¿Por qué se le otorga a una entidad comercial un acceso privilegiado a una institución mundial que solo debería responder ante los Estados-nación? ¿A quién representa el Foro Económico Mundial más allá de sus múltiples socios multimillonarios? Este acuerdo no solo eleva la participación de múltiples partes interesadas como solución a los problemas del actual sistema multilateral; ni siquiera solicitó la aprobación o la supervisión intergubernamental de los propios Estados Miembros de las Naciones Unidas.

En agosto de 2021, bajo el título “La ONU se convierte en socio de los multimillonarios verdes del Foro Económico Mundial de Davos”, se publicó un artículo en la revista Executive Intelligence Review que me llamó la atención por la claridad con la que se exponía lo que hay en juego tras la #Agenda 2030.

Decía así:

“La “asociación público-privada” del aparato de las Naciones Unidas y el motor global del Green New Deal conocido como el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en Davos, Suiza, va mucho más allá del obvio extremismo climático del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres. Ya desde 2019 existe una “asociación” formal de los multimillonarios verdes del WEF y la burocracia de las Naciones Unidas.

Este acuerdo formal de 2019 se denomina Acuerdo de Asociación Estratégica de las Naciones Unidas y el Foro Económico Mundial para la implementación de la Agenda 2030, publicado por el WEF. Por citar sólo un párrafo del mismo:

“2. Cambio Climático: La asociación del Foro de las Naciones Unidas se centrará en lograr compromisos claros, medibles y públicos del sector privado para alcanzar la neutralidad de carbono para 2050.... La colaboración buscará... acelerar los compromisos y las plataformas para la cooperación público-privada en condiciones críticas - sectores emisores como el transporte, incluido el transporte terrestre, el transporte marítimo y aéreo, y la industria pesada, en particular el acero, el cemento, el petróleo y el gas y el aluminio, a fin de impulsar las transformaciones económicas necesarias para limitar el aumento de la temperatura global a no más de 1,5°C.”

Esto se refiere al anuncio del WEF en su cumbre en 2020, de la intención de utilizar la "tarificación del carbono" y los impuestos al carbono para reducir la actividad económica de las industrias mencionadas anteriormente. De hecho, el documento "Partnership" dice: "La asociación del Foro de la ONU se centrará en alinear los sistemas financieros y acelerar los flujos financieros hacia la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible". Los multimillonarios que impulsan la agenda verde y los administradores de fondos gigantes como BlackRock o Vanguard llaman a esto “cambiando billones”, es decir, cortando la inversión para forzar el abandono de las tecnologías intensivas en carbono de las que depende la industria moderna, para que inviertan en nuevas tecnologías.”

Hay que recordar que, si se analiza el documento de la Agenda 2030, el lenguaje usado es lo suficientemente ambiguo como para prestarlo a la interpretación de quien esté a cargo de su aplicación. Pero sus intenciones son nítidas y corresponden a la realidad del caos que estamos viviendo actualmente. Vemos que es una dictadura total sobre todos nosotros, sobre nuestras vidas y nuestros gobiernos. Si ellos pueden controlar la economía, ¿cómo afecta eso a nuestro negocio? Si pueden controlar las tierras de cultivo y todo lo demás como justificación para alimentar al mundo para eliminar la pobreza, según dicen ellos, … esto es una tarea imposible.

En el documento hay brillantes generalidades para hacer creer a la gente que, si se entrega todo el poder a las Naciones Unidas y a la Agenda 2030, todo irá bien. Pero no, la Agenda 2030 es una trampa.

A la vista del juego que se traen entre manos estos actores internacionales, el Gobierno Vasco debería velar por preservar el tejido productivo vasco en un momento sumamente complejo para las empresas. No debería dejarse llevar por las ideas impuestas por esos organismos. No es el momento de que las haciendas vascas aumenten los impuestos con la excusa de la agenda verde. Y mucho menos que incrementen el IRPF a los trabajadores vascos de forma sorpresiva, permitiendo que las haciendas ingresen 527 millones más en seis meses.

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